Fundación Canal repasa la historia del grafiti con obras de Banksy, Blek le Rat y Suso33

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(Corrige la NA2161 por una errata en el nombre de TAKI 183 en el párrafo 5)

Madrid, 3 feb (EFE).- La Fundación Canal ha reunido obras y reproducciones de los principales grafiteros del mundo, como Keith Haring, Blek le Rat, Basquiat o el español Suso33, para su exposición ‘Arte Urbano. De los orígenes a Banksy” que narra la historia de las pinturas callejeras y su llegada a los museos y galerías de arte.

Se trata de un recorrido desde las primeras pinturas en el Bronx de Nueva York de los años 60 y 70 del siglo pasado, la explosión de los años 80, la llegada a Europa y su reconocimiento como arte, hasta nuestros días y su internacionalización por internet.

La exposición, que podrá visitarse hasta el 3 de mayo, también plantea una sección final en la que se analiza la eterna pregunta de si ¿es arte o es vandalismo?.

La práctica de pintar en lugares y soportes públicos nace en el barrio marginal del Bronx, en Nueva York, cuando jóvenes africanos y puertorriqueños comienzan a dejar su firma en lugares públicos como paredes, vagones de metro o farolas.

Conscientes de que su actividad es ilegal, firman con pseudónimo y su afán es pintarlo por toda la ciudad a modo de protesta, como hace TAKI 183, un mensajero que inunda las calles de Nueva York a finales de los 60 y que pronto logró multitud de seguidores.

Son los 'tags' de decenas de jóvenes que empiezan a sofisticar el diseño de sus firmas con letras burbuja, letras cuadradas y angulosas o con delineados en colores brillantes y compiten entre ellos para que su nombre luzca en los lugares más inverosímiles.

A principios de los 80, y en plena lucha de las autoridades por borrar esas pintadas multicolores y explosivas, surgieron algunas galerías de arte que reconocieron el valor de estas obras y conectaron con grafiteros como Seen, Crash o Jean-Michel Basquiat y Keith Haring, y expusieron su obra, lanzándolos a la fama.

La práctica llegó también a Europa, donde grafiteros más figurativos y con una clara temática de protesta y reivindicación explotaron en París y Berlín, seguidos rápidamente por artistas callejeros en Italia y España.

En la presentación de la muestra, uno de los grafiteros españoles más conocidos, Suso33, ha explicado que en España fueron “pioneros en pasar del grafiti de letras a iconos y figuras”, que no sólo pintaban en paredes, sino que aprovechaban la propia arquitectura como los esquinazos o los vacíos de las ventanas para darle un nueva dimensión a sus obras.

Ya en los años 2000, las técnicas, soportes y enfoques se diversifican, y, gracias a internet y las redes sociales, se popularizan mundialmente, de modo que las obras ya no existen solo en el lugar en el que se realizan, sino que se reproducen, comparten y reinterpretan por todo el planeta. EFE

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