Las señales del Teide dicen "a gritos" que Tenerife está volcanológicamente activa

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Jorge Morales

Santa Cruz de Tenerife, 13 feb (EFE).- El director del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, Itahiza Domínguez, advierte de que las señales anómalas que desde hace diez años viene percibiendo la comunidad científica en Las Cañadas del Teide "nos dicen a gritos" que Tenerife es una isla volcánicamente activa.

El indicio más reciente es una señal sísmica de baja intensidad inusual por su duración, de unos 90 minutos, que se suma a los enjambres detectados desde 2016, al incremento de emisiones de gases en el cráter del Teide, y a una deformación del terreno de dos centímetros en los últimos tres años.

¿Que esta actividad acabará derivando en una erupción? ¿Dónde y cuándo sería? Por el momento es imposible responder a esas preguntas, aunque por una cuestión de estadística, "a corto y medio plazo la probabilidad es relativamente baja, pero cuanto más tiempo pase, más posibilidades habrá", asegura el responsable en las islas del organismo al cargo de la vigilancia volcánica en España.

En una entrevista con EFE, el director del IGN en Canarias explica que "cada volcán es un mundo" y, por lo tanto, "no es fácil usar analogías", pues se dan casos en los que estas señales de baja intensidad, asociadas a movimientos de fluidos, se repiten continuamente sin que se produzca una erupción.

Domínguez detalla que en Canarias la corteza es "muy fina" y las erupciones necesitan magma, que "no aparece de pronto, de un día para otro", sino que se va acumulando bajo las islas durante mucho tiempo en reservorios, que "a veces se quedan fríos y no hacen nada" y otras acaban en una erupción como en La Palma.

Esa acumulación de magma, insiste el director del IGN en Canarias, "dura mucho tiempo. En La Palma sabemos que fueron 15 años, en El Hierro no lo sabemos exactamente, pero fueron décadas".

En el caso de Tenerife "no sabemos exactamente si eso es lo que está pasando, pero no sería raro que lo fuera", por lo que "hay que seguir atentos, vigilantes, porque nos recuerda que somos islas volcánicamente activas".

"Tenerife lo es y todas las señales anómalas que hemos visto estos últimos diez años nos lo están diciendo a gritos. Por eso hay que estar pendientes y tener en cuenta que esto puede cambiar de un día para otro: empezar a tener una señal precursora de una erupción en un momento dado", analiza Itahiza Domínguez.

Recuerda que, históricamente, las erupciones en la isla del Teide han venido precedidas de una sucesión de terremotos sentidos por la población. "La cuestión es cuánto tiempo antes. Pueden ser semanas o meses", aunque en La Palma fueron siete días, en los que el terreno se abombó 30 centímetros.

Solo entonces el semáforo de alerta volcánica en Tenerife pasaría de verde a amarillo, aunque esa competencia, matiza Domínguez, es del Gobierno de Canarias, que actúa en todo caso en función de lo que le traslade la comunidad científica.

Itahiza Domínguez hace hincapié en que existe margen para avisar a la población, si bien pide tener en cuenta que "decir exactamente el lugar y la hora de la erupción es bastante complicado, no aquí sino en cualquier parte del mundo".

La dificultad de predicción radica en que entran en juego muchas variables como asegura que sucedió en La Palma, donde el magma estaba más al sur y en poco tiempo migró hacia el norte tres kilómetros.

"Es un proceso que tiene una componente caótica, donde pequeños cambios imposibles de medir hacen que todo cambie rápidamente. Es algo que los vulcanólogos en todo el mundo llevamos años intentando conseguir", admite.

Quizá la inteligencia artificial ayude a encontrar patrones que permitan a los científicos "poder ir más allá, pero todavía no hemos llegado a eso, estamos muy lejos".

El director del IGN en Canarias detalla que en Tenerife hay dos tipos de vulcanismo, el del Teide, de tipo fonolítico, con una cámara bajo el volcán que hace que el magma evolucione, y donde la probabilidad de erupción es baja; y el basáltico, donde el magma viene directo del manto y es el que provoca las erupciones en las dorsales.

Estas son las que se han producido en el periodo histórico, tanto en la dorsal noreste como la noroeste, donde el mapa de peligrosidad volcánica apunta a una mayor probabilidad.

Lo cual "no quiere decir que la próxima vaya a ser ahí", apunta Domínguez, que recuerda que la zona sur de la isla no es una dorsal pero tiene un campo volcánico monogenético bastante amplio desde Vilaflor hasta casi la costa y que "tampoco se puede descartar".

La literatura científica apunta a una recurrencia eruptiva en Tenerife de entre 100 y 200 años. La última fue la del Chinyero en 1909.

Itahiza Domínguez indica que esto es "una aproximación" teniendo en cuenta las erupciones históricas y que "usar esos términos a veces es delicado".

"También se supone que en Canarias tenemos una erupción cada cuarenta años y hemos tenido dos en diez años. Por esa regla de tres no debería haber otra hasta dentro de más tiempo... las estadísticas en geología funcionan más o menos".

El director del IGN en Canarias reconoce que para los científicos supone "un equilibrio complicado" informar con transparencia sin caer en el alarmismo.

"Intentamos transmitir lo que sabemos con honestidad. No podemos decir a la gente que no pasa nada", aunque por otra parte "entendemos perfectamente que la población está nerviosa por la situación. No somos ajenos, no somos máquinas".

Pero ve preferible que la gente se acostumbre a oír el mensaje de las fuentes oficiales, "aunque no sea siempre la información más atractiva", a que se deje llevar por los bulos.

"Llevamos diez años con gente que dice que mañana hay una erupción en Tenerife", ironiza Itahiza Domínguez, cuyos allegados le tienen "un poco frito" a preguntas estos días. "Me dicen: avísame si pasa algo. Ojalá fuera tan fácil". EFE

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