Las pinturas polícromas de Altamira dialogan con la biocerámica de Daniel Schweitzer

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Javier G. Paradelo

Altamira, 26 may (EFE).- Una lectura contemporánea de la cueva de Altamira a partir de la luz y la superposición de estratos es el hilo conductor de la instalación “Materia inscripta”, del artista Daniel Schweitzer, que se exhibe en el museo hasta el próximo 12 de julio en el espacio Vínculos.

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Schweitzer (Alemania, 1988) plantea dos esculturas, una vertical y otra horizontal, realizadas en porcelana translúcida mediante la técnica de la biocerámica, un procedimiento contemporáneo que permite trabajar el material en capas muy finas.

Sobre esas láminas se intercalan pigmentos rojos y negros, cargas y óxidos que funcionan como manchas, huellas o indicios, en una referencia indirecta al lenguaje visual de la cueva e, incluso, a los códigos culturales perdidos que impiden conocer con certeza el sentido original de las pinturas rupestres.

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En declaraciones a EFE, el artista explica que la exposición nace de un proyecto que buscaba elaborar una propuesta vinculada y en diálogo con el museo, con las pinturas y con el contexto de Altamira, orientada a establecer puentes entre la creación actual y uno de los referentes del arte paleolítico.

A su juicio, las obras funcionan “como una especie de estratigrafía”, de manera que se establece un paralelismo entre las capas de las piezas y las capas arqueológicas que permiten estudiar el pasado y los policromos, superpuestas en el espacio y en el tiempo durante miles de años.

Asegura que con este proceso artístico, cada capa contiene una información que oculta parcialmente la anterior, del mismo modo que ocurre en las excavaciones arqueológicas o en la interpretación de las manifestaciones rupestres.

Schweitzer subraya que las cuestiones que más le interesaron de su visita a la cueva fue tanto la información conservada en las pinturas como los códigos perdidos para su interpretación, de manera que su obra no pretende explicar Altamira sino abrir una vía de reflexión sobre lo que aún permanece inaccesible.

Por eso, las manchas de pigmento que aparecen entre las capas de porcelana pueden remitir a formas reconocibles, pero no llegan a fijar un significado cerrado.

“Podría ser un bisonte, podría ser un guiño o podría ser algo para que nosotros nos acerquemos y dialoguemos en torno a la obra”, explica el artista.

El artista asegura que la luz desempeña también un papel esencial en la exposición, pues en Altamira la luz fue necesaria para pintar y para habitar la cueva, pero también es hoy imprescindible para mirar, reconstruir e interpretar.

En ‘Materia inscripta’, Schweitzer utiliza la porcelana translúcida para convertir esa luz en parte activa de la obra, al permitir que el espectador perciba las capas, los vacíos y las señales ocultas en el interior del material.

Para Schweitzer, el diálogo entre arte contemporáneo y arqueología resulta muy interesante, ya que mientras la segunda busca reconstruir el pasado y aproximarse a verdades objetivas, el primero “busca hacer preguntas, establecer diálogos, reflexiones y subversiones”.

Recuerda que la visita a la cueva le abrió “todo un imaginario de preguntas y reflexiones”, una experiencia que ha trasladado a su obra y que ahora ofrece el espectador en Altamira.

‘Materia inscripta’ se inscribe así en una línea de trabajo que refuerza la continuidad de la creación artística a lo largo de la historia humana.

La muestra es resultado de la colaboración entre ArteSantander y el Museo de Altamira orientada a establecer puentes entre la creación actual y uno de los grandes referentes del arte paleolítico.

Permite incorporar al museo una mirada actual que no compite con el relato arqueológico, sino que lo amplía desde otro lenguaje, el del cruce de la materia, la luz, el pigmento y la memoria. EFE

jgp/mg/mcm

(foto) (vídeo)

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