Un párroco de Vallecas (Madrid) afronta 15 años de prisión por agresión sexual a feligresas

El acusado defiende su inocencia en la Audiencia Provincial de Madrid después de que tres mujeres lo señalaran por conductas inapropiadas, mientras el fiscal cita mensajes comprometedores y las denunciantes declaran a puerta cerrada ante el tribunal

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En una de sus declaraciones, el párroco procesado admitió haber enviado un mensaje a una de las denunciantes afirmando que “soy sacerdote, pero soy hombre y me gustan las mujeres”. Aun así, negó de forma rotunda haber realizado otros comentarios de tipo sexual o haber intentado cortejar a las feligresas que lo acusan. La Audiencia Provincial de Madrid celebró este proceso judicial, en el que se le imputa la presunta comisión de dos delitos de agresión sexual y uno continuado, según informó el medio.

El sacerdote, cuya identidad permanece sin revelar en los documentos públicos, se enfrenta a la posibilidad de una pena de quince años de prisión por hechos denunciados por tres mujeres que fueron feligresas de una parroquia en el barrio madrileño de Vallecas, de acuerdo con lo publicado por los medios. La acusación sostiene que el religioso mantenía conductas inapropiadas que incluyeron el envío de mensajes electrónicos con contenido sexual o insinuaciones. El fiscal aportó mensajes como prueba, entre los que se incluyen testimonios en los que el acusado expresaba sus deseos de besar las piernas de una feligresa y hacía alusión a sus propios sentimientos: “No podía estar enamorado de ella porque soy un sacerdote”, se defendió el acusado ante el tribunal, según consignó el medio.

La declaración del acusado se realizó en sesión pública, mientras que las comparecencias de las víctimas transcurrieron a puerta cerrada, una medida habitual en casos que involucran delitos de naturaleza sexual, para proteger la identidad de las denunciantes. Durante su intervención, el sacerdote aseguró ante la Audiencia Provincial que las acusaciones respondían a lo que calificó de “una campaña de manipulación”, afirmando que la responsable de Cáritas de la parroquia habría impulsado a las mujeres a denunciarlo por motivos internos a la organización religiosa.

Según relató el propio acusado y reportó el medio, el primer contacto con una de las víctimas ocurrió en 2021 cuando la mujer, interesada en acceder a un puesto laboral, solicitó una entrevista en la parroquia. Tras ese encuentro personal, ambos mantuvieron comunicación en ocasiones posteriores, incluyendo reuniones donde estaban presentes los hijos de la denunciante. A preguntas del fiscal sobre posibles comentarios sobre el físico de la mujer o sobre la existencia de conflictos entre ambos, negó haber hecho ninguna observación o comentario de tipo sexual y subrayó que la relación no trascendió el ámbito estrictamente profesional: “No tengo conciencia de haber tenido ninguna relación. Simplemente no cuajó el tema del trabajo”, declaró el sacerdote citado por el medio.

Con respecto a la segunda denunciante, el acusado expuso que su vínculo inicial se remontaba al año 2020, cuando ella colaboraba de manera voluntaria en tareas de apoyo social en la parroquia y acudía regularmente solicitando ayuda alimentaria. La acusación del fiscal se centró en la posible existencia de mensajes en los que el párroco habría expresado sentimientos amorosos hacia la mujer o expuesto su atracción física, intercambios que el sacerdote negó en repetidas ocasiones ante el tribunal. El medio detalló que, pese a la negativa sobre la existencia de mensajes de contenido explícito, el sacerdote reconoció que, al serle mostrados y leídos en sala, uno de los textos correspondía de hecho a su autoría, aquel en el que admitía: “Soy sacerdote, pero soy hombre y me gustan las mujeres”.

El fiscal fundamentó su acusación en las declaraciones de las víctimas y en los mensajes que considera comprometedores, textos que fueron presentados durante la vista como elemento clave del relato acusatorio. El ministerio público sostiene que las conductas del procesado encajarían en la definición legal de delitos de agresión sexual y solicita una condena que totaliza quince años de prisión, tal como detalla la información difundida.

Por su parte, el acusado insistió en interpretar las denuncias como resultado de rencillas internas o presiones en el seno de la organización parroquial. Ante los jueces, el sacerdote atribuyó la supuesta campaña a la responsable de la organización asistencial Cáritas, quien, según sus palabras, habría inducido a las denunciantes a sumarse a una dinámica que, indicó, tenía motivaciones ajenas a los hechos investigados: “Mónica hizo una campaña contra mí de repente porque estaba insegura de si íbamos a cerrar o no”, refirió sobre la integrante de Cáritas que, presuntamente, lideró la iniciativa de las denunciantes.

Durante la celebración del juicio, la Audiencia Provincial mantuvo la habitual reserva sobre la identidad de las partes y limitó el acceso a la sala durante los testimonios de las víctimas, detalló el medio. El desarrollo del proceso estuvo centrado en la confrontación de versiones: por un lado, las mujeres aportaron sus testimonios ante el tribunal, y por otro, el sacerdote negó enérgicamente las acusaciones que pesan sobre él, aportando explicaciones sobre su interacción personal y profesional con las denunciantes y subrayando la ausencia de conflicto previo salvo la mencionada cuestión laboral.

El caso queda ahora en manos del tribunal, que deberá valorar la veracidad y la suficiencia de los testimonios y pruebas presentados, incluidas las comunicaciones electrónicas atribuidas al acusado y las declaraciones de las víctimas, para determinar la existencia de los delitos y la responsabilidad penal del sacerdote, según la información difundida.