Esta hortaliza es muy beneficiosa después de los 60 años: apenas se consume, es rica en antioxidantes y barata

Es un alimento muy interesante a nivel nutricional y se puede incluir en numerosos platos

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Cuidar la alimentación es especialmente importante a partir de los 60 años
Alimentos saludables. (Freepik)

Cuidar la alimentación es uno de los pilares fundamentales para tener una buena salud. Sin embargo, cuando se pasa la barrera de los 60 años, toma una relevancia especial por numerosos motivos. En esta etapa de la vida, el organismo experimenta cambios fisiológicos que afectan al metabolismo, a la masa muscular y a la capacidad de recuperación, lo que hace necesario prestar una mayor atención a la calidad de la dieta.

También es habitual que, con la edad, disminuya el apetito y se reduzca la absorción de ciertos nutrientes, por lo que es importante garantizar la ingesta de todos ellos mediante una alimentación equilibrada.

En este contexto, es importante comer alimentos frescos y evitar los ultraprocesados. Al ver esto, muchas personas piensan en la fruta o la verdura, opciones muy necesarias para nuestro organismo. No obstante, pocas veces se habla de las hortalizas.

Las hortalizas destacan por su alto contenido en agua y su bajo aporte calórico, lo que las convierte en un alimento ideal para mantener un peso saludable. Además, su fibra contribuye al buen funcionamiento del sistema digestivo y ayuda a regular los niveles de colesterol y glucosa en sangre.

Aunque todas las hortalizas son nutritivas y tienen espacio en la dieta, hay una en concreto que está muy infravalorada: el nabo. A pesar de ser un alimento que se consume en menor medida, tiene efectos muy positivos en la salud, especialmente al cumplir los 60 años.

Los beneficios del nabo en la dieta

Se trata de una hortaliza de la familia de las crucíferas, un grupo de alimentos conocido por su presencia de compuestos bioactivos, como los glucosinolatos, que son interesantes por su papel protector frente al daño celular.

Son especialmente beneficiosas a partir de los 60 años
Imagen de nabos. (Freepik)

Uno de sus aportes más relevantes es la vitamina C, que contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, algo especialmente importante en edades avanzadas, cuando las defensas pueden debilitarse de forma progresiva. Además, esta vitamina interviene en la formación de colágeno, una proteína clave para el mantenimiento de tejidos como la piel, los cartílagos y los vasos sanguíneos.

El nabo también aporta minerales como el potasio, que ayuda a regular la función muscular y el equilibrio de la presión arterial, dos aspectos especialmente relevantes en la población mayor. A esto se suma su contenido en fibra, que no solo favorece la función digestiva, sino que también puede contribuir a una mejor regulación metabólica.

También es una fuente interesante de compuestos con acción antioxidante, que ayudan a combatir el estrés oxidativo provocado por el paso del tiempo y por determinados factores externos como la contaminación o una alimentación desequilibrada. Este proceso oxidativo está relacionado con el envejecimiento celular y con el desarrollo de diversas patologías, por lo que incluir alimentos ricos en antioxidantes en la dieta puede resultar beneficioso en edades avanzadas.

Expertos esperan que los precios de las frutas y verduras frescas suban debido a la creciente guerra comercial.

Las hojas del nabo, el gran desconocido

Aunque muchas personas tiran las hojas de esta hortaliza, lo cierto es que son comestibles. Estas concentran muchos nutrientes, como la vitamina K o el calcio, implicados en el mantenimiento de la salud ósea. Este aspecto resulta especialmente relevante a partir de los 60 años, cuando aumenta el riesgo de pérdida de densidad ósea.

Una de las formas más habituales de consumo es cocinarlas salteadas, como si se tratara de espinacas o acelgas, acompañadas de ajo y un chorrito de aceite de oliva. También pueden incorporarse a cremas y purés de verduras, aportando un toque diferencial. Otra opción es utilizarlas en guisos o potajes, donde se integran fácilmente con legumbres o patatas.