Juzgan a dos guardias civiles por presunta vejación a ciudadano catalanohablante: "Me sentí humillado"

La Fiscalía ha pedido la absolución de los agentes, mientras la acusación exige prisión por discriminación y coacciones tras un incidente en el aeropuerto de Barcelona que terminó con el pasajero denunciando trato humillante por comunicarse en catalán

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El denunciante, ciudadano belga de 70 años residente en Bigues i Riells desde 2015, relató durante el juicio que en ningún momento se le explicó el motivo de los registros ni la razón por la que le solicitaron mostrar una bolsa de colostomía en público mientras intentaba tomar un vuelo en el Aeropuerto de Barcelona. Según informó el medio, estos hechos ocurrieron el 9 de diciembre de 2019 y derivaron en una denuncia por presuntos delitos de odio, coacciones y falsedad documental contra dos agentes de la Guardia Civil, juzgados este miércoles en la Audiencia de Barcelona.

De acuerdo con la información publicada, la acusación particular —financiada por la organización Plataforma per la Llengua— solicitó una condena de seis años y dos meses de cárcel para los dos guardias civiles, así como seis años y diez meses de inhabilitación para el desempeño de cargos públicos y una multa de 4.800 euros. Frente a esta petición, la Fiscalía pidió la absolución de los agentes, alegando que no se demostró que existiera coacción, discriminación o que se hubiese forzado al pasajero a hablar en castellano.

Los hechos, reportó el medio, se desencadenaron cuando el equipo de seguridad del aeropuerto detectó que el pasajero llevaba un objeto bajo su ropa al atravesar los arcos de control. El pasajero explicó a los vigilantes que portaba una bolsa de estómago debido a una cirugía de cáncer de colon realizada en enero de 2018 en el Hospital General de Granollers. No tenía intención de mostrarla en público por tratarse de una bolsa recolectora de heces, pero manifestó sentirse presionado a bajarse los pantalones y enseñarla en el mismo lugar, temiendo perder el vuelo.

El denunciante, que declaró en catalán asistido de un traductor dado que el juicio se realizó mayoritariamente en castellano, explicó que le solicitaron el documento de identidad para denunciarlo por alteración del orden público. Expresó que no hablaba castellano y que apenas lo entendía, e indicó que tanto el neerlandés como el catalán eran sus lenguas preferentes —escogiendo el catalán por residir en Catalunya—, además de hablar francés, inglés y alemán.

Según consignó el medio, el pasajero afirmó que uno de los guardias civiles le expresó: "Estamos en España y se habla español", y mencionó que no tuvo oportunidad de comunicarse en otro idioma con ellos, señalando que aprendió catalán para relacionarse con la comunidad local tras establecerse en la región.

La denuncia detalla que fue conducido a una sala donde le solicitaron, en presencia de seis agentes, que retirase varias prendas y mostrara nuevamente la bolsa, sin explicarle el motivo del procedimiento. El denunciante aseguró que la experiencia resultó vejatoria y ofensiva para su dignidad, añadiendo que después de este segundo registro le preguntaron por su lugar de residencia, escribiendo la localidad de forma incorrecta y atribuyendo el error a una supuesta confusión geográfica. Como resultado de su corrección, indica que le impusieron una segunda denuncia, en este caso por desobediencia, y uno de los agentes le manifestó: "Este hoy no vuela".

El pasajero logró embarcar, pero una vez sentado fue requerido por la tripulación, que le informó que debía abandonar el avión siguiendo una indicación policial. Encontró su equipaje en la sala de recogida de maletas tras lo que describió como unas dos horas de incidencias. Señaló al medio que consideraba que la actuación policial se produjo debido a que empleó el catalán y no el castellano en sus comunicaciones.

En su declaración ante el tribunal, uno de los guardias civiles —con 17 años destinado en el Aeropuerto de Barcelona— relató que los servicios de seguridad solicitaron su intervención por el comportamiento supuestamente alterado y ruidoso del pasajero en la zona de control. Afirmó que le informó en castellano de que era necesario verificar lo que portaba bajo la ropa en una sala privada para preservar su intimidad, y negó cualquier exigencia para que hablara en castellano, aunque sí reconoció haberle señalado que él no hablaba catalán y ofrecerle comunicarse en inglés o francés. Según su versión, el pasajero rechazó el entendimiento y solo buscaba dirigirse a su puerta de embarque.

Durante la inspección en la sala, los agentes constataron que la bolsa era de colostomía y concluyeron que no representaba peligro alguno. El guardia afirmó que informaron a la compañía aérea acerca de la conducta del pasajero, pero que los agentes no tienen autoridad para impedirle volar, y negó rotundamente haber dicho "este hoy no vuela".

La segunda agente imputada compartió que el pasajero les comunicó que hablaba catalán y otros idiomas, pero considera que evitaba cualquier conversación con los agentes y trató de recoger sus pertenencias sin someterse a las comprobaciones. Consultada sobre la posibilidad de conseguir un traductor de catalán, explicó que domina el inglés y que solicitó el pasaporte en ese idioma, negando en todo momento que le hubieran exigido expresarse en castellano.

La acusación particular sostuvo mediante la abogada Laia Homs que la intervención de los agentes fue desproporcionada y que las imágenes captadas por las cámaras del aeropuerto muestran a los pasajeros circulando normalmente, sin signos de alteración o escándalo por parte del denunciante. Señaló que el trato recibido por el pasajero constituye una discriminación motivada por el uso del catalán, que los registros efectuados carecieron de justificación y que la imposición de denuncias administrativas no estaba sustentada, sumando la coacción de tener que abandonar el avión tras haber embarcado.

La Fiscalía, según recogió el medio, reiteró su petición de absolución al considerar que no ha quedado probada la existencia de discriminación ni que se ordenara mostrar la bolsa en público, añadiendo que la intervención de los guardias civiles en los arcos de control se limitó a una inspección protocolaria en un espacio reservado. Insistió en que las imágenes grabadas reflejan esta versión.

Las defensas, representadas por la Abogacía del Estado, solicitaron igualmente la absolución, sosteniendo que el relato de la acusación está desacreditado por las imágenes y que fue el pasajero quien, de forma espontánea, enseñó la bolsa a personal de seguridad antes de la implicación de los agentes acusados. Argumentaron que los guardias intentaron facilitar la comunicación en varios idiomas, mientras que el pasajero se negó a colaborar y mostró desobediencia durante el control.