Carmen Sigüenza
Madrid, 20 feb (EFE).- A caballo entre el realismo rural y mágico, la poesía y el humor, la escritora Cristina Sánchez-Andrade ha construido 'Habitada', una novela situada en la galicia profunda y patriarcal e inspirada en un hecho real ocurrido en 1925 llamado "corpo aberto", una especie de posesión.
Un fenómeno que fue recogido por la prensa, a cuya protagonista llamaron 'La Iluminada' y del que se cumplen ahora cien años. Un caso que ha servido a la autora para evidenciar cómo se estigmatizaba a las mujeres llamándolas 'locas' o 'brujas' cuando se salían de la norma.
"Cuando uno es 'corpo aberto' tiene un campo energético débil o abierto y eso facilita que espíritus, meigas o entidades entren en el cuerpo y afecten a su bienestar", ha explicado a EFE la escritora, profesora y critica literaria Sánchez-Andrade.
Y eso es lo que le pasa a la protagonista de 'Habitada', Manuela, una joven casi analfabeta que ha sufrido maltrato, abusos sexuales y vejaciones de todo tipo por parte del padre, del amo, o del abad y que un día se encama sin comer y sin que nadie sepa qué le pasa.
Pero en un momento dado baja al arroyo, bebe agua y dice que le ha entrado el espíritu de un clérigo de Ortigueira muerto en la Habana, y a partir de ese instante empieza a hablar con acento cubano, voz varonil, da consejos, moraliza; entiende de filosofía, predica y sabe la liturgia de la misa.
Un argumento poblado de intrigas, meigas, conjuros y personajes estrafalarios, en la que la autora de 'La nostalgia de la mujer anfibia' o de 'El niño que comía lana', despliega una niebla cargada de poesía y mucho humor, "como vía de escape, para que yo misma no me hunda en un pozo oscuro mientras escribo y, por otra parte, para que el lector tenga sus momentos de respiro", precisa la autora.
Y es que es Sánchez-Andrade también muestra lo duro y cruel que era la Galicia profunda para las mujeres en medio de una estructura llena de represión religiosa y tabúes sexuales y en el que todo el mundo intentaba ejercer su poder sobre el que estaba debajo.
"Cuando leí la leyenda recuerdo que me pregunté qué es lo que le pasaría realmente a esta pobre chica para llevar cuatro años con una enfermedad de 'tipo tuberculoso' o una neurastenia. Todos sabemos que, en tiempos pasados, los malestares de las mujeres eran ignorados, no se les daba la importancia que tenían, o se asociaban directamente con el aparato reproductor (el útero en concreto, a través de la histeria), o con la locura, por no hablar de la brujería", recuerda.
"Pero todas esas mujeres, ¿estaban locas o simplemente necesitaban vivir, salir de casa, crear? ¿Necesitaban ser tratadas de histéricas o eso era una manera de doblegar su transgresión? ¿Eran brujas o se empeñaban por no vivir esa vida aburrida y mojigata?", se pregunta la autora.
"Como punto de partida, me he fijado en todas aquellas mujeres del siglo XIX y principios del XX, entre ellas muchas escritoras, que decidieron ir a contracorriente para escapar de una sexualidad castrante y de un sistema patriarcal que las condenaba al confinamiento doméstico", matiza.
Con la naturaleza muy presente como un personaje más, la novela, muy carnal, con sabor a Valle-Inclán, Cela o Cunqueiro, tiene un lenguaje muy cuidado y está escrita en primera persona. La primera parte está construida sin mayúsculas, muy oral, y en la segunda en voz del clérigo de Ortigueira, con un lenguaje culto con giros cubanos. EFE


