A Alexander Skarsgård (1976, Suecia) e hijo del mítico Stellan Skarsgård le conocimos (después de su etapa sueca) como uno de los integrantes del reparto de True Blood (Sangre fresca) y, poco a poco, fue escalando posiciones dentro del ‘star-system’ gracias a su participación en Melancolía, de Lars Von Trier hasta llegar a convertirse en Tarzán en una película junto a Margot Robbie. Después, se convertiría en el marido maltratador de Nicole Kidman en Big Little Lies y, a partir de ahí..
Por eso, la llegada de Alexander Skarsgård a la Seminci ha generado un notable revuelo, no solo por su presencia, sino por la audaz propuesta de Pillion, la película dirigida por Harry Lighton que explora las complejidades del deseo y la sumisión a través de una historia que desafía las convenciones de la comedia romántica.
Un motero gay sadomasoquista
En esta cinta, el actor sueco encarna a Ray, un motero carismático que establece una relación de poder con Colin, interpretado por Harry Melling, en un relato que se aleja de los juicios morales y se adentra en la paradoja de la libertad y la entrega.
La película, basada en la novela Box Hill de Adam Mars-Jones, fue presentada en la Sección Oficial de la Seminci tras su paso por Cannes, donde obtuvo el Premio al Mejor Guion en la sección Un Certain Regard.
Pillion es una película que no busca impresionar ni subvertir el género de la comedia romántica, sino que lo sigue con rigor, modificando únicamente la naturaleza de sus personajes y el contexto social en el que se desenvuelven.
El resultado es una obra que, lejos de limitarse a ser una comedia romántica protagonizada por una pareja gay, se convierte en una travesía de aprendizaje y autodescubrimiento, en la que el espectador es invitado a cuestionar sus propias certezas morales.

Durante la rueda de prensa en Valladolid, Alexander Skarsgård compartió su experiencia al sumergirse en este proyecto, destacando la originalidad del guion y la profundidad emocional de su personaje.
“No pienso si un papel es arriesgado, no me pregunto, ¿quieres hacer una película de moteros gay de un cineasta primerizo sin dinero? Nunca me pareció un riesgo ni me asustó, simplemente despertó mi interés cuando me enteré de la premisa. He descubierto que muchos guiones son al final una versión de películas que he visto. Es raro encontrar algo que se sienta tan original y sorprendente. Cuando lo leía, pensé, sí, es una película de moteros gais, pero luego ves que es muy dulce y tierna, es como una coming of age y también una historia de amor. Hay algo rico y profundo en el personaje, cuando notas esa emoción creativa y ese entusiasmo, no puedes sentir miedo ni riesgo”.
La trama sigue a Colin, un joven introvertido que sobrevive cantando en bares y cuya vida da un giro al conocer a Ray. La relación que se establece entre ambos se basa en el BDSM y la sumisión, con Ray como amo y Colin como criado, tanto en el ámbito sexual como fuera de él.
Mucho sexo gay
Esta dinámica, lejos de ser juzgada por el director, es presentada con una mirada irónica y tierna, permitiendo que los personajes tomen sus propias decisiones y que el público asuma el papel de juez, si así lo desea. Harry Lighton renuncia a cualquier sesgo ético o sociológico, dejando que la historia fluya a partir de las elecciones de sus protagonistas.
En relación a las escenas de sexo, Skarsgård reflexionó sobre su función narrativa y la importancia de la tensión previa al acto sexual.
“A menudo el sexo es aburrido en pantalla. La acumulación de tensión entre los personajes suele ser más divertida antes de que se metan en la cama. Cuando ya pasa, esa tensión desaparece. Entiendo que no queremos ver a la gente tener sexo durante 17 minutos y medio. Esa es la duración media de una relación sexual. No lo digo específicamente por mí (risas). Las escenas de sexo están bien, pero mejor los preliminares. Significan algo. Están ahí por una razón, no solo para decir, oye, mira a estos tipos teniendo sexo en el bosque. Es su primera mamada, la primera vez que tiene relaciones sexuales, la primera vez que tiene un orgasmo, son grandes momentos para los personajes. Todas las escenas tenían sentido y están por una razón”.

El viaje emocional de Colin se convierte en el eje central de la película, donde el protagonista comienza a cuestionar si la sumisión es realmente lo que desea y si su libertad está condicionada por la relación de poder que mantiene con Ray.
Desde la perspectiva de la comedia romántica, Lighton introduce elementos que profundizan en la libertad sexual y en la ruptura de las convenciones sociales sobre el amor y el deseo, abordando la necesidad universal de ser aceptados y queridos.
En el universo de Pillion, el sexo puede estar impregnado de violencia y, aun así, resultar liberador, y que la felicidad puede encontrarse tanto en la sumisión como en la independencia, dependiendo de la decisión de cada individuo.
Uno de los aspectos más destacados de la película es la ausencia de juicios morales por parte del director, quien opta por acompañar a sus personajes en su proceso de autodescubrimiento sin imponer una visión ética o sociológica.
Esta elección permite que la audiencia experimente una libertad inusual para interpretar y juzgar las acciones de los protagonistas. Además, la película evita profundizar en el pasado de Ray o en las motivaciones de los personajes secundarios, centrándose en el presente y en la evolución de Colin.
Una fábula moral juguetona
El proceso de trabajo entre Skarsgård y Melling también fue singular, ya que ambos actores exploraron la relación de sus personajes directamente frente a la cámara, sin discusiones previas sobre las escenas clave.
“Era bastante interesante también mantener el misterio. La relación estaba claramente trazada en el guión y nunca sentí la necesidad de sentarme a discutir la relación. El director nos lleva por ese viaje y ha sido interesante explorarlo en directo frente a la cámara en lugar de intelectualizarlo. Creo que también aportó un toque especial a las escenas que no hablé tampoco con Henry Melling sobre las escenas, fue como si hiciésemos esa exploración mientras la cámara estaba grabando. Y eso fue emocionante porque es un actor increíble y fue como emprender un viaje sin saber muy bien a dónde te llevaría la escena. Encontramos mucha tensión y mucha ternura en momentos que nos sorprendieron a los dos”.
En el contexto de la representación de la sexualidad en el cine, Skarsgård valoró la libertad creativa que ofrece el cine europeo frente a la visión más conservadora de Hollywood. El actor explicó que disfrutó de la oportunidad de jugar con su imagen en la promoción de la película, adoptando una estética de motero de cuero en las presentaciones y alfombras rojas.

“Pasé tiempo con los moteros BDSM y el resto de chicos de la película. Sabía que un par de ellos vendrían al estreno mundial en Cannes y también sabía que no vendrían con trajes grises. El tono de la película simplemente me ha inspirado para divertirme un poco más. No es nada raro, la gente espera que las mujeres sean más juguetonas con sus atuendos y, como tío, se supone que debes presentarte con un esmoquin o un traje. Y eso me parece bastante aburrido. Si tengo la oportunidad de ser más juguetón, pues me parece algo divertido y además con una película que realmente me encanta”, concluyó el actor.
Pillion se presenta así como una propuesta que desafía las expectativas del género, construyendo una fábula moral en la que la única moral posible puede ser la inmoralidad, y donde la paradoja y la contradicción se convierten en el terreno natural de sus personajes. La película invita a la audiencia a reflexionar sobre las relaciones de poder, la libertad y el deseo, sin ofrecer respuestas cerradas ni imponer una visión única.
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