Elena Crespi: "Nadie piensa en cómo se sentirán de mayores los hijos de la subrogada"

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Lara Malvesí

Barcelona, 14 ago (EFE).- La psicóloga y especialista en terapia sexual Elena Crespi ha publicado 'El negoci dels nadons' (El negocio de los bebés. Ed. Raig Verd) sobre la práctica de la gestación subrogada, en el que denuncia que durante todo el proceso la atención y derechos son para los "clientes" y no para el futuro del niño ni mucho menos para la gestante.

"Nadie piensa en cómo se sentirán de mayores los hijos de la gestación subrogada. Estos niños heredarán el conflicto moral de sus padres", ha contado en una entrevista con EFE.

Crespi se muestra crítica con esta práctica que, a pesar de ser ilegal en España, encuentra "grietas en el sistema" que permiten finalmente inscribir al menor para que tenga pasaporte español.

"Se habla muy poco de las madres gestantes, se habla muy poco de lo que pasan para poder llevar a término una gestación para otra persona y se habla muy poco del impacto que puede tener esto en el bebé", cuenta.

Crespi señala que nadie duda que los padres querrán a ese bebé, pero no podrán evitar que llegue el día en que esos menores descubran su procedencia y reflexionen sobre ella.

"Tendrán que aceptar que para su llegada hubo una transacción económica y hubo una mujer que puso el cuerpo. En el libro nombro a Olivia Maurel, una chica que es hija subrogada en Francia y que se ha posicionado públicamente en contra del procedimiento", ha señalado.

Además de otros aspectos, la separación del recién nacido de su madre también tiene "consecuencias emocionales" y de apego para el bebé, cuenta, por esa separación que impide el "piel con piel", dejando en el pequeño una herida primitiva, asegura.

"A nivel emocional y sensitivo le separan de aquel terreno que conoce, se siente muy desamparado, es una herida de abandono muy grande", añade.

Crespi denuncia asimismo que los partos de subrogada se programan de forma sistemática como cesárea para evitar el contacto de la gestante con el bebé.

"Llevamos años trabajando contra la violencia obstétrica y a favor de que haya embarazos respetados, partos respetados, etcétera, y la subrogada va en la otra dirección, con cesáreas que son la norma pese a no ser recomendadas médicamente salvo cuando no queda más remedio", advierte.

Otra consecuencia negativa para la llamada "madre gestante", que es la parte más débil de un negocio que no para de crecer y en 2023 generó 15.700 millones de euros (con la expectativa de que alcance los 74.000 en 2031 si sigue al mismo ritmo), según su investigación.

Crespi señala que aunque las páginas web en España y todo el mundo usan la narrativa de "cumplir el sueño de ser padres" y de que las mujeres se prestan para ayudar a los que no pueden de forma prácticamente desinteresada, lo que se esconde detrás es mucho menos "blanco".

La peor parte se la llevan las 'macrogranjas' de mujeres en lugares como Ucrania o la India en las que decenas de mujeres viven juntas los embarazos con el "control", bajo el eufemismo de "cuidados", de la propia empresa de subrogación, que así además "ahorra gastos".

Una vigilancia sobre la madre gestante, destaca, no se limita a hacerle firmar una cláusula sobre que no va a poder echarse atrás tras el parto, sino que va más allá e incluye que "no viajarán, ni harán deporte, ni siquiera saldrán de noche o tendrán relaciones sexuales durante los nueves meses".

El dinero que reciben, teóricamente en concepto de compensación por el tratamiento médico, dependerá de si los subrogadores han contratado un "paquete low cost" o uno "premium", apunta Crespi, quien llama la atención sobre la frivolización de los "eufemismos" que se usan para hablar de un asunto que "al final trata de vidas humanas". EFE

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