Roberto Jiménez
Valladolid, 3 dic (EFE).- Aquellos años de la Corte de Felipe III en Valladolid (1601-1606) fueron pródigos en fastos, especulaciones e intrigas de logreros y buscavidas palatinos, mientras Cervantes enjaretaba sus Novelas Ejemplares junto a la Esgueva y Jerónimo de Ayanz probaba su prototipo de buzo en el Pisuerga, los dos ríos de la capital.
Fue el 2 de agosto de 1602 cuando el polifacético Jerónimo de Ayanz y Beaumont (1553-1613) desarrolló y probó en las aguas del Pisuerga, delante del mismísimo Felipe III, un prototipo de traje de buzo que anticipó en más de dos siglos el casco de buceo patentado durante el primer tercio del siglo XIX por Charles Anthony Deane.
Una réplica del buzo de Ayanz, a tamaño real desde un diseño previo realizado en 3D, puede contemplarse hasta el 28 de enero en el vestíbulo del Museo de la Ciencia de Valladolid como recuerdo y homenaje a este acontecimiento histórico escasamente conocido pero plenamente documentado en el Archivo General de Simancas.
Aprovechando que el Pisuerga...
La frase hizo fortuna, a buen seguro para recalcar la oportunidad de medro que al amparo de la Corte ofrecía entonces Valladolid y que muchos trataron de exprimir, algunos como el navarro Ayanz para sacar adelante sus proyectos, uno de ellos en las aguas del Pisuerga donde ese 1602 ensayó varias inmersiones por un tiempo prolongado.
Un conducto para recoger el aire, otro para su expulsión y un sistema de fuelles y válvulas para procurar la ventilación ideó este inventor en una época donde la ciencia y tecnología no estaba tan avanzada en España, según explica en sus escritos el historiador Nicolás García Tapia, quien ha investigado la figura de Ayanz.
¿El Leonardo español?
Militar, ingeniero, científico, administrador de explotaciones mineras, compositor y algo de pintor, allí donde fue destinado aplicó sus ingenios a necesidades prácticas como la ventilación y el drenaje en el interior de las minas mediante prototipos que se asemejaron a la máquina de vapor y, en cierto modo, la anticiparon.
Experimentó en la metalurgia, teorizó sobre sistemas económicos para rebajar los costes de producción, propuso reformas administrativas para potenciar la industria y planteó la creación de escuelas de minería cuando en 1597 fue nombrado por Felipe II administrador general de las minas del reino, apunta García Tapia.
Por su visión, talento y anticipación en ingenios, aplicaciones y normativas, a Jerónimo Ayanz se le ha llegado a equiparar con Leonardo de Vinci, comparación que el historiador Nicolás García Tapia ha desechado al considerar al español menos teórico y más realista en sus inventos que, también a diferencia del florentino, siempre patentó e ideó con alguna finalidad práctica.
Incomprensible olvido
Más de medio centenar de invenciones inscribió Ayanz ante el Consejo de Castilla para su protección mediante patentes, también ante el Consejo de Indias para desarrollar en América sus prototipos de buceo como consta que se hizo en Isla Margarita (Venezuela) para la extracción de perlas, según apunta García Tapia en sus estudios.
Todos los ingenios figuran en el Archivo de Simancas, aguas abajo del Pisuerga, dentro de una sección inventariada hace no tanto tiempo, lo que explicaría el desconocimiento de los investigadores y algo del olvido que el historiador consultado achaca también a la envidia y competencias desleales en una época donde en España las ciencias todavía no habían adelantado 'una barbaridad'.
Al rescate de Ayanz, enterrado en la catedral de Murcia pero sin inscripción que lo delate, contribuye ahora el Museo de la Ciencia de Valladolid con su directora, Inés Rodríguez, a la espera del monumento que a este episodio histórico fue proyectado hace meses en Valladolid a instancias de la Asociación de Amigos del Pisuerga. EFE
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