Un avión con destino Frankfurt aterriza después de 14 horas en el aeropuerto de Tokio desde el que despegó

El vuelo de Tokio no llegó a Frankfurt porque necesitaba una pieza en su aeropuerto de origen

Guardar
El avión que dio la
El avión que dio la vuelta y voló durante 14 horas (Freepik)

Después de un vuelo extraordinariamente largo, los pasajeros de un avión de All Nippon Airways (ANA) vivieron una experiencia que pocos olvidarán. El 17 de febrero, 151 personas subieron a un Boeing 787 en el Aeropuerto de Tokio-Haneda con destino a Frankfurt, Alemania. El vuelo tenía una duración estimada de 13 horas en el aire antes de aterrizar en Europa. Sin embargo, tras 14 horas de viaje, el avión tocó tierra exactamente en el mismo aeropuerto desde el que había despegado.

Según Aero Telegraph, el vuelo NH223 despegó con normalidad, pero cerca de la sexta hora de trayecto, una luz de advertencia en el panel de instrumentos alertó a la tripulación sobre un problema en uno de los motores: se detectó una caída súbita en la presión y el nivel de aceite. Aunque la situación no llegó a ser crítica, el piloto optó por la prudencia y decidió regresar a Japón. La elección no se debió solo a consideraciones técnicas, sino también logísticas: en Tokio, la aerolínea podía garantizar la disponibilidad inmediata de la pieza de repuesto necesaria para reparar el avión, algo que no se puede asegurar en un aeropuerto extranjero.

La decisión significó que los pasajeros pasaran 14 horas en el aire para, finalmente, volver al punto de partida. ANA ofreció disculpas por las molestias ocasionadas, reconociendo la frustración de quienes esperaban llegar a Alemania ese mismo día. La historia de este vuelo se suma a una lista de trayectos inusuales, en los que problemas técnicos o imprevistos obligan a los aviones a realizar largos viajes circulares.

¿Por qué el avión volvió a Tokio?

La pregunta que muchos se hacen es por qué el piloto no eligió aterrizar en un aeropuerto más cercano, en vez de regresar a Tokio tras detectar la avería. Según la información disponible, la razón principal fue la seguridad y la logística. El piloto valoró que la situación del motor, aunque no era grave en ese momento, podía complicarse si el avión seguía alejándose de su base. Además, regresar a Japón ofrecía la garantía de que la pieza de repuesto estaría disponible sin retrasos, lo que permitiría reparar el avión rápidamente y retomar el viaje con seguridad.

Un Hombre Se Sube Al Techo De Un Avión En El Aeropuerto De Valencia Con Una Mochila Y Provoca Un Retraso De Dos Horas En El Vuelo

La experiencia y el criterio de la tripulación resultaron decisivos. Frente a una alerta técnica, la prioridad es siempre minimizar riesgos para los pasajeros y la tripulación. Aterrizar en un aeropuerto extranjero podría haber supuesto esperas más prolongadas y la incertidumbre de una reparación fuera del entorno habitual de la compañía. Por eso, la decisión fue volver a Tokio, aunque implicara un viaje mucho más largo de lo previsto. Finalmente, la aerolínea dio a los pasajeros la oportunidad de viajar a Frankfurt al día siguiente a primera hora.

El caso no es una excepción: un vuelo de 16 horas

Aunque no es lo más común, existen precedentes de vuelos de larga duración que finalizan exactamente donde empezaron. El caso más conocido ocurrió en 2023, cuando un avión de Air New Zealand que cubría la ruta entre Auckland (Nueva Zelanda) y Nueva York tuvo que regresar tras 16 horas en el aire. En esa ocasión, la causa no fue un fallo mecánico, sino un incendio en una terminal del aeropuerto neoyorquino, que obligó a cancelar la llegada.

Un vuelo a Nueva York
Un vuelo a Nueva York también duró 16 horas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este tipo de situaciones, aunque excepcionales, demuestran la complejidad de la aviación moderna. Factores técnicos, logísticos y de seguridad pueden alterar los planes incluso en vuelos perfectamente planificados. Para los pasajeros, la experiencia puede resultar agotadora y frustrante, pero la prioridad de las aerolíneas y las tripulaciones es siempre garantizar la seguridad, aunque eso implique tomar decisiones poco convencionales.

La historia del vuelo NH223 de ANA ilustra hasta qué punto la aviación se basa en la gestión de imprevistos y en la capacidad de adaptación ante situaciones inesperadas. Aunque el viaje terminó en el mismo punto donde comenzó, la prioridad de proteger a los pasajeros y asegurar una reparación eficiente justificó plenamente la decisión tomada en cabina, recordando que, en el aire, la previsión y la seguridad siempre están por encima de cualquier itinerario.