
Pocas personas habrá en Argentina que no haya oído alguna vez el apellido Spinetta, ya sea junto al nombre de Luis Alberto, uno de los padres del rock en español (la semana pasada, Duki lo homenajeó durante sus conciertos en Madrid), o de su hijo Dante, quien hizo honor a su linaje convirtiéndose en una figura clave de la evolución de la música de su país de las últimas décadas, introduciendo géneros como el hip hop (con solo 14 años, grabaría su primer disco en Argentina del género), el funk o el neo-soul.
Como cofundador del mítico dúo Illya Kuryaki and the Valderramas, junto a Emmanuel Horvilleur, rompió los moldes del panorama musical argentino de finales de los 90 con temas como Coolo o Abarajame. Más tarde, ya como solista, llevaría su propuesta a un nivel internacional y se consolidaría como un referente del sonido moderno latinoamericano. Prueba de ello son algunas de sus colaboraciones, con otros artistas de envergadura como Julieta Venegas, Residente o Natalia Lafourcade, por no hablar de otros referentes incluso mayores como Stevie Wonder, Herbie Hancock o la legendaria banda Earth, Wind and Fire.
Ahora, Dante Spinetta cruza el charco y ofrece una pequeña gira por España, en la que pasará por Madrid (5 de noviembre), Valencia (6 de noviembre), Málaga (7 de noviembre), Mallorca (9 de noviembre), y Barcelona (10 de noviembre). Hablamos con él, precisamente, durante su estancia en la capital, que aprovecha para comer “cosas ricas” y ampliar su colección de más de 2.000 vinilos, pocos días antes de realizar su actuación en el ciclo de conciertos Villanos del Jazz.
Un capitán frente al océano
“Me encantaría tener más presencia en España”, nos confiesa al inicio de la conversación. Él, como tantos otros artistas latinoamericanos, ha comprobado lo difícil que resulta difundir sus canciones al otro lado del Atlántico, si bien hora es más fácil que hace 20 o 30 años. “Los pasajes son más accesibles, se ha armado otra situación, debido también a la expansión de latinoamericanos en Europa”.
Con todo, reivindica que pese a la fama que tiene en su Argentina, él sigue considerándose “un alumno del sonido”. “De golpe, se me acercan raperos que son hoy en día muy famosos y me dicen: ‘Che, y arranqué con Illya Kuryaki, arranqué con vos’. Eso es un orgullo para mí, pero considero que en la música uno siempre tiene que estar en movimiento y aprendizaje, mantener la humildad”.
Esa postura la trae aprendida de casa, “mi padre era una figura muy importante en la música, pero me he criado disfrutando y amando la música”. “La música es como un mar”, afirma. “Como si uno fuera un capitán de un barco: hay que tener humildad frente a la grandeza del océano”. Así, se mantiene alejado del ego de los artistas, “el gran enemigo” de muchos de ellos. “He tenido la posibilidad de tocar con grandes músicos, con mis ídolos, pero ellos también aprendían de sus maestros, se sentían estudiantes en constante movimiento”.

Su amor por la música urbana
Cuando le preguntamos sobre por qué sintió tan pronto una vocación por la música urbana, señala a su “afección” temprana por el ritmo. “Cuando apareció el rap, me volví loco con eso y sentí que era la revolución que me tocaba a mí”. Él y sus amigos empezaron a practicar ese tipo de música que no habían escuchado nunca antes. “Ni sabíamos como se llamaba”, comenta Dante Spinetta. “Lo queríamos hacer a nuestra manera”. Por eso, acabaron mezclando esa música de origen estadounidense y creando un sonido propio, que acabó por convertirse en el punto de referencia para toda la revolución que vendría después.
“Yo creo en el mestizaje en la música”, afirma a continuación. “Creo en la libertad que te da la música, y para mí lo urbano siempre han sido herramientas que me gustó mezclar con otras cosas. En mis discos tengo orquestas, acabo de sacar Pensando en ella, una mezcla de tango con R&B y hip hop: no pienso a nivel marketing, sino que mezclo mi background cultural, todo lo que viví desde que crecí junto a mi abuelo, y lo que la música nos presta”. Para él, esta actitud cobra un gran valor en un momento como este, donde todo suena “más mecanizado”. “Es importante conservar esa autenticidad de la cultura propia. Yo creo en las almas todavía, en hacer las cosas por amor”.
Para ello, explica que los músicos deberían conectarse consigo mismos, y “no estar detrás del dinero en todas las decisiones”. “Hay una gran presión social por lo que la gente considera éxito, como si el éxito comercial fuera el único que uno puede tener”. Para él hay otros logros quizá más importantes, como la autorrealización o el estar rodeado de los seres queridos. “Por eso no me voy a quejar nunca”, asegura, “porque sé que es un mundo muy difícil en el que vivimos, donde la gente no tiene para comer, donde hay gente que vive en la calle. Hay que disfrutar, disfrutar y estar agradecido”.

Un viaje que pasa por su mejor momento
No hay duda de que Dante Spinetta es historia. Ahora bien, no hay que confundirse: el cantante argentino afirma que pasa ahora por “su mejor momento”. “Espero que no termine nunca”, desea. Con Mesa Dulce, su anterior disco, logró volver a situarse como uno de los artistas más escuchados de Argentina y recibir premios como el Gardel o el Grammy por canciones como El Lado Oscuro del Corazón. “Creo que llegué a un lugar que era el que yo buscaba desde chico”, revela.
Ese logro viene dado, en buena medida, por el hecho de que a pesar de las décadas “la música fluye” como nunca. “La música es un lenguaje en el que me siento cómodo y con el que puedo mostrar lo que me pasa dentro. Es una especie de autoexorcismo del dolor, muchas veces, y gracias a Dios mi relación con la inspiración está muy bien”. Las temáticas varían y hay que buscar en otros lugares, en otros momentos, el origen de sus canciones. “Disfruté mucho cuando tenía 18 años, pero hoy estoy más contento que nunca cuando me meto en el estudio y sé manejar las herramientas como me gusta. Eso lo vas aprendiendo en el camino”.
Dante Spinetta, de hecho, se encarga ahora de producir él mismo todos sus discos, lo que le permite vivir la música como “un viaje interno”, por el que debe pasar meses y meses en el estudio hasta quedar contento. “Siento que ese nuevo álbum que va a salir posiblemente sea mi mejor álbum”. Le preguntamos, entonces, con quién le gustaría compartir en el viaje si pudiera colaborar con artistas actuales. “Por decir alguno de España, me gustaría hacer algo con Rosalía, con Alejandro Sanz. El flamenco me encanta”.

Su relación ‘familiar’ con España
No es casual la afinidad de Dante Spinetta por el flamenco. Al fin y al cabo, su abuelo materno tenía un tablado flamenco en la provincia del Chaco, donde anida una de las comunidades indígenas más grandes de Argentina. “Por eso estoy tan cómodo”, razona. “Hay algo que se ve, que es ancestral también y que conecta”. En esa relación con España, Madrid cobra un papel especial. “El año pasado vine a tocar aquí también y estuve como una semana. Es una ciudad en la que, realmente, me siento como en casa: podría vivir acá. Me parece increíble la buena onda que hay y el nivel cultural. Me encanta todo”.
Esa energía es la que desbordará esta semana sobre los escenarios por los que el legendario músico argentino actúe. Una propuesta “sin fórmulas” en la que se mostrará hasta qué punto la música es un espacio “para jugar” desde el corazón. “Todo puede pasar en la música, y eso es divertido. El corazón es el ingrediente que no tiene que fallar: la música que sobrevive al tiempo es la música que está hecha con amor”.
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