Científicos descubren un camino de baldosas amarillas en el fondo del océano: “Es el camino a la Atlántida”

El ser humano solo ha fotografiado entre el 0,0006 y el 0,001 % del lecho marino profundo

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Camino de baldosas amarillas en el fondo del océano.
Camino de baldosas amarillas en el fondo del océano. (YouTube/EVNautilus)

En el fondo del océano Pacífico, al norte de las islas hawaianas, existe un camino que ha dejado perplejos a los científicos. No lo construyó ninguna civilización perdida ni conduce a una ciudad esmeralda, pero cuando los investigadores del buque Nautilus lo encontraron en 2022, la primera reacción fue de asombro puro.

“Es el camino a la Atlántida”, exclamó uno de los científicos por radio. “¿El camino de baldosas amarillas?”, replicó otra voz. “Esto es extraño”, añadió un tercero. “¿Estás bromeando? Esto es una locura", decían una y otra vez los integrantes, tal y como recogen desde el medio especializado Science Alert.

No estaban bromeando. A más de 3.000 metros bajo la superficie, el equipo del Ocean Exploration Trust había topado con una de las imágenes más insólitas que ha deparado la exploración submarina reciente.

Un lecho lacustre en el fondo del mar

La escena se encontró durante la inspección de la cresta Liliʻuokalani, dentro del Monumento Nacional Marino Papahānaumokuākea (PMNM), una de las áreas de conservación marina más grandes del mundo, mayor que todos los parques nacionales de Estados Unidos juntos. Hasta ahora, apenas se ha explorado el 3% de su lecho marino.

En la cima del monte submarino Nootka, el vehículo operado a distancia (ROV) reveló lo que los propios investigadores describieron como un “lecho de lago seco“: una superficie rocosa fracturada en bloques rectangulares de llamativo aspecto geométrico que, a simple vista, simulan un pavimento perfectamente alineado. Por radio, el equipo comentó que el terreno parecía casi una ”costra horneada que se podría despegar”.

Científicos descubren un camino de baldosas amarillas en el fondo del océano
El robot manejado a distancia. (YouTube/EVNautilus)

Geología, no magia

La explicación detrás del curioso pavimento es totalmente natural. La formación ha sido identificada como un flujo fracturado de roca hialoclastita, un tipo de roca volcánica formada en erupciones de alta energía donde numerosos fragmentos se depositan en el lecho marino.

“Las singulares fracturas de 90 grados probablemente estén relacionadas con el estrés de calentamiento y enfriamiento causado por múltiples erupciones en este borde erosionado”, explicaron los responsables del hallazgo. Aunque este fenómeno es común en superficies volcánicas terrestres, su aparición en un entorno submarino es poco frecuente.

A lo largo de la misma cadena de montes submarinos, el equipo también tomó muestras de basaltos recubiertos con costras de ferromanganeso de distintas profundidades, así como de rocas pómez que describieron como “casi parecían esponjas”.

Un océano casi inexplorado

El hallazgo pone de relieve cuánto queda por descubrir bajo los mares. Un estudio de 2025, elaborado por la Ocean Discovery League, la Institución Scripps de Oceanografía y la Universidad de Boston, calculó que en los 67 años de exploración profunda, los humanos hemos fotografiado visualmente apenas entre el 0,0006% y el 0,001% del lecho marino profundo.

La superficie total estudiada (entre 3.823 km²) es apenas un poco más grande que Rhode Island, o aproximadamente una décima parte de Bélgica.

Un hallazgo en Australia está cambiando todo lo que sabíamos sobre la evolución marina. El fósil de un tiburón de 115 millones de años revela que los grandes depredadores de los océanos aparecieron mucho antes de lo que se creía.

Una puerta abierta a la investigación

Más allá de la curiosidad que despertó, el descubrimiento tiene consecuencias científicas concretas. Según los investigadores del Ocean Exploration Trust, “nuestra exploración de esta zona nunca antes estudiada está ayudando a los investigadores a observar con mayor profundidad la vida que se desarrolla en las laderas rocosas de estos antiguos y profundos montes submarinos”.

Desde entonces, los científicos se han centrado en las comunidades microbianas que habitan dentro de las costras de ferromanganeso que recubren las superficies rocosas, así como en cómo estas costras varían de una región a otra en las cuencas oceánicas. “Estos estudios ayudarán a proporcionar información de referencia sobre las comunidades vivas de los montes submarinos que puede servir de base para las medidas de gestión y conservación”, concluyen.