Miguel Caiceo: "Cuando fui monaguillo miraba embobado el retablo en vez de ayudar al cura"

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Alfredo Valenzuela

Sevilla, 21 ene (EFE).- Actor, humorista, dramaturgo, pintor, cartelista, anticuario, conferenciante, Miguel Caiceo (Sevilla, 1950) es sobre todo coleccionista, como revela la exposición 'Pintura y coleccionismo', una afición que tiene desde niño, cuando, recuerda: "Fui monaguillo y en vez de ayudar al cura me quedaba embobado mirando el retablo".

Claro que no se trataba de un retablo cualquiera, sino del de Martínez Montañés en la iglesia de San Lorenzo de Sevilla, algo que también determinó la inclinación barroca de Caiceo, como demuestra en 'Pintura y coleccionismo', una exposición en la Casa Fabiola de Sevilla que podrá verse hasta el 1 de marzo y en la que establece "un diálogo" entre sus propias pinturas, dibujos y 'collages' con obras maestras costumbristas de su propia colección.

"Desde niño, mi padre me daba dos reales y me iba al Jueves (el rastro de Sevilla) y me compraba cualquier cosa, aunque fuera una caja de cerillas para empezar otra colección, porque he coleccionado de todo; solo de arte tengo colecciones de arte contemporáneo, de arte religioso, de pintura antigua y de obras en papel".

"Las obras en papel tienen mucha impronta y mucha fuerza, y en España aún no se les da la importancia que tienen en otros países como Francia e Inglaterra", ha añadido el artista polifacético, quien atesora valiosas series de dibujos, grabados, litografías y bocetos.

Y demuestra ese aserto señalando un dibujo incluido en 'Pintura y coleccionismo', obra de Zuloaga a lápiz que muestra a un mendigo desnudo y que es uno de los cuadros más expresivos de la muestra, donde hay otras debidas a Bacarisas, Jiménez Aranda, José Arpa, Gonzalo Bilbao y Aureliano de Beruete, entre otros maestros españoles de la pintura y el dibujo de finales del XIX y principios del XX.

La exposición reúne también obras curiosas como un retrato de Tórtola Valencia, bailarina española que fue musa de Valle-Inclán, pintado por Ricardo Mir, y dos dibujos de Manuel Gómez Moreno, que fue amigo de Fortuny, todas las cuales llevan marcos que Caiceo ha ido encontrando en mercadillos, no en balde se autotitula "rastrólogo".

La exposición se compone de 52 obras de maestros costumbristas -algunas anónimas, y también otras atribuidas pero sin firma- y 63 del propio Caiceo, entre ellas dos "guiños" a Picasso, artista al que considera por encima de todos y al que en sus exposiciones siempre rinde homenaje.

Del total de piezas artísticas que acumula, Caiceo ha sido incapaz de dar una cifra -solo su colección costumbrista suma unas 600-, pero sí comenta con humor que en su casa es difícil pasar de una habitación a otra y que los dos patios con los que cuenta ha tenido que techarlos como repositorios, en una vivienda del siglo XVIII de 800 metros.

También tiene colecciones importantes de cerámica y de antiguos objetos metálicos, pero su debilidad son las primeras vanguardias y la vanguardia española integrada por Gris, Zóbel, Lucio Muñoz, Gerardo Rueda y Carlos Saura, maestros de los que también posee obras.

El humor también está presente en sus obras, pero, ha advertido, "son dos cosas muy distintas; el humor es otra dimensión pero mis pinturas nunca van al dramatismo y algunas arrancan una sonrisa", dice en alusión a unos retratos de niños, dibujados en colores y de aire alegre.

Mientras que de su faceta como actor ha zanjado: "Los actores antes trabajamos todos los días de la semana y descansábamos uno; ahora trabajamos uno y descansamos todo el mes". EFE

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