Nueve ancianos de entre 84 y 94 años se van a vivir juntos para combatir la soledad: “Mejor que un campamento de verano”

Los familiares pueden ir a visitarlos cuando quieran y participan en reuniones para solucionar los problemas

Guardar
Un grupo de jubilados viviendo juntos. (Freepik)
Un grupo de jubilados en una sala de estar. (Freepik)

La soledad es una de las grandes epidemias del envejecimiento. Millones de personas mayores pasan días enteros sin hablar con nadie, sin salir de su casa o sin tener un plan. Frente a este escenario, y como alternativa tanto a la residencia tradicional como a la soledad del domicilio propio, han surgido en Francia propuestas coliving para mayores que apuestan por recuperar algo tan antiguo como el vivir en comunidad.

Uno de esos experimentos toma forma en Mimizan, en el departamento de Landas, al sur de Francia. Allí, la empresa Domani gestiona desde febrero de 2023 el espacio compartido Balcon des Pêcheurs, donde actualmente residen nueve personas de entre 84 y 94 años. Laura Vivien, coordinadora y facilitadora del proyecto, lo ha definido como “un pequeño refugio que ofrece el entorno ideal para brindar un apoyo humano a las personas mayores”.

La filosofía del lugar parte de un principio claro: que mudarse no signifique renunciar a lo que uno ya era. “La mayoría viene de vivir sola y tiene una rutina establecida. Es importante que sigan recibiendo la misma atención en casa, con los mismos cuidadores, médicos y enfermeros”, ha explicado Vivien a Ouest France.

Cada residente dispone de su propio apartamento privado con baño (estudios de entre 25 y 30 metros cuadrados), o si prefiere, un piso de dos habitaciones con 45 metros cuadrados para parejas. En común, tienen sala de estar, comedor y cocina.

El menú, cosa de todos

Las comidas son uno de los momentos vertebradores del día. Pero aquí no hay cocina institucional ni menús impuestos. “Ellos eligen el menú, se les entregan los ingredientes y, con la ayuda de los cuidadores, todos colaboran para preparar los platos lo mejor posible”, ha señalado la coordinadora.

El resto de la jornada transcurre entre descanso, juegos, salidas al aire libre y visitas familiares. Laura Vivien organiza sesiones de ejercicio suave y noches de juegos de mesa. “¡Estoy harta de perder al Scrabble!”, ha bromeado, y proveedores externos ofrecen clases de movimiento y teatro. Incluso, una vez al mes se celebra un evento abierto a las familias.

La soledad, una pandemia silenciosa que genera monstruos: "Es un factor de riesgo enorme para la depresión"

De una paella a los Pirineos en trineo

Así, la vida en la comunidad no se limita a las cuatro paredes de la residencia. “Tuvimos un día español, con un servicio de catering que nos preparó una paella excelente, seguido de clases de baile español con bailarines. Y también un día temático de las Landas: unos zancudos vinieron a darnos una demostración”, ha contado Vivien.

Pero la iniciativa más llamativa llegó en enero de 2025, cuando el grupo viajó a Cauterets, en los Altos Pirineos, para hacer, entre otras cosas, un paseo en trineo tirado con perros. Un familiar de cada persona mayor estuvo presente. La clave está en que las ideas no siempre las propone la organización: “Me dijeron que querían ver las montañas. Les dije que podía tomarles la palabra”, ha recordado la coordinadora.

Los Pirineos
Los Pirineos

“Un castillo de cuatro estrellas”

El modelo también responde a las preocupaciones prácticas de residentes y familias. La residencia mantiene vínculos estrechos con el centro médico local, farmacias y centros de enfermería. Cada residente lleva un sistema de alarma personal conectado a dos vigilantes nocturnos que “pueden responder en cuestión de minutos porque se encuentran cerca”, fuera del horario del personal habitual.

Además, las familias pueden visitar a sus mayores cuando quieran y participan en reuniones periódicas, donde se abordan los problemas. El balance, según los que viven allí, es muy positivo. El Sr. Ropagnol compara su hogar con “un castillo de cuatro estrellas”. La Sra. Maubourguet va más allá y lo considera “mejor que un campamento de verano”. Son los tres hombres y seis mujeres que, entre los 84 y los 94 años, han encontrado en un pueblo una respuesta a la propia pregunta de cómo envejecer sin estar solos.