Unas obras sacan a la luz tres accesos a refugios antiaéreos de la Barcelona que vivió bajo las bombas italianas, alemanas y franquistas durante la Guerra Civil

Las excavaciones realizadas en el barrio de Hostafrancs han permitido identificar tres nuevos accesos subterráneos

Guardar
Plano de Barcelona de 1935 con las zonas bombardeadas en rojo y los regios en negro junto a la imagen de uno de los refugios descubiertos en 2026. (Ayuntamiento de Barcelona)
Plano de Barcelona de 1935 con las zonas bombardeadas en rojo y los regios en negro junto a la imagen de uno de los refugios descubiertos en 2026. (Ayuntamiento de Barcelona)

Durante la Guerra Civil, las calles de Barcelona fueron bombardeadas desde el 13 de febrero de 1937 —ese día el crucero italiano Eugenio di Saboya lanzó sus obuses contra la fábrica Elizalde— hasta el 23 y el 24 de enero de 1939, solo un par de días antes de la toma de la ciudad. El 26 de enero de 1939, el ejército franquista entró en Barcelona y encontró una escombrera sin resistencia, una ciudad exhausta. En tres años, el ejercito aleman y el italiano por aire y mar habían destruido 1.500 inmuebles. El registro del Ayuntamiento anotó 1.816 fallecidos y 2.719 heridos, pero otros documentos cifran los fallecidos en 2.750 y 7.000 heridos. No obstante, saber el número exacto de víctimas es todavía imposible, según recoge ‘La ciudad de los refugios’, un proyecto del Servicio de Arqueología de Barcelona y la Concejalía de Memoria Democrática, en el que se catalogan todos los refugios antiaereos que se habilitaron en la ciudad que vivió dos años bajo las bombas. En las últimas semanas, han aparecido tres accesos nuevos durante unas obras en el distrito de Sants-Montjuïc. No son los primeros, y probablemente tampoco serán los últimos.

Las obras en el barrio de Hostafrancs, concretamente en la calle del 26 de gener de 1641, han dejado al descubierto los tres accesos que no se conocían hasta la fecha y que se cree que corresponden a los refugios antiaéreos 0657, 0874 y 0421, ya documentados. Es una hipótesis que se confirmará tras la inspección del interior. El Servicio de Arqueología y los Mossos d’Esquadra han realizado una primera inspección de seguridad. Los hallazgos se habían producido en diferentes momentos desde el inicio de los trabajos, el pasado mes de febrero, y ahora se está determinando a cuáles de los refugios documentados corresponden.

Imagen de uno accesos encontrados. (Ayuntamiento de Barcelona)
Imagen de uno accesos encontrados. (Ayuntamiento de Barcelona)

Las inspecciones han sido impulsadas tras la localización de los diferentes accesos conforme avanzaban las obras desde la calle de la Creu Coberta hacia Portugalete. El primer acceso fue identificado el 3 de marzo, mostrando una escalera de doce peldaños y dimensiones precisas: 4,16 metros de largo, 1,25 metros de ancho interior, con una altura que oscila entre 2,35 y 1,93 metros. Ese mismo día, se localizó el segundo acceso, con características semejantes: doce peldaños, 3,37 metros de longitud, 1,30 metros de ancho interior y una altura que decrece de 1,92 a 1,76 metros. Por último, el tercer acceso, hallado el 11 de marzo, presenta quince peldaños, 3,72 metros de largo, 1,28 metros de ancho interior y una variación en la altura que va de 2,13 a 2,24 metros. Todas las actuaciones han consistido en retirar los escombros y abrir en puntos seleccionados para constatar que tras el muro existe un espacio continuo.

Qué se sabe de los nuevos accesos a refugios antiaéreos hallados

Los equipos del Servicio de Arqueología y los Mossos d’Esquadra han efectuado inspecciones iniciales de seguridad para determinar la correspondencia exacta de los accesos con los refugios históricos ya documentados. El análisis preliminar sostiene que, como mínimo, el segundo de los accesos hallados se corresponde con el refugio 0657, registrado en un listado de 1938 que recogía únicamente la ubicación de uno de los accesos. La falta de referencias más precisas obliga a esperar resultados de las inspecciones interiores para averiguar si los otros dos accesos conducen al mismo refugio o, en cambio, pertenecen a estructuras independientes cercanas.

En caso de confirmarse esta última hipótesis, los investigadores asocian el primer acceso descubierto al refugio 0874 y el tercero al 0421. Ambos también figuran oficialmente en el registro municipal de refugios antiaéreos de Barcelona. El proceso de documentación se ha centrado en comprobar el estado interior tras los muros tapiados y asegurar que los espacios presentan la continuidad suficiente para su conservación.

Imagen de un edificio bombardeado, a 30 de enero de 1938. (Biblioteca Nacional de España)
Imagen de un edificio bombardeado, a 30 de enero de 1938. (Biblioteca Nacional de España)

Habitualmente, tras verificar y documentar estos hallazgos, las autoridades determinan el futuro de los refugios. El Ayuntamiento de Barcelona, en una comunicación oficial, contempla varias opciones: desde mantener los accesos cerrados y asegurar su protección, hasta impulsar la adecuación de estos espacios como lugares visitables, siempre que se garantice su seguridad, accesibilidad y una adecuada contextualización histórica.

La catalogación de estos refugios forma parte del proyecto La ciudad de los refugios, coordinado por el Servicio de Arqueología de Barcelona, que sigue aportando nuevos datos sobre una red de espacios subterráneos surgida durante los dos años de bombardeos que marcaron la historia urbana de la ciudad. Según ha recogido este organismo, el hallazgo de nuevos accesos constituye un proceso todavía en marcha y refuerza la compleja labor de reconstrucción y conservación de la memoria arquitectónica vinculada a la Guerra Civil.

1.274 refugios para una ciudad que resistió dos años bajo las bombas

En agosto de 1937 el consistorio barcelonés publicó el opúsculo Defensa pasiva antiaérea, conforme detalla la página web del proyecto ‘La ciudad de los refugios’. En él se daban pautas para la construcción de refugios a la ciudadanía, que se había lanzado a construir sin una formación adecuada. Se habilitaron los túneles ya existentes: los del Gran Metro, el del Metro Transversal y los del ferrocarril de Sarrià. Se hicieron accesos nuevos y farolas en los túneles de los Caminos de Hierro del Norte (a lo largo de la Meridiana) y también se acondicionó el acueducto de Montcada.

En total eran 20 kilómetros de túneles con una anchura de cinco metros que podían proteger entre doscientas mil y trescientas mil personas. También se tuvo en cuenta el aprovechamiento de plantas bajas y subterráneas, ya que todo el mundo deseaba tener el refugio en casa. En estos casos, el consistorio barcelonés ayudaba a habilitarlos con el asesoramiento de los técnicos municipales y colaboraba económicamente, sobre todo aportando materiales. Se llegaron a registrar un total de 1.274 refugios, de los cuales 140 eran de nueva construcción, según documenta la Carta Arqueológica de Barcelona.