Carlos Ordinas, experto en neurociencia: “Entre los 2 y los 6 años, el cerebro infantil aprende más de lo que ve que de lo que dices”

El uso de pantallas y el contenido de los dibujos animados pueden estar relacionados con las rabietas de los niños

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“Entre los 2 y los
“Entre los 2 y los 6 años, el cerebro infantil aprende más de lo que ve que de lo que dices”. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En plena era digital, elegir qué ven los niños se ha convertido en un auténtico desafío para los padres. Con la avalancha de series animadas disponibles en plataformas de streaming, muchas familias se enfrentan a un dilema: ¿Qué contenido es seguro y educativo para sus hijos? En esa disyuntiva, Carlos Ospina ha puesto el foco en tres famosos dibujos animados que, según advierte, podrían estar enseñando a los niños a comportarse mal sin que sus padres se den cuenta.

“Tres dibujos muy populares que pueden estar enseñando a tu hijo a hacer berrinches. Y casi todos los niños ven al menos uno de estos”, arranca Ordinas en un vídeo compartido en sus redes sociales. según el experto en neurociencia, “entre los dos y los seis años aprenden más de lo que ven de lo que dices”, por lo que el contenido audiovisual, ya sea en televisión o mediante el móvil o la tablet, puede tener un impacto directo en su conducta.

Los tres “acusados”

El primero en el punto de mira es Masha y el Oso, uno de los títulos más vistos a nivel globla. Ordinas explica que “la protagonista hace lo que quiere y nunca hay consecuencias”, lo que a su juicio transmite un mensaje preocupante: “Que portarse mal funciona”. Esta dinámica, sostiene, puede fomentar comportamientos desafiantes y berrinches, especialmente cunado lo niños intentan replicar lo que ven en la pantalla.

"Masha y el oso", una
"Masha y el oso", una popular serie para los más pequeños.

El segundo es Peppa Pig, un fenómeno mundial entre la audiencia infantil. La crítica se centra en la representación del padre: “Se burlan constantemente del padre”, afirma Ordinas, concluyendo que “el niño aprende que faltarle el respeto a los adultos es gracioso”. Según el experto, este tipo de mensajes pueden reforzar actitudes de desobediencia y dificultar la transmisión de valores de respeto hacia los adultos.

Peppa Pig es de los
Peppa Pig es de los dibujos animados más conocidos y vistos de la actualidad. Foto: Wallpapers

El tercero sorprende más, dado que se trata de una producción española de larga trayectoria: Pocoyó. Ordinas carga contra ella por sus “repeticiones excesivas, comportamiento imprudente, sin habla” y sentencia que “no enseña a resolver nada”. A pesar de su popularidad, el experto considera que su narrativa limitada y repetitiva no ayuda a desarrollar habilidades de resolución de problemas o autocontrol en los niños pequeños.

Pocoyó. (KINKIA/Europa Press)
Pocoyó. (KINKIA/Europa Press)

Alternativas recomendadas

Frente a estas series, Ordinas propone reemplazos que, según él, fomentan valores positivos y aprendizaje. Entre ellos:

  • Bluey, que “enseña empatía y cooperación”.
  • Pingu, valorado por ofrecer “historias simples con aprendizaje”.
  • Elinor Wonders Why, que “incentiva la curiosidad, la naturaleza y el pensamiento”.

“Entre los dos y seis años, los niños aprenden más de lo que ven que de lo que les dices, así que elige bien lo que entra en su mente”, concluye Ordinas, subrayando la importancia de seleccionar contenido que realmente contribuya al desarrollo infantil.

Dora la exploradora.
Dora la exploradora.

Un debate con múltiples voces

Las visión de Ordinas coincide con las advertencias de Elvira Perejón, especialista en neuropsicología infantojuvenil, quien explica que “las pantallas y las rabietas están relacionadas. Y no es que lo diga yo, sino nos dice un estudio publicado este pasado verano”.

Según Perejón, la exposición constante a dispositivos puede generar dependencia en los hijos. “Los niños y niñas pueden volverse dependientes de esa estimulación constante que ofrece las pantallas y entonces tendrán mayores dificultades para gestionar la frustración sin ellas”. La especialista apunta a una explicación neurobióloga: “El núcleo accumbens se pone a tope de dopamina con las pantallas y quieren siempre más y más”.

Perejón basa sus declaraciones en un estudio longitudinal de tres años que identificó “patrones entre el uso de pantallas, tabletas en concreto, y reacciones emocionales”. La conclusión fue la existencia de un “ciclo bidireccional”: a mayor uso de pantallas, mayor irritabilidad, lo que conduce a un mayor consumo de dispositivos.