Paco Aguado
Madrid, 15 may (EFE).- El diestro madrileño Fernando Adrián consiguió hoy su cuarta salida por la Puerta Grande de Las Ventas, esta vez por sendas faenas de escasa entidad pero jaleadas y premiadas muy holgadamente con sendas orejas, entre el excesivamente eufórico y desconcertante ambiente de la considerada como primera plaza del mundo, donde el criterio se acercó mucho al de una portátil.
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Ese exceso triunfalista, por dos trasteos en los que Adrián estuvo en realidad por debajo de la condición de los dos únicos toros con verdaderas opciones de la corrida del El Torero, contrastó con el serio gesto de Fortes, que salió a matar al quinto después de ser intervenido en la enfermería de la cornada que le infirió su peligroso primero hasta cortar, este sí, un trofeo de mucho más valor que los concedidos al pírrico triunfador de la corrida.
Sólo cabe calificarlo así, una vez que el primer trasteo del torero madrileño no pasó de ser una larga sucesión de medios pases, en realidad tironazos, sin temple ni mando algunos, a un toro berrendo de vulgares pero de repetidas y fáciles embestidas, sin mayores exigencias, al que Adrián pasó de un lado a otro entre la complacencia del público de aluvión y copas típico de las tardes de los viernes isidriles.
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Fue ya con el sexto, que le encunó aparatosamente al segundo lance de salida, cuando sí se anotó algunos momentos más estimables con un serio y voluminoso ejemplar que antes, al apretarle en el tercer par de banderillas, prendió y zarandeó muy duramente a su subalterno Curro Javier, que salió milagrosamente con apenas unos varetazos.
Aun así, el ejemplar de El Torero rompió a embestir y a humillar tras la muleta con toda la entrega y la profundidad que les faltó a sus hermanos de camada, para que así Adrián pudiera instrumentarle algunos naturales más largos y templados que los del turno anterior, lo que no era difícil, para terminar por buscar el arrimón final que caldeó al tendido para pedir esa segunda y definitiva oreja.
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Lo de Fortes, en cambio, tuvo un cariz taurino muy diferente, más auténtico, más meritorio, pues todo lo que hizo el malagueño estuvo marcado por la autenticidad y el valor sereno, ya desde que se repuso a las dos feas cogidas que sufrió ante el peligroso segundo, un toro de agudizado sentido que le volteó aparatosamente al llevarlo al caballo y luego le volvió a prender en una escalofriante colada cuando intentaba torearlo al natural.
Con una herida bajo el párpado y una cornada en el gemelo, el malagueño mató a la 'prenda' de un espedazo fulminante, para pasar a ser atendido en la enfermería y salir ya a matar al quinto, en todo un gesto de torero que apenas si se le valoró de principio con la que hubiera sido una esperable ovación antes de que se abriera la puerta de toriles.
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Al toro le faltó luego un punto más de raza para concretar el buen inicio de sus arrancadas, pero Fortes aun así logró, con una enorme sinceridad en los cites, hacerle ir hacia adelante sobre todo por el pitón izquierdo, por el que, desde que le remató con uno redondísimo en la apertura del trasteo y le cerró con otros soberbios de frente, le cuajó naturales de gran hondura que, pese a todo, no despertaron tanto entusiasmo en el graderío. Aun así, la oreja, a pesar de una estocada baja, fue de verdadero peso.
El más desafortunado en el sorteo fue el más veterano del cartel, pues a Diego Urdiales ya le tocó resolver con un primero de peligro sordo que siempre le tuvo medido y que no respondió a sus tanteos más que a tornillazos, antes de que lo tumbara con uno de los dos soberbios y atronadores espadazos con que cerró sus faenas.
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Pero, además de recrearse en los quites siempre con unas mecidas y puras verónicas, el riojano llegó incluso a sacar más pases, y más largos, de los que parecía tener un cuarto toro de apagado comportamiento, todo gracias a un ejercicio de maestría basado en la paciencia, el temple y la precisión, igual que la soberbia estocada sin puntilla con que lo dio a las mulillas. Pero todo quedó en una mediana ovación en esta "relajada" y extraña tarde en la que dicen que es la "cátedra" del toreo.
Seis toros de El Torero, de seria presentación, pero de feas y descompensadas hechuras en su mayoría. Primero, segundo desarrollaron sentido y peligro evidente, cuarto y quinto resultaron manejables, aunque a falta mayor punto de celo, recorrido y entrega, y el tercero, sin emplearse demasiado, sacó mucha movilidad. Sólo el sexto, el mejor con diferencia, embistió con bravura humillando a los engaños.
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Diego Urdiales, de verde hoja y oro: estocada algo delantera (silencio); gran estocada (ovación)
Fortes, de nazareno y oro: estocada desprendida delantera (ovación); estocada baja (oreja). Entre la lidia de sus dos toros fue intervenido con anestesia local en la enfermería de una "cornada en la cara anterior del tercio superior de la pierna derecha de 5 cms. que contusiona la tibia, y de una herida infraciliar derecha con hematoma, de pronóstico leve".
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Fernando Adrián, de lila y plata: estocada contraria delantera y tendida y descabello (oreja tras aviso); estocada trasera (oreja tras aviso). Salió a hombros por la Puerta Grande.
En el tercio de banderillas del sexto fue duramente prendido y zarandeado el subalterno Curro Javier, que sólo resultó con sendos varetazos en ambas piernas y contusiones leves.
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Séptimo festejo de abono de la feria de San Isidro, con cartel de no hay billetes (23.800 espectadores), en tarde fría y con rachas de viento.
EFE
pa/jlp
(foto)
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