La pastora de 18 años que cambia los estereotipos: “Mi objetivo en la vida es criar corderos lo mejor posible”

Aunque no renuncia a su sueño de tener entre 100 y 700 ovejas, no dice que no a una buena fiesta

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La ganadera de 18 años que rompe estereotipos
La ganadera de 18 años que rompe estereotipos. (Frepik/Imagen ilustrativa)

Entre balidos y el olor a paja, Maïwenn Bérard recorre las etapas educativas con la soltura de quien ya sabe exactamente qué quiere de la vida. Con tan solo 18 años, esta estudiante originaria de Tancarville, en Seine-Maritime (noroeste de Francia), cursa el primer año de un Diploma de Formación Profesional Superior de Ganadería.

Lejos de los prejuicios que rodean a una profesión mayoritariamente masculina, Maïwenn habla de su vocación con una claridad que desarma: “Me gusta mucho este recorrido, desde el nacimiento hasta el sacrificio. Hacer nacer en las mejores condiciones, criar lo mejor posible y al final estar orgullosa del producto que los consumidores van a consumir. Hasta yo misma lo voy a consumir. Estoy orgullosa de comer un cordero del cual sé de dónde viene, cómo y dónde fue criado y sacrificado en buenas condiciones, sin estrés. Ese es mi objetivo en la vida”, ha reconocido al medio francés Ouest France.

El origen de esa certeza hay que buscarlo en los fines de semana que pasaba en la granja de sus abuelos, en la región de Orne. Prefirió cuidar de las vacas a los videojuegos de su hermano menor. “Surgió de manera bastante natural. Siempre me ha gustado estar en la granja todos los fines de semana en casa de mis abuelos cuando era niña”, ha recordado.

El negocio familiar, en pie

Aunque su padre no tomó el relevo de la explotación familiar, los animales nunca desaparecieron de su vida cotidiana: “Siempre tuvimos animales en casa. Siempre ha sido evidente. Siempre me ha gustado criar animales: lagartos, caballos, terneros, conejos, peces. Simplemente, no podía tener vacas en casa”.

Durante su bachillerato profesional descubrió las ovejas de raza Vendée, dóciles y menos exigentes que el ganado bovino. La elección de Agricampus en Laval no fue casual: el centro cría precisamente esta raza. “Me di cuenta de que me gustan mucho más las ovejas que ordeñar. Me levantaba a las cinco de la mañana”, ha comentado.

Un cordero en un prado verde
El cordero es el animal favorito para criar de Maïwenn. (Pixabay)

El día a día

La labor de pastora no se limita a la alimentación del rebaño. Maïwenn lo sabe y, como ha explicado: “Una oveja que tiene las pezuñas largas seguramente tendrá rozaduras. Una oveja que no camina es una oveja que será retirada del rebaño, así que es muy importante para su salud, para nosotros y, sobre todo, para ella.”

Las mañanas en el redil tienen su propio ritual. “Cuando acabamos de levantarnos y ellas solo esperan comer, nos reciben alteradas... A veces es un poco cansado, pero una vez que están alimentadas, se calman y luego podemos trabajar tranquilamente. Y en realidad me gusta, de todas formas. Es gracioso, al menos, ponen el ambiente desde la mañana, empieza el día.”

Sueños con cifras y raíces

Maïwenn tiene un proyecto futuro trazado con precisión: quiere instalarse en una GAEC, preferiblemente acompañada. “Aunque me gustan las ovejas, me aburro sola. Me gustaría tener entre 100 y 700, y además policultivo para buscar cada vez más resiliencia y autonomía. Hoy es más importante", ha señalado.

Aunque sobre la ubicación aún no se decide. Seine-Maritime sería ideal, cerca de su familia, aunque ha reconocido que “es muy caro”. Orne o Mayenne aparecen como alternativas posibles.

El responsable del sector porcino de Unió de Pagesos, Rossend Saltiveri, que también es propietario de una granja de cerdos en Ivars d'Urgell (Lleida), y el presidente de Asaja Catalunya, Pere Roqué, han cifrado en 24 millones de euros las pérdidas semanales del sector porcino español por la peste porcina africana (PPA). (Europa Press)

Estudios, viajar e instalarse, en ese orden

Antes de instalarse, la joven pastora quiere vivir su juventud. “Primero termino mis estudios, luego viajo y después nos instalamos”, ha aclarado. Y no renuncia a nada: ni a las fiestas, ni a las uñas bien arregladas, ni a su identidad más allá del redil.

“Es cierto que me gusta tener las uñas bien arregladas, porque no solo estoy en la granja. También tengo mi vida fuera y salgo de fiestas. No siempre estoy vestida con ropa de granja y eso no me impide en absoluto trabajar en la vida cotidiana”, ha sentenciado.