La mujer asesinada por su ex en Barcelona pidió una orden de protección 3 días antes

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La mujer de 26 años asesinada por su exnovio en el barrio de El Clot de Barcelona el 21 de marzo de 2022 solicitó una orden de protección el 18 de marzo, 3 días antes de que su expareja la estrangulase.

Así lo ha explicado este viernes un agente del Grupo de Atención a la Víctima (GAV) de Mossos d'Esquadra en el juicio con jurado que se celebra en la Audiencia de Barcelona.

El testigo ha explicado que, tras acudir dos días consecutivos a la comisaría, la víctima finalmente decidió presentar una denuncia y solicitó una orden de protección en la que especificó que no quería que el acusado pudiese acercarse a ella ni a su hijo --menor de edad-- ni comunicarse con ella por ninguna vía.

El miembro del GAV ha explicado que el juzgado tenía un plazo de 72 horas para decidir si concedía o no esta orden de protección y que no sabe si se hizo alguna gestión para localizar al acusado porque su horario laboral es de lunes a viernes "y la denuncia se puso el viernes".

Así lo ha manifestado pese a reconocer que aunque la víctima denunció --y él elevó el riesgo en un punto--, la sensación que se le quedó fue "mala, de intranquilidad", por lo que decidió comentar el caso personalmente con la unidad instructora de atestados de violencia de género y quedó pendiente concretar si se emitiría una orden de detención contra el procesado.

DOS ENCUENTROS CON EL GAV

El mosso ha explicado que la primera vez que se reunió con ella fue el 17 de marzo en la comisaría de Les Corts, a donde fue derivada por la Guàrdia Urbana de Barcelona (GUB) después de que su expareja la abordara en la calle cuando paseaba junto a su nuevo novio, le rociase una cerveza en la cabeza y le arrebatara el móvil para intentar impedir que pidiese auxilio.

Inicialmente ella le restó importancia a este episodio, pero en un momento determinado comenzó a mirar el móvil y a mostrar "nerviosismo" y, con los ojos vidriosos, le comunicó al policía que el acusado le había dicho que estaba fuera, que había entrado en la comisaría y que se encontraba en la recepción.

El testigo ha asegurado que fue a comprobarlo personalmente y que el acusado "estaba ahí, como le había dicho por mensajería" a su expareja, intentando saber si ella estaba en la sala de espera y si lo había denunciado, pero que se le comunicó que no, se le pidió que se fuera y él obedeció.

Tras este hecho, ella se derrumbó y explicó que él la perseguía, le hacía esperas en el trabajo, la llamaba constantemente para que volviese con él y que llegó a amenazarla con un cuchillo en la vía pública.

Finalmente, el mosso la convenció para que denunciase, pero se hizo tarde porque ella tenía que regresar al trabajo y él, intranquilo, decidió acompañarla al Metro, le dio un número de teléfono y quedaron en que se citarían de nuevo al día siguiente.

Como habían acordado, ella regresó a la comisaría el 18 de marzo y explicó que el día anterior su expareja la había esperado a la salida del trabajo y la había amenazado y relató diversos episodios de violencia física y verbal que vivió desde el principio de la relación, en 2013, hasta la ruptura, en 2021.

A partir de ese momento él "la controla mucho más, ejerce un control mayor a pesar de que no conviven juntos", llamándola diariamente unas 50 veces, según el mosso.

La víctima explicó que en febrero --un mes antes del crimen--, el acusado la obligó a ir a su domicilio tras amenazarla con una navaja en la calle y, una vez allí, le colocó un cuchillo "de grandes dimensiones" en el estómago para que le enseñase el contenido de su móvil; esta escena se desarrolló en presencia del niño y ella finalmente consiguió pedir auxilio.

Los gritos los escuchó una vecina que llamó a la policía y los mossos que acudieron al incidente han explicado que, al llegar, fue él quien abrió la puerta y dijo, de forma muy fría, que habían tenido una disputa verbal por un tema que no les incumbía y que ella "tenía los ojos rojos, síntoma de haber llorado".

"Lo único que logré que me explicara es que había salido de fiesta el día anterior, que había llegado tarde y que su pareja estaba enfadada, furiosa, enojada porque se había tenido que quedar a cargo del niño", ha recordado un mosso, que ha añadido que ella dijo que no le había pegado pero que su cara no explicaba lo mismo y que parecía que con la mirada quisiera decir algo que no manifestaba con la voz, textualmente.

Otro de los policías ha añadido que estaba "asustada", con la cara descompuesta, que él le pidió que le enseñase el cuello y los brazos, pero que no presentaba signos visibles de violencia.

El último mosso que intervino en este incidente ha dicho que ella no quiso denunciar, que le restó importancia a lo sucedido, pero que se quedaron intranquilos y se hizo una minuta policial que se derivó al GAV para que se le tomara denuncia.

También, que antes de irse pidieron a la vecina que si volvía a escuchar algún ruido "no dudaran en llamar" y que acudirían ellos mismos.

EL DÍA DEL CRIMEN

El 21 de marzo de 2022 él se presentó en la comisaría de la GUB en Sant Martí (Barcelona) con un DNI en la mano y dijo a los dos agentes de puerta que se lo había encontrado y que venía a entregarlo.

Los agentes han explicado que, tras entregar el documento de identidad, manifestó: "Vengo a entregar el DNI y aparte vengo a entregarme por homicidio: he matado a mi mujer y está en casa".

Uno de ellos ha explicado que se quedó estupefacto y que al principio dudaron de la veracidad de su relato, pero que el acusado estaba tranquilo, no daba la impresión de que estuviese bebido, que hubiese consumido alguna sustancia o que tuviese una enfermedad mental: "Cero olor a alcohol, cero balanceo, cero divagación, tenía muy claro lo que decía y a lo que venía".

El sargento de la GUB ha añadido que, cuando los agentes de puerta se lo comunicaron, se dirigió al acusado, que reconoció: "La he matado, la he ahorcado".

Al ver su frialdad, le preguntó sorprendido si la chica había fallecido, a lo que él se limitó a responder que fuesen al domicilio a comprobarlo.

Antes de descubrir el cadáver, al cerciorarse de que sobre él pesaba un requerimiento policial por violencia de género de pocos días antes, lo arrestaron: "Me sorprendió la frialdad con la que me lo explicó. No había remordimiento ni culpabilidad, con una naturalidad que asombraba".

SE ENFRENTA HASTA A 42 AÑOS

La Fiscalía solicita 38 años y un mes de prisión para el acusado y que indemnice con 377.500 euros a los familiares y a la expareja de la fallecida, además de abonar 8.510 euros de los gastos funerarios.

Por su parte, la acusación particular, que representa al padre y hermanos de la víctima, solicita 4 años más de prisión --un total de 42 años--, al sumar un delito contra la administración de justicia.

La defensa pide para él 15 años por homicidio doloso con la atenuante de consumo de estupefacientes y de confesión.