Revelan la dificultad de los deportistas para percibir violencia sexual en entrenadores

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Vitoria, 23 sep (EFE).- Un estudio de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) revela la dificultad que tienen los deportistas para identificar como posible violencia sexual determinados comportamientos de sus entrenadores que pueden acabar derivando en situaciones de abuso o de conductas de carácter sexual.

Esta conclusión se recoge en un estudio elaborado por el grupo Gikafit de la Universidad del País Vasco en el que se han combinado encuestas a 292 deportistas y 6 entrevistas a personas que habían sufrido violencia en el deporte durante la edad escolar.

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El informe se basa en uno previo en el que se señala que el 20 % de los participantes en el mismo aseguraron haber experimentado conductas de carácter sexual por parte de sus entrenadores, como besos en los labios, muestras de interés sexual o propuestas directas para mantener relaciones sexuales.

El estudio ahora publicado en el que participa la investigadora Andrea Sáenz busca conocer la realidad que hay detrás de estas cifras y concluye que hay muchas conductas cotidianas que no son percibidas como abusivas por los deportistas y que, sin embargo, cuando una persona superviviente de violencia sexual reconstruye su experiencia, las identifica "como parte del proceso de abuso".

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Esta conclusión se desprende de las respuestas a la encuesta en la que los participantes tenían que valorar si 24 conductas concretas de entrenadores y entrenadoras estaban relacionadas con la violencia sexual.

Más del 80 % identificó como violencia sexual los comportamientos más explícitamente sexualizados, como proponer relaciones sexuales a cambio de privilegios, besar en los labios, o mirar fijamente los pechos o los glúteos.

En cambio, conductas como abrazar, preguntar por el tiempo libre, prestar una atención personalizada o generar oportunidades para el contacto individual "rara vez" fueron clasificadas como violencia sexual.

Sin embargo, las personas que habían sufrido violencia sexual en edad escolar en estos entornos deportivos sí que identificaban algunas de estas conductas menos explícitas y más normalizadas como parte del abuso.

"Sus relatos corroboran que la violencia sexual no empieza necesariamente con un abuso evidente, sino con procesos de atención especial, regalos o conversaciones personales que, dependiendo de la edad, pueden percibirse incluso como algo positivo", explica la investigadora, que advierte de que "en los casos de violencia sexual ese trato especial forma parte de un patrón".

La investigadora de la EHU aclara que eso no significa que todas las conductas situadas en esa "zona gris" constituyan por sí mismas una situación de abuso o delito, sino que pueden formar parte de un proceso de violencia cuando "se repiten, se personalizan, se vinculan al secreto o se producen en un contexto de relaciones de poder desiguales·. 

Por ello, considera que se debe prestar atención al contexto completo más que a una situación concreta y deja claro que de lo que se trata no es de analizar "si un abrazo, por ejemplo, después de ganar un partido, está bien o mal".

"Un abrazo puede ser adecuado si una deportista tiene baja autoestima y ha hecho un partido increíble. Lo que hay que analizar es si ese abrazo forma parte de una atención exclusiva o de que haya una dependencia emocional”, explica Sáenz, doctora por la EHU y parte del equipo Gikafit, responsable del estudio.

Sáez precisa que el estudio no pretende eliminar la cercanía propia de las dinámicas deportivas, ni convertir a entrenadoras y entrenadores en sospechosos, ya que reconoce que la instrucción deportiva requiere confianza y contacto físico. EFE

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