La avena: un alimento saludable que exige precauciones en enfermedades renales

El cereal reduce la capacidad de filtrado del sistema renal y puede causar desde calambres hasta hormigueos

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La salud renal después de consumir avena cada día. (Freepik)

El consumo diario de avena se ha popularizado entre quienes buscan mejorar su alimentación, pero existe un aspecto poco conocido: su impacto en la salud renal. Muchas personas la eligen como opción principal en el desayuno por su aporte de fibra, proteínas y vitaminas. Sin embargo, este cereal, aunque beneficioso en la mayoría de los casos, puede presentar riesgos para quienes tienen problemas en los riñones.

La avena contiene minerales esenciales como potasio y fósforo, que normalmente ayudan al funcionamiento del cuerpo. Cuando los riñones están sanos, regulan el exceso de estos minerales, eliminando lo que el organismo no necesita. La situación cambia para quienes sufren insuficiencia renal o alguna enfermedad relacionada con el sistema renal, ya que su capacidad de filtrado disminuye.

En este contexto, Teresa Partearroyo, profesora de Nutrición de la Universidad CEU San Pablo, subraya en CuídatePlus que la avena “contiene una importante fuente de hidratos de carbono, fibra dietética soluble (betaglucano), proteínas, lípidos, diferentes compuestos fenólicos, vitaminas y minerales y se ha determinado que el consumo de avena es beneficioso para la salud humana al favorecer la inmunomodulación y mejorar la microbiota intestinal”.

Sin embargo, en personas con riñones dañados, consumir alimentos ricos en potasio y fósforo puede suponer un problema grave. El exceso de estos minerales se acumula en la sangre, lo que puede provocar desde calambres y debilidad muscular hasta arritmias o complicaciones cardíacas.

Lo que hace la avena en los riñones enfermos

La avena es un alimento saludable para la mayoría de la población, pero en personas con insuficiencia renal puede convertirse en un riesgo. El motivo principal es su aporte de potasio y fósforo, dos minerales que los riñones eliminan bajo condiciones normales. Cuando los riñones dejan de funcionar correctamente, estos minerales permanecen en el cuerpo y sus niveles aumentan de manera peligrosa.

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El potasio es necesario para el funcionamiento de los músculos y los nervios, pero en cantidades elevadas puede causar síntomas como hormigueos, calambres e incluso alteraciones en el ritmo cardíaco. El fósforo, por su parte, afecta la salud ósea y cardiovascular. Si los riñones no pueden filtrar estos minerales, los efectos negativos se acumulan con el tiempo.

La acumulación de potasio es especialmente delicada porque puede provocar una parada cardíaca en casos graves. Por eso, para quienes tienen enfermedades renales, la recomendación es limitar la ingesta de alimentos ricos en potasio, entre los que se encuentra la avena. El fósforo también debe vigilarse, ya que su exceso puede dañar los huesos y los vasos sanguíneos.

Cómo reducir el riesgo si tienes problemas renales

Para quienes no desean eliminar la avena de su dieta pero tienen problemas renales, existen formas de reducir el contenido de potasio y fósforo. Una de las más sencillas consiste en remojar la avena antes de cocinarla y optar por una doble cocción. Estos métodos ayudan a eliminar parte de los minerales solubles en agua, disminuyendo el riesgo para el organismo.

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Cómo evitar riesgos y seguir consumiendo avena. - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El remojo prolongado y la cocción con cambio de agua pueden reducir la cantidad de potasio presente en los alimentos. Este proceso es útil no solo para la avena, sino también para otros productos vegetales como patatas, verduras y legumbres. Aunque no elimina todos los riesgos, puede ser un aliado para quienes deben controlar su ingesta mineral.

No todas las personas deben evitar la avena, pero quienes tienen enfermedades renales crónicas o han recibido indicaciones médicas específicas deben consultar siempre con un profesional. El riesgo no está en la avena en sí, sino en la acumulación de minerales que los riñones dañados no pueden eliminar. La clave es adaptar la dieta a las necesidades individuales y recurrir a técnicas culinarias que ayuden a reducir posibles peligros.