Granada, 23 dic (EFE).- Un equipo multidisciplinar de la Universidad de Granada (UGR) y el Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) de Tarragona ha demostrado, por primera vez con datos cuantitativos, que los primeros pobladores de Europa ya se adaptaron al cambio climático, con grandes fluctuaciones.
El trabajo centrado en los yacimientos de Orce (Granada) ha permitido reconstruir la evolución del hábitat y del clima en el que vivieron los primeros grupos humanos de Europa gracias al análisis de los restos óseos de las especies de anfibios y reptiles recuperados en el municipio.
Responsables de ProjectORCE, coordinado por la UGR y que dirige el profesor del departamento de Prehistoria y Arqueología Juan Manuel Jiménez Arenas, han explicado a EFE que se ha aplicado un algoritmo y se han implementado herramientas SIG (sistemas de información geográfica) para comprobar la adaptación de los primeros europeos al cambio climático.
Esta tecnología ha permitido reunir, gestionar y analizar datos de diferente naturaleza para demostrar cómo se adaptaron en los diferentes yacimientos de Orce a las grandes fluctuaciones meteorológicas, según ha explicado la investigadora Ana Fagoaga.
Las conclusiones de este estudio han sido posibles con el análisis de restos con 1,5 millones de años de antigüedad procedentes de mamuts, hipopótamos, rinocerontes o hienas gigantes, pero también de ranas y serpientes que actúan como "estaciones climatológicas" por su dependencia de los datos climatológicos.
Los resultados del estudio indican que los primeros habitantes del continente europeo lidiaron con unas condiciones ambientales diferentes en Barranco León (1,4 millones de años) y en Fuente Nueva 3 (1,3 millones de años), dos de los yacimientos de Orce.
En Barranco León, yacimiento de 1,4 millones de años de antigüedad, hubo un ambiente cálido que varió hacia condiciones cada vez más frías y áridas frente a Fuente Nueva 3, donde se llega al máximo de aridez y frío para oscilar hacia condiciones más favorables, húmedas y cálidas.
Los restos del Ophisaurus, un lagarto sin patas que ya no tiene presencia en Europa pero sí en el norte de Marruecos y el sureste asiático, han servido para modelizar su hábitat y estudiar por qué sí está documentada su presencia en Barranco León pero no en Fuente Nueva 3, permitiendo que los cálculos climáticos sean más precisos.
Estos nuevos datos han permitido esclarecer el marco ecológico en el que se movieron los primeros homínidos en Europa.
"El clima, y en consecuencia el paisaje, jugaron sin duda un papel muy importante en las dispersiones y comportamientos humanos durante el Pleistoceno", ha apuntado el investigador Christian Sánchez, que ha apuntado que sirve además para comprender la evolución de las rutas de estos pobladores o sus avances tecnológicos.
El proyecto abordará en el futuro la reconstrucción climática de los niveles más antiguos de los yacimientos de Orce. EFE
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