
Poco después de que Rafa Nadal pusiera fin a su carrera como tenista profesional publicó una carta en The Player Tribune. La Copa Davis de 2024 fue su último torneo, el que puso punto y final a una larga trayectoria marcada por el éxito y los títulos (22 Grand Slam, nada menos). Todo lo aprendido en esos años le sirvió para escribir una carta donde reflexionaba sobre la vulnerabilidad de los tenistas y los deportistas en general.
En la misiva titulada El regalo y publicada en The Players Tribune, reconoció que la imagen que proyectó durante buena parte de su trayectoria no siempre coincidía con sus sensaciones reales. La tensión antes de competir, según explica, nunca desapareció. Ni siquiera cuando ya acumulaba una enorme experiencia en el circuito. Para Nadal, la posibilidad de perder estaba presente antes de cada partido y esa incertidumbre era precisamente una de las características de la competición.
PUBLICIDAD
“Sinceramente, estaba nervioso antes de cada partido, eso nunca te abandona. Todas las noches antes de un partido, me acostaba sintiendo que podía perder (¡también al despertarme por la mañana!). En el tenis, las diferencias entre jugadores son muy ajustadas y entre rivales aún más. Cuando sales a la pista, puede pasar cualquier cosa, por tanto, todos tus sentidos deben estar bien alerta”, explicó. El español describió también las sensaciones que acompañaban a esos instantes previos al comienzo. “Esa sensación de fuego interior, los nervios, la adrenalina de salir y ver una pista llena, es una sensación muy difícil de describir”. Para Nadal, se trata de una experiencia que no resulta sencilla de comprender desde fuera: “Es una sensación que solo unos pocos pueden entender”.

Aunque ya no compite profesionalmente, Nadal sabe que todavía puede experimentar parte de esas emociones. “Todavía habrá esos momentos jugando exhibiciones y quizás en otros deportes. Siempre competiré y trataré de dar lo mejor que pueda, pero no será la misma sensación que caminar delante de los aficionados en cualquier pista”. Su testimonio adquiere especial relevancia cuando aborda los momentos en los que no consiguió controlar por completo sus emociones. El tenista asegura que estuvo acostumbrado al dolor físico, pero hubo ocasiones en las que el problema apareció en otro terreno y terminó afectando a su juego.
PUBLICIDAD
Nadal y las emociones dentro de la pista
“El dolor físico era algo a lo que estaba muy acostumbrado, pero hubo momentos en la pista en que tenía problemas para controlar la respiración y no podía jugar a mi mejor nivel. No tengo problema en admitirlo ahora”, señala. Nadal insiste en que esa vulnerabilidad no es incompatible con la imagen de un deportista de élite. El trofeo, el éxito y el reconocimiento no convierten a quien los consigue en alguien ajeno a las emociones humanas.
“Después de todo, somos seres humanos, no superhéroes. El jugador que ves en el centro de la pista con un trofeo es una persona; agotada, aliviada, feliz, agradecida, pero sólo una persona”, afirma. También recuerda que los problemas para controlar la mente forman parte de la experiencia de muchos jugadores: “Afortunadamente, no llegué al punto de no poder controlar cosas como la ansiedad, pero todos los jugadores pasan por momentos de dificultad para controlar la mente y cuando eso sucede, es difícil tener el control total de tu juego”.
PUBLICIDAD
La derrota ocupa otro espacio importante en su reflexión. Nadal recuerda una realidad inevitable para cualquier tenista: la mayoría de las semanas terminan sin levantar un trofeo. “La mayoría de las veces no ganas el torneo en el que participas. No importa quién seas, al final de muchas semanas, has perdido”. Su manera de afrontar esa realidad también ha sido una cuestión de equilibrio. “Aprendes a vivir con los momentos de alegría y los momentos de dolor, y tratas de tratarlos de la misma manera. En los momentos buenos nunca pensé que era Superman, y en los momentos malos, nunca pensé que fuera un fracaso”.
Después de repasar los consejos recibidos de su familia, especialmente de su padre, Nadal explica también desde qué lugar afrontó a sus rivales. Nunca, asegura, desde el odio, sino desde “un profundo respeto y admiración”. “Simplemente intentaba despertarme cada mañana y mejorar un poco para poder seguirles el ritmo. ¡No siempre funcionaba! Pero lo intentaba... Siempre lo intentaba”. Una actitud que resume, según sus propias palabras, más de tres décadas dedicadas al tenis: “Durante más de 30 años he dado todo lo que he podido a este deporte. A cambio, recibí alegría y felicidad. Alegría y felicidad, amor y amistad, y mucho más”.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Jiri Lehecka, el rival de Alcaraz en la final de Tokio: atleta multidisciplinar y verdugo de Nadal en su último partido en Madrid
La última vez que se enfrentaron el tenista checo y el español fue en el US Open 2025
Santi Denia, el alumno de Luis de la Fuente, señala al jugador que está al mismo nivel que Lamine Yamal: también juega en el FC Barcelona
El seleccionador de República Checa se enfrentará a Inglaterra este martes

El parón de selecciones, entre la “bomba de oxígeno” y la “fatiga acumulada”: cómo afecta a los futbolistas y clubes de LaLiga
Puede servir para recuperar confianza y físico, pero también perder ritmo, acumular minutos y alterar la dinámica de los equipos
Gemma Arenas, la estrella española de la ultradistancia y bronce en los Mundiales de 100 km: “La carrera fue muy dura, fue un infierno que pagamos todos”
La atleta española atiende a ‘Infobae’ semanas después de colgarse el bronce en el Mundial de 100 km para hablar de sus inicios en el mundo del ‘running’, de como se gestiona y entrena una carrera así y de la recuperación de después



