Virginia López, abogada: “El trabajador no es un problema ni un gasto, es una inversión”

La experta jurídica cuestiona la narrativa que culpa a los empleados por el mal desempeño en pequeñas y grandes empresas, resaltando que los problemas reales son estructurales y de gestión

Guardar
Trabajadores con sus portátiles en
Trabajadores con sus portátiles en la oficina (Freepik)

En los últimos años, el discurso sobre el funcionamiento de las empresas ha estado marcado por una creciente confrontación entre distintas formas de entender el trabajo y la rentabilidad. Mientras algunos sectores insisten en señalar los costes laborales como principal obstáculo para la viabilidad de los negocios, otros advierten de que este enfoque no solo resulta simplista, sino también contraproducente a largo plazo. En ese cruce de interpretaciones, el debate se ha desplazado desde los números hacia una cuestión más profunda: qué modelo de empresa se quiere sostener en el tiempo.

Las palabras de Virginia López, abogada especializada en derechos laborales, lanzan una crítica frontal a la visión empresarial que culpa a los empleados de las dificultades económicas de ciertos negocios. “De verdad que los trabajadores solo queréis derechos y no obligaciones”, ironiza López en su perfil de TikTok (@tuabogadalaboralista), reflejando la queja habitual desde algunos sectores empresariales. Su planteamiento no solo recoge un punto de vista extendido, sino que también pone en evidencia una narrativa que, en su opinión, simplifica en exceso problemas mucho más complejos.

La letrada cuestiona la narrativa que responsabiliza a los empleados por la situación de las pymes. “Las empresas pequeñas, pues es que se arruinan por culpa de los trabajadores”, lamenta López, para luego matizar que detrás de tales afirmaciones suele esconderse “un empresario que llora porque ya no tiene fácil el enriquecimiento injusto”. Con esta afirmación, introduce un elemento clave en el debate: la necesidad de analizar con mayor profundidad las causas estructurales de las dificultades empresariales, en lugar de recurrir a explicaciones simplistas.

Los derechos laborales, la base para competir en el mercado

El eje del debate se desplaza hacia el verdadero impacto de la defensa de los derechos laborales. López afirma: “El trabajador no es el problema, ni tampoco es un gasto, es una inversión que el empresario hace libremente, con sus ventajas y sus riesgos”. De esa forma, subraya la función central del empleado en la supervivencia y crecimiento de cualquier negocio. Esta visión invita a reconsiderar el papel del capital humano no como una carga, sino como un activo estratégico que puede marcar la diferencia en mercados cada vez más competitivos.

En un mercado competitivo, López sostiene que el cumplimiento de los derechos básicos, como salarios justos, descansos adecuados y bajas médicas, no es un obstáculo, sino la base mínima para “competir en un mercado sano y legal”. Esta idea conecta con una tendencia más amplia en el ámbito económico: la de entender que las condiciones laborales dignas no solo benefician al trabajador, sino que también contribuyen a la estabilidad y a la eficiencia de las propias organizaciones.

De problemas de rentabilidad a la crisis de gestión de plantilla

La abogada advierte de que “cuando se trata al trabajador como un coste a recortar, lo que aparece no es ahorro, es rotación, conflicto y pérdida de productividad”. En este punto, introduce una dimensión práctica al debate, al señalar las consecuencias directas que determinadas decisiones empresariales pueden tener en el funcionamiento cotidiano de las compañías. La precarización, lejos de ser una solución, puede convertirse en un factor de debilitamiento interno.

“Fácil ajustar costes a su costa, fácil imponer condiciones, fácil ganar más a base de que otro pierda. Pero por suerte, eso está cambiando”, señala López, quien insiste en que la responsabilidad real de los problemas empresariales recae en “estructuras mal diseñadas, márgenes irreales o decisiones de gestión equivocadas”. El reclamo principal de los trabajadores, según López, no es un privilegio sino una demanda de justicia. “El trabajador no pide privilegios, pide equilibrio”, resume. Su mensaje final es contundente: “Cuando alguien lanza ese tipo de comentarios, no está describiendo la realidad, está reaccionando a que ya no puede jugar con ventaja. Y eso, aunque moleste, es una buena señal”.