Servicios mínimos, pero eficientes en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid se mantiene en lo alto de LaLiga y mantiene intacta su distancia de seguridad con Girona y Barcelona tras los goles de Vinicius -ángel y diablo-, dos autogoles vigueses y el broche de Arda Güler. Mención especial debe tener en estas líneas Antonio Rüdiger. No aparece en la lista de goleadores, pero suyo fueron los dos primeros descorchados. Provocó el primero, anotado por Vini tras la parada de Guaita a su cabezazo, y el segundo, que se metió en propia el portero olívico tras otro remate del alemán. El Celta fue lo que la clasificación dice, un ramillete de apuros e imprecisiones.
El Madrid jugó medio partido y con eso le bastó. Al Bernabéu, en cambio, que venía de poner una reclamación en el partido ante el Leipzig, no tanto. Ancelotti sentó a Carvajal, Kroos y Tchouaméni, además de asumir la ausencia por sanción de Bellingham, e introdujo a Lucas, Modric, Brahim y Rodrygo, suplentes todos en Champions. Aire fresco, pero sin revolución. El equilibrio que se necesitaba dadas las alturas de la temporada. Se mantuvo Vinicius, de nuevo moviéndose en el fino alambre entre lo que ocurre con y sin balón.
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Flujo circular entre Benítez y Modric
Determinante cuando lo tiene cosido a su bota, temperamental cuando no mantiene contacto con él. Sufrió otro episodio de enajenación mental transitoria que pudo costarle la expulsión, como hace menos de una semana ante el Leipzig. Aquel día agarró del cuello a Orbán y este domingo empujó con desdén a Mingueza después de que este jugara al Pilla Pilla con su camiseta. Vini salió de la partida, como Modric, un virtuoso del balón. Da gusto verle acariciarlo. Cuenta la leyenda que Benítez le pidió, cuando coincidieron en el Madrid, que no lo tocara tanto con el exterior.

Este domingo, desde el mismo escenario donde le pedía prudencia, observó cómo su toque se mantiene imperecedero. Botó dos córneres, cuyo recorrido del balón fue idéntico al histórico gol de Ramos en Lisboa, que desembocaron en sendos goles madridistas. El primero de Vinicius, después de hasta dos paradas de Guaita, una de ellas desde el suelo al propio brasileño. El segundo lo volvió a rematar Rüdiger, lo escupió el larguero, pero rebotó en la espalda de Guaita y fue para la jaula. Las Ligas se ganan por mar, tierra y aire. Este domingo tocó bajo la última faceta.
Facilidades viguesas
El triunfo en ningún momento corrió peligro. Cuando el Celta tenía la pelota era más a partir de pérdidas del Real Madrid que fruto de su propia presión. Aspas y Larsen se encontraban muy lejos de sus compañeros, aislados. Y en ese escenario, relajado, el Madrid goleó. Por inercia más que por aplastamiento. El partido decayó tras el segundo gol del Madrid, primer autogol del Celta. Con esa fase valle contribuyó el conformismo de los blancos, que tenían sentían las mismas sensaciones que los espectadores: los goles caerían por su propio peso.
Carlos Domínguez se marcó el tercero, segundo en propia, y ya con Modric yéndose, va llegando Arda Güler. Con cinco minutos y una jugada de peligro le bastó. Ceballos filtró con música y el turco le dio forma en el pentagrama con un recorte de izquierda y golpeo de derechas. Un destello de calidad en una tarde aburrida, algo insípida, pero de goleada en el Bernabéu. Siete puntos de ventaja con el Girona, ocho con el Barcelona y una jornada menos. Tic Tac que diría aquel.
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