
Ser joven hoy en día no es fácil. No lo es emanciparse, pagarse el alquiler, ahorrar para la entrada de una casa y todas esas cosas que la sociedad espera de ellos y que sus padres hicieron antes de los 30. La realidad es muy distinta. Al menos, el acceso al mercado laboral entre los jóvenes nacidos en España entre 1992 y 2001 —los que ahora tienen entre 25 y 35 años— ha experimentado una considerable mejora en los últimos años. Las tasas de empleo han subido, pero tener un salario no se ha traducido en un aumento paralelo de la emancipación.
Según datos publicados por Funcas en un blog firmado por Juan Carlos Rodríguez, a pesar de que la ocupación en este segmento de la población ha alcanzado el 80% en el último trimestre de 2025—nivel máximo desde 1987 junto con el registrado en 2007—, la proporción de jóvenes que residen fuera del hogar familiar ha descendido hasta cifras históricamente bajas. De hecho, quitando la etapa de pandemia de coronavirus, cuando los precios de la vivienda bajaron, el dato de jóvenes que se independizan es el peor en 130 años.
A finales de 2025, el índice de jóvenes ocupados en el tramo de 25 a 34 años se ha situado en el punto álgido de las últimas décadas, según se observa en la serie histórica iniciada en 1987. Este logro se debe fundamentalmente al fuerte avance en la incorporación de las mujeres al empleo, puesto que la ocupación masculina todavía se mantiene 6 puntos porcentuales por debajo del récord de 2007.
Destaca el hecho de que la brecha de género prácticamente ha desaparecido, partiendo de una diferencia de 39 puntos porcentuales en 1987. Sin embargo, estos avances no han conseguido impulsarse sobre la tasa de emancipación, que históricamente solía experimentar un crecimiento, aunque fuera con cierto desfase, tras periodos de mejora sostenida en la inserción laboral juvenil, según destaca el texto.
Actualmente, solo el 46% de los varones españoles de entre 25 y 34 años vive de forma independiente, cifra que alcanza el 55% en el caso de las mujeres del mismo grupo. Estos porcentajes apenas superan los mínimos de toda la serie, que tocaron su fondo en 2021 como consecuencia de la crisis derivada de la pandemia.
El impacto de las crisis y la evolución de las rentas
Las dificultades para acceder a la independencia residencial no son consecuencia exclusiva del actual contexto, sino el resultado acumulado de sucesivos impactos económicos que han incidido de forma especialmente negativa sobre el empleo y la renta de los jóvenes, explica Funcas. La probabilidad de lograr la emancipación a edades comprendidas entre 25 y 34 años ha experimentado un descenso pronunciado desde hace unos 45 años, en buena parte por el efecto de crisis periódicas: desde los shocks de los 70 y a principios de los 80, pasando por la recesión de 1993-1995, la gran crisis de 2008 a 2013 y el parón provocado por las restricciones ante la pandemia.
Incluso los ciclos expansivos, si han sido breves, no han logrado revertir esta tendencia. Así, el auge económico de 1985 a 1992 apenas tuvo repercusión. Únicamente la larga etapa de crecimiento entre 1996 y 2007, con marcado alza de la ocupación y mejora de los salarios en la juventud, permitió una cierta recuperación de la emancipación, aunque con un importante retraso de hasta ocho años, indica Rodríguez en su publicación. A continuación, la crisis posterior borró en poco tiempo los logros conseguidos.
Una larga tendencia a la emancipación tardía
Pese a la recuperación económica general vivida tras 2012 y el sostenido ascenso de la tasa de ocupación durante trece años, Rodríguez explica que la evolución de la emancipación ha seguido un rumbo descendente, interrumpido únicamente por el episodio más agudo de la pandemia. Este fenómeno se explica además por la evolución de los ingresos medios: en 2024, la renta neta individual de la población autóctona de 25 a 34 años era tan solo un 7% más elevada que el mínimo alcanzado en 2014, pero permanecía un 33% por debajo respecto a 2007. Además, el mercado residencial ha concentrado presiones adicionales: el precio de la vivienda se ha incrementado un 65% entre 2014 y 2024, al tiempo que la renta media apenas ha crecido un 31% en el mismo periodo si se consideran cifras nominales.
Este comportamiento arraigado de emancipación tardía, que según publica Funcas constituye la base de la respuesta habitual a las crisis, ha permitido absorber los golpes económicos sufridos por los jóvenes durante el último medio siglo, afectando tanto al empleo como a los ingresos. Rodríguez concluye la publicación en el blog haciendo referencia a la siguiente expresión :“Ya escampará; mientras, quedémonos a resguardo en casa de los padres”. Así, resume la lógica cultural imperante, que no favorece la toma de riesgos y que supone un obstáculo para cualquier estrategia de recuperación de la natalidad, difícilmente alcanzable si el proceso de emancipación continúa retrasándose progresivamente.
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