El Informe Anual de Clima y Catástrofes elaborado por Aon resalta que en 2025 la brecha de protección –la diferencia entre el total de pérdidas económicas por desastres naturales y las cantidades cubiertas por seguros– alcanzó un mínimo histórico, situándose en el 51 %. Este dato permite contextualizar la noticia principal: según el mismo reporte citado por EFE, las pérdidas aseguradas a consecuencia de desastres naturales ascendieron ese año a 127.000 millones de dólares (106.681 millones de euros), con América y especialmente Estados Unidos como las zonas más afectadas.
El análisis presentado por EFE, basado en el informe de Aon, indica que las pérdidas globales derivadas de fenómenos extremos sumaron 260.000 millones de dólares (218.402 millones de euros), lo que representa el valor más bajo desde 2015 para este tipo de eventos. Sin embargo, pese a la disminución en el volumen total de daños económicos respecto a años anteriores, la cifra de pagos realizados por el sector asegurador se mantuvo elevada por sexto año consecutivo, superando la barrera de los 100.000 millones de dólares (84.000 millones de euros). La elevada proporción de daños cubiertos por seguros se atribuye, en gran medida, a la recurrencia de incidentes severos en Estados Unidos, donde el mercado asegurador posee una alta penetración, generando así un impacto significativo en las cifras globales incluso cuando la actividad de riesgo mundial se encuentra por debajo del promedio.
El continente americano, de acuerdo con el reporte de Aon difundido por EFE, soportó más de la mitad del impacto económico mundial ocasionado por desastres naturales en 2025. En el caso de Estados Unidos, el 81 % del total de pérdidas aseguradas globales tuvieron lugar en dicho país. Al observar el volumen económico de los daños, se aprecia que en los mercados emergentes, más del 50 % de las pérdidas quedan fuera del alcance de las aseguradoras, lo que contribuye a agrandar la brecha de protección fuera de Norteamérica.
El documento de Aon citado por EFE destaca que, a nivel global, las aseguradoras se hicieron cargo de aproximadamente la mitad de las pérdidas económicas por catástrofes en 2025. Este porcentaje no solo marca un récord en términos de cobertura sino que también resalta una de las diferencias centrales respecto a ejercicios precedentes, donde la cantidad de daños sin asegurar suele ser mucho mayor, sobre todo en economías en vías de desarrollo.
Durante 2025 se contabilizaron 49 eventos catastróficos que causaron pérdidas económicas superiores a 1.000 millones de dólares (840 millones de euros) cada uno. Este número supera el promedio de largo plazo, fijado en 46, según consignó EFE utilizando los datos de Aon. Del total de eventos registrados, 30 superaron el umbral de 1.000 millones de dólares en pérdidas aseguradas, frente al promedio histórico de 17 eventos de este tipo. Este aumento sugiere un incremento tanto en la intensidad como en la frecuencia de estos sucesos que afectan significativamente al sector asegurador.
Uno de los principales riesgos para las aseguradoras durante el siglo XXI han sido las tormentas convectivas severas, las cuales, según el informe citado por EFE, han superado el impacto de los ciclones tropicales debido a su mayor periodicidad e intensidad, especialmente en Estados Unidos. Solo en 2025, este tipo de tormentas generó daños asegurados calculados en 61.000 millones de dólares (51.240 millones de euros), cifra que ocupa el tercer lugar entre los totales anuales más altos desde que existen registros.
En el caso específico de los incendios forestales en California, Aon recoge que estos provocaron en 2025 unas pérdidas económicas de 58.000 millones de dólares (48.720 millones de euros), de las cuales 41.000 millones de dólares (34.440 millones de euros) correspondieron a pérdidas cubiertas por seguros. Estas cifras reflejan la gravedad de los incendios en esa región y su importante implicación para el sector asegurador.
Respecto al balance humano, Aon reportó una mortandad mundial asociada a catástrofes naturales de 42.000 personas en 2025, la mayoría como consecuencia de terremotos y olas de calor. Este número representa una disminución del 45 % frente al promedio del siglo XX. El evento más letal, tras los episodios de calor extremo, fue el terremoto que impactó Myanmar y que provocó la muerte de 5.456 personas. El informe además destaca que 2025 fue el tercer año más caluroso registrado, con el calor extremo vinculado a más de 25.000 fallecimientos en distintas regiones del planeta, manteniéndose así como una de las causas principales de mortalidad relacionada con fenómenos naturales.
El registro de EFE con base en el informe de Aon analiza también escenarios regionales. Así, para la península ibérica, compuesta por España y Portugal, el informe califica 2025 como un año de escasa severidad desde el punto de vista de los desastres naturales, manteniéndose las pérdidas aseguradas por debajo de la media de ejercicios previos. Esta descripción contrasta con lo sucedido en 2024, año en el que la DANA (depresión aislada en niveles altos) generó inundaciones en distintas poblaciones del Levante español, ocasionando más de 200 muertes y una vasta destrucción de viviendas y vehículos.
En relación con los efectos de la sequía y los incendios forestales durante 2025 en la península ibérica, Aon estima que los daños económicos rondaron los 1.800 millones de dólares (1.512 millones de euros). No obstante, reportó EFE, la incidencia sobre la industria aseguradora fue limitada, en parte debido a que una porción considerable de estas pérdidas no contaba con pólizas de cobertura o no superó los umbrales para reclamaciones considerables.
El informe de Aon, presentado por EFE, compila los acontecimientos y los impactos económicos y humanos generados por los eventos climáticos y geológicos de 2025, evidenciando una realidad en la que, aunque las pérdidas globales presentan una tendencia a la baja, el volumen de daños cubiertos por el sector asegurador se mantiene elevado debido a la concentración de desastres graves en regiones donde la infraestructura aseguradora es significativa, como es el caso de Estados Unidos. La progresiva disminución de la brecha de protección refleja una tendencia donde cada vez más activos y riesgos se encuentran respaldados por instrumentos financieros, aunque persisten amplias áreas del planeta donde la protección ante desastres extremos resulta insuficiente.
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