Sara Torres y el deseo fuera de la norma: “La heterosexualidad puede entenderse como un sistema educativo que impone dos roles complementarios: hombre y mujer”

La autora de ‘Lo que hay’ y ‘La seducción’ publica ahora ‘El pensamiento erótico’, un profundo ensayo sobre las alternativas a las normas con las que se desarrollan nuestras fantasías

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Sara Torres publica 'El pensamiento
Sara Torres publica 'El pensamiento erótico'. (Fotografía de Monika Sed junto a la cubierta del libro)

Hay algo en lo que escribe Sara Torres que está escrito con el cuerpo. Un espíritu rebelde y poético en el que la poeta, ensayista y novelista conocida por éxitos como Lo que hay y La seducción se vacía, al mismo tiempo que se enriquece en el proceso de abandonarse a quienes la leen. En El pensamiento erótico (Reservoir Books), su nuevo ensayo, ella misma confiesa que se trata de “un cuaderno de prácticas”. “Lo he podido escribir porque lo he practicado, pero a la vez que lo practico también veo todos los alejamientos de esta práctica”, precisa inmediatamente después.

Así será, por lo demás, toda la entrevista con la escritora: llena de matices. No es para menos, dada la profundidad y singularidad de la propuesta en su nuevo libro: señalar los mecanismos mediante los que la heterosexualidad no es solo una orientación sexual, sino una forma impuesta de relacionarse con el mundo, muchas veces velada bajo la idea de lo que es (o no es) natural.

Descrito por ella misma como “la culminación de muchos años de estudio” y de todo su trabajo literario anterior, El pensamiento erótico combina el rigor académico con la personificación de una voz poética que narra la teoría “desde un lugar más vital, a través de la imagen y del afecto”. Sin embargo, esa voz no se detiene solo en la crítica. Al contrario, Sara Torres propone un amplio abanico de alternativas a través de las que podamos “poner en duda toda la estructura de nuestro deseo... y reajustarla, si queremos”.

Cubierta de 'El pensamiento erótico',
Cubierta de 'El pensamiento erótico', de Sara Torres. (Reservoir Books)

Sospechar de las imágenes

-Pregunta: ¿Sientes que tu propia vida es un reflejo de cómo está escrito el libro? Lo digo porque tu propia carrera refleja ese equilibrio entre libros de poema y trabajos de investigación teórica.

-Respuesta: Sí. Cuando empecé a escribir de niña, pensaba que la escritura era una traducción de la voz interior que escuchaba y sigo escuchando, como si se extendiera en el texto. También me gusta mucho pensar a partir de imágenes que me conmueven, imágenes que parece que capturan un deseo que te roza. Todo eso está en el libro.

-P: De hecho, escribes en ‘El pensamiento erótico’ que “en nuestras sociedades no se desea con imágenes”.

-R: La imagen es más importante para el deseo de lo que nos gustaría. Desde muy temprano, asociamos potencia libidinal a una imagen que nos excita, pero cuando estamos acostumbradas a que la atención y excitación libidinal necesite un apoyo en la imagen, a veces es difícil orientarnos en el deseo a través de otros sentidos y otras inteligencias. En nuestra sociedad hay una competición por las imágenes, lo que hace que cada vez sean no solamente más explícitas, sino más espectaculares.

-P: ¿Dónde se da esa competición?

-R: Sospechamos de las imágenes porque cada imagen vende algo. Si pensamos en lo sexual, el porno tiene muchísimo que demostrar en eso. Cuando su consumo no se hace desde una filosofía ética o erótica, podemos alcanzar en una especie de escala de imágenes impactantes que harán que normalicemos lo que en un día nos escandalizó. En el cine también pasa lo mismo: aumenta el contenido por segundo, la acción a cada rato... hay en general un sistema que inercialmente compite por nuestra atención, es importante recuperar nuestras vías sensibles y que decidamos nosotras a qué velocidad ponernos.

Fotografía de Sara Torres. (Marta
Fotografía de Sara Torres. (Marta Velasco)

Deconstruir el pensamiento heterosexual y ofrecer vías distintas

-P: ¿De qué hablamos cuando hablamos de lo erótico?

-R: Para mí tiene que ver con lo opuesto a lo pornográfico. Es una vía de conocimiento basada en la sensibilización de cómo leemos lo real. Frente a la realidad, una posición erótica implica suspender el prejuicio, las conclusiones y los objetivos. En la medida de lo posible, el erotismo busca relacionarnos con el presente recibiendo lo que hay y permitiendo que lo que hay nos transforme.

-P: ¿Por qué eso es lo opuesto al pensamiento heterosexual?

-R: En este libro afirmo que la heterosexualidad puede entenderse no como una orientación sexual o como una identidad, sino como un sistema educativo que produce identidades y dos roles sociales complementarios, el de hombre y el de mujer, que además tienen que preservar su diferencia mientras se complementan. Lo que propone El pensamiento erótico, considerando el término de Monique Wittig (quien dijo aquella famosa frase de “las lesbianas no somos mujeres”), es un proceso mucho más crítico y creativo, en la que se busca entender qué nos determina el deseo y ser capaces de juzgarlo en prácticas creativas sensibles.

-P: Es una forma de deconstruir lo que damos por sentado y construir otras cosas al mismo tiempo...

-R: Exacto, porque la parte crítica no es suficiente. Yo puedo estar en contra de algo, pero si no genero riqueza creativa y sensible, aquello frente a lo que estoy en contra me captura. Las alternativas, cuando son consistentes, generan deseo y, por lo tanto, transformación social. Yo creo que hay que generar muchas alternativas en el paisaje de lo deseable para no quedarnos en ninguna norma, sea la de consumo capital o la moral, aunque suelan colaborar muchas veces.

Fotografía de Monique Wittig. (www.moniquewittig.com)
Fotografía de Monique Wittig. (www.moniquewittig.com)

Poesía y sensibilidad

-P: Has mencionado antes a Monique Wittig, y en el libro incluyes a otras autoras como Audrey Lorde, Gloria Anzaldúa y a otras escritoras que, hasta hace poco, no eran muy conocidas, pero que ahora se han convertido en referentes relacionados con este tema.

-R: Son personas que se atrevieron a proponer vías nuevas. Además, es superimportante que fueran poetas, porque su proceso de conocimiento, aunque contara con una propuesta argumental y conceptualmente fuerte, estaba muy enraizado al cuerpo y a la experiencia poética del acto creativo. Por eso, y por el hecho de no ser blancas, ser feministas y ser queer, no se les prestó atención desde la academia occidental.

-P: Ellas abrieron el camino. ¿Cuál sientes que es tu papel?

-R: Estimular la sensibilidad sobre nuestro cuerpo, porque cuando el cuerpo está sensible, él solo empieza a pedir cosas y a reivindicar lo que necesita. Eso ayudaría a entender qué da forma a nuestro deseo y toda la estructura que existe a su alrededor.

-P: ¿Falta sensiblidad en el mundo de hoy?

-R: Yo creo que el problema, sobre todo, es que estamos en un sistema económico que trabaja como si de él mismo naciera la sensibilidad, imponiendo placeres de consumo y deseos prediseñados. Nuestra sensibilidad neutraliza su potencia de revolución, se domestica y se aísla de la parte más animal. Cuanto más aislado esté el cuerpo y menos tacto haya, menos intercambio con lo humano y lo animal, más se irá configurando de una forma defensiva, proyectiva y ansiosa.

-P: ¿Y cómo se manifiestan esas defensas?

-R: Hay una idea del sujeto como dueño de sí mismo en el que nos vemos como pequeños empresarios de nuestra pequeña empresa-cuerpo. Dentro de esa lógica, estamos haciendo cuentas todo el rato: “Solo quiero gente que me sume...”, o enunciados así. El capital nos pregunta cuánto vale nuestro cuerpo, nuestras ideas, nuestra forma de socializar... pero en el momento en el que te entregas a lo otro, a las acciones que te rebosan a ti y a tu ego autorreflexivo, dejas de estar en esta ansiedad con la productividad del yo, empiezas a ser creativa haciendo cosas en el mundo.

Fotografía de Sara Torres. (Monika
Fotografía de Sara Torres. (Monika Sed)

El deseo como brújula y no como necesidad

-P: Desde esa ansiedad que nos domina, ¿podemos llegar a sentir de verdad lo que es el amor?

-R: En la ansiedad estamos sintiendo el rato, solo que son sentimientos que parece que están en estado de alarma y no llegan a ciertos recorridos de profundidad. La ansiedad hace que nos quedemos en la demanda de lo que necesitamos, y el deseo se vuelve algo utilitario, lo que acelera procesos que, desde una perspectiva erótica, llevaría mucho más tiempo.

-P: Con esas prisas, el deseo se consume más rápido...

-R: Una palabra como deseo significa cosas muy distintas para cada uno, porque el deseo no se manifiesta siempre de la misma manera. Hay deseos que están superexcitados por la idea de adquirir una satisfacción definitiva. Cuando hay un marco que genera determinadas ambiciones, el deseo parece épico, sale desesperado a por su objeto y, entonces, es de duración corta y muy explosivo. Si siempre tenemos esos procesos, tendemos más a buscar la sustitución de un motivo por otro. En cambio, en el deseo como brújula de la vitalidad no es necesaria la épica, sino simplemente la atención. El deseo, para mí, es lo que nos mantiene atentas y curiosidad. Si tienes suficiente tiempo para sentir y para vivir procesos, tu curiosidad también está más viva.

-P: ¿Es ahí donde aparecen cosas como la dulzura?

-R: La dulzura es el objetivo del deseo. Esto es algo poco obvio en el mundo en el que vivimos, donde parece que la dulzura es antiproductiva: el lado conservador, infantil y no maduro del deseo, como si el objetivo del deseo fuera más allá. Pero si nos robamos la dulzura de la vida, el deseo empieza a perseguir objetos que ni le van ni le vienen, porque nos convencen de que tenemos que ir a por ellos. En lugar de perseguir estar en tu casa en invierno, en la hora más fría, acurrucado en una habitación caliente, estás persiguiendo a ver si consigues trabajar diez horas más y puedes acceder a algo que no te va a dar la dulzura. Hacen falta prácticas que nos hagan recuperar la importancia de que lo que ocurre sea verdadero.

Desde una película que aborda la pandemia del VIH en los 80, hasta una serie sobre dos ex presidiarias envueltas en un asesinato y una novela sobre la crisis de la vivienda. Estas son nuestras recomendaciones para que disfrutes de la mejor cultura.

-P: Todo lo que dices acaba por configurar la escritura como una forma de militancia.

-R: Sí, la escritura-vida y la vida-escritura. Escribir es una forma de estar presente en la responsabilidad política compartida sobre la vida. En cada encuentro hay un trasvase, y si llevamos ciertas cosas al encuentro y se las estamos dando al otro, ese otro luego se lo dará a otra persona.

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