El PSOE atraviesa un momento crítico. Después de vivir un año negro marcado por un reguero de escándalos de corrupción y acoso sexual, las pesadillas han vuelto tras las últimas noches electorales. La legislatura entra en una etapa clave, en la que el partido deberá encarar negociaciones con un parlamento ingobernable para recuperar el pulso y la agenda política, con la vista puesta a unas elecciones generales que llegan en poco más de un año (si todo va bien). ¿Cómo puede resucitar un PSOE hundido?
En este contexto, Infobae entrevista a Juan Lobato (Madrid, 1984), exlíder del PSOE en Madrid. Asegura que todavía es posible recuperar la confianza de los votantes, pero para ello el partido debe superar ciertos tabúes, incluso respecto a la extrema derecha: “Hace falta mucha más naturalidad, autocrítica, dudas internas y matices”, resume. Fuera de la primera línea de la política, el exdirigente del PSOE nos comenta que puede dedicar más tiempo a su familia y a actividades intelectuales “que en la dinámica que tenía antes era imposible”.
-P: ¿Cómo está siendo su nueva vida?
-R: Estoy llevando temas en el Senado muy interesantes, aunque están fuera de ese fuego político diario. Asuntos como el tema del marco fiscal europeo o sobre el absentismo laboral. Son cuestiones que a mí me está interesando mucho estudiarlas y trabajarlas más en profundidad. Estoy contento, ha sido un año interesante.
-P: Entiendo que es difícil sacar adelante iniciativas en una Cámara dominada por el PP.
-R: Tienen mayoría absoluta, pero los debates sí permiten hacer pedagogía. No se trata siempre de conseguir aprobar una votación, sino de influir. Por ejemplo, hicimos un tema de educación financiera en planes de estudio. Y el PP también lo veía y se pudo hacer un debate que pudo tener utilidad para que esas cuestiones se incorporen.
-P: ¿Tiene pensado regresar a la primera línea?
-R: Yo tengo el compromiso y asumo la responsabilidad de tratar de aportar. Ahora estamos en una fase de gobierno. Tratar de aportar análisis, propuestas, formas de ver las cosas, construir organización con propuestas sobre cambios que se pueden introducir. Desde luego, que creo que va más por ahí la pregunta, en futuras etapas, cuando toque tomar decisiones en el partido, estar ahí aportando criterio, visión y echando una mano para que la utilidad que el PSOE tiene que tener para España sea la máxima y en la línea que consideramos que debe ir. Así que sí, ahí estaremos.
-P: Felipe González dice que votaría en blanco en caso de ir a unas elecciones generales porque se ve distanciado del actual PSOE. ¿Le veremos votando en blanco o seguirá votando a los suyos?
-R: Yo soy militante y votaré al PSOE. Espero que se consiga que Felipe González vote también al partido. Yo creo que ese debe ser también un objetivo para el PSOE, conseguir recuperar a esa gente descontenta o decepcionada por diferentes cuestiones haciendo cambios. Como decía yo con Felipe González, como a todos los militantes, escucharles y tratarles con respeto. Ha sido un referente histórico importantísimo para el PSOE.

-R: El portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López, enmarca a Felipe González más cerca del PP que de su partido.
-R: Tengo mucho cariño a Patxi López y respeto muchísimo a Felipe González, por supuesto. Creo que no hay que tratar de buscar enemigos. Si hay gente en el partido que tiene opiniones distintas, dudas y quejas sobre algunas cosas, como es el caso de Felipe González y otros militantes, hay que escucharles con normalidad y tratar de entender por qué plantean esas dudas.
-P: Una de sus críticas tiene que ver con la cuestión de los pactos del Gobierno. Ve preferible pactar con Vox que pactar con EH Bildu. ¿Usted cogería el teléfono a Abascal?
-R: Dijo que nunca pactaría con Vox y que mucho menos con Bildu. Descartaba los dos escenarios. Se refiere a que no tiene ningún sentido pactar con la ultraderecha, pero a Bildu le queda todavía recorrido democrático, en términos de reconocimiento de daño y de colaboración que ojalá vaya haciendo.
“Cuando fui alcalde convocaba en mi despacho a todos los portavoces municipales, también a Vox, y aprobábamos todo por unanimidad”
En cuanto a Vox, cuando fui alcalde de Soto del Real decidimos convocar en mi despacho todos los meses a todos los portavoces municipales juntos. Al de Ganemos, que era Podemos en ese momento, a la de Vox, a la del PP, al de Ciudadanos y al del PSOE. Esto al principio era raro, la gente se miraba diciendo: “¿Qué hacemos aquí todos juntos?“. Hablamos de los temas urgentes del municipio, sobre qué llevamos al siguiente Pleno y los temas de modelo de municipio. Esas conversaciones que se producían fueron tremendamente útiles.
Primero, porque todo el mundo se sentía respetado y escuchado, que es algo esencial en democracia para que la gente confíe en que este sistema va a funcionar. Segundo, porque llegábamos al pleno y aprobábamos casi todo por unanimidad. Incluso Vox votaba a favor porque se les había escuchado. Zapatero también dijo que él claro que hablaría con Abascal. Yo creo que esa relación de respeto y de diálogo hay que intentar tenerla con todo el mundo.
-P: ¿Son posibles esas conversaciones en la política municipal en el actual contexto de la política nacional?
-R: Veo deseable que haya cauces abiertos. Es verdad que tienen posiciones radicalmente distintas en muchos temas. Pero fíjate, no tanto por sus dirigentes, pero sí por sus votantes. Yo creo que el PSOE debía hablar menos de Abascal y de Vox y pensar más en por qué hay tanta gente que está pasando a votarles. Y por ahí creo que debe ir. Hay que tratar con respeto a todo el mundo, incluidos a los votantes de Vox.
P: El balance del año pasado fue complicado para el PSOE, sacudido por escándalos de corrupción y de acoso sexual. ¿Considera que los mecanismos internos del PSOE funcionan? ¿O hace falta un cambio?
-R: Hace falta bastante más. Hay que cambiar la dinámica vertical de los partidos en la que hay una jerarquía tan estricta. Hay gente que puede ver cosas raras y en vez de hacerse preguntas, mira para otro lado. ¿Por qué? Porque al final, si de alguna manera pones en duda a un dirigente, esa estructura jerárquica te come. Hace falta mucha más naturalidad, autocrítica, dudas internas y matices. Todo eso no debilita las organizaciones, las fortalece. La corrupción hace un daño tremendo a la democracia y la democracia se basa en la confianza. Si cada uno hace lo que le da la gana, vamos mal. Al PSOE le hace muchísimo daño también la corrupción en otros partidos, porque la gente pierde confianza.
“Si pones en duda a un dirigente, esa estructura jerárquica te come”
-P: ¿Puede recuperarse la confianza?
-R: No hablando nunca de la corrupción del rival. Nunca. Y mira que hay... Tienes la tentación de decir: “No, pero el otro es mucho más corrupto”. Ahí ya estás atacando la confianza. Responde asumiendo autocríticamente que es un desastre que tú tengas corrupción, pero no hables del otro. Después hay que dar soluciones concretas de inmediato. Si aparece el jueves un corrupto, el lunes tengo que estar con qué medida se va a poner en marcha para que ese corrupto no pueda hacer lo que hizo. Nosotros pusimos a disposición las claves de acceso a todos los partidos de la oposición a todos los programas informáticos: contabilidad, cuentas, registros de entrada y salida, facturación, todo. Y de esa manera, cero bromas. Ya sabes que la oposición al minuto va a ver lo que hagas.
-P: Ha mencionado que a veces la gente ve algo raro y mira para otro lado. ¿Alguna vez ha visto algo “raro”?
-R: No, de temas económicos, no. El caso de Santos Cerdán me sorprendió. Una cosa es que tengas unas formas de funcionar, que yo no comparto; pero a mí me sorprendió mucho la corrupción económica, saber que había interés económico. Si hubiera métodos y una cultura más horizontal, a lo mejor en algún comité federal, del que yo formaba parte, hubiera dicho: “Oye, ¿por qué no nos explicáis las cuentas? ¿Por qué no nos enseñáis cuánto nos gastamos y cómo se pagan los tickets de las comidas y de las cenas de los dirigentes?“. Y eso no lo hice porque a lo mejor se hubiera visto como un ataque.
-P: ¿Cree que Sánchez pudo ver algo?
-R: Esas sospechas vienen porque alguien te traslada alguna duda. Y estamos en un modelo en el que trasladar dudas es una alta traición, porque estás atacando a la jerarquía del partido. Es muy difícil que a Pedro Sánchez le lleguen sospechas cuando no hay nadie que se atreva a poner en duda a Santos Cerdán, porque le ha puesto ahí Pedro Sánchez. Esa verticalidad es contraproducente porque evita los controles naturales.
-P: Estos casos han castigado mucho a los socialistas en las últimas elecciones. Primero con una derrota histórica de García-Gallardo en Extremadura. Después, Pilar Alegría en Aragón. Hay otras cuestiones que estén fallando en la estrategia?
-R: Te diría dos cuestiones, una de política profunda de país y otra de estrategia autonómica. No hemos sido capaces de que la campaña fuera territorial. Que se hablara de cómo organizamos en las comarcas los centros de salud en Aragón o en Extremadura, de cómo los coles van a tener un servicio u otro complementario, [...] de cosas que de verdad afectan a problemas reales en el territorio. Hemos hablado de temas nacionales, incluso de geopolítica mundial. Y esto a la gente le ha hecho votar en una clave nacional, en vez de cómo Pilar Alegría iba a poner en marcha su red de centros de salud, que seguramente es mucho mejor que cómo lo va a hacer Azcón.
Luego, en cuanto al fondo de las políticas, creo que el PSOE debe aspirar a tener una posición mucho más de izquierdas. Coherentemente en sus políticas y más moderada en sus formas. Hay que tratar de elevar el tono de convivencia y de respeto institucional y ser mucho más contundente y eficaces en políticas claramente de izquierdas como en materia de vivienda, de lucha contra la pobreza...
“El PSOE debe de ser mucho más contundente con la política de vivienda”
-P: ¿Se puede hacer una campaña regionalista con candidatos colocados desde Moncloa?
-R: Es difícil y necesita tiempo. Es verdad que un candidato que viene de ser ministro aporta un aval de solvencia y de experiencia de gestión. Y eso está muy bien para arrancar con una base de conocimiento y de experiencia y solidez. Pero a partir de ahí, o eres capaz de tener tiempo para bajar al territorio, para empaparte los municipios y en los sectores de la región, o es muy difícil que la gente se vaya del debate nacional.
-P: ¿Le hubiese ido mejor al PSOE si hubiera contado con más tiempo para preparar las candidaturas?
-R: Desde luego, en el caso de Pilar Alegría lo veo evidente. Yo la conozco desde hace mucho tiempo y creo que ha hecho una muy buena campaña. La he reconocido en esta campaña. Una mujer con propuestas constantes, con un tono constructivo, conciliador. Fue sin duda la mejor de la noche electoral, felicitando al rival, como se merece en democracia, poniéndose a disposición de los ciudadanos. Creo que esa es una muy buena línea y podrá tener éxito con cuatro años por delante. Tal y como se ha planteado la campaña, con un mes y medio, es muy difícil que la gente identifique que ha estado centrada y trabajando el territorio.
-P: ¿Cree que hace falta un cambio de aires en el liderazgo del PSOE?
-R: El PSOE tiene una cultura de organización muy clara. Si hay un secretario general que es presidente del Gobierno, eso lo respeta la organización. Y ahora estamos en una fase de desarrollo de acción de gobierno. Habrá que seguir subiendo las pensiones, mejorando las becas, subiendo el salario mínimo. No se producen cambios de liderazgo en el PSOE en fases de gobierno. Lo que no quita para que seamos capaces de hacer análisis internos y de aportar, como estamos hablando, líneas en las que podemos tomar algunos cambios para mejorar la situación de cara a los procesos que vienen.
-P: ¿Puede el PSOE cambiar sin voces críticas?
-R: Hay gente que piensa distinto, afortunadamente. Somos un partido que queremos ser el que más se parece a España, y en España la gente progresista tiene muchas diferentes formas de ver las cosas. Para el PSOE es una riqueza y una fuerza tener gente distinta. ¿Eso se verbaliza más o menos? Se verbaliza menos porque se interpreta como debilidad. Se habla de la guerra civil en el PSOE, de que se rompe el partido porque uno opina, por ejemplo, que el salario mínimo debe subir 100 euros y otro 150. Discutámoslo con naturalidad y que se vea por parte de la sociedad que hay gente que piensa distinto, que es un partido con ambición y con fuerza.

-P: ¿Pero estos debates internos se dan?
-R: No sucede habitualmente porque se viene interpretando, en la cultura de nuestra organización y de otras muchas, que eso es una debilidad en vez de una fortaleza. Y eso para mí es un problema.
-P: Hablemos del auge de Vox. ¿Por qué se ha normalizado una fuerza que antes, según la izquierda, es antidemocrática?
-R: Si creemos que es antidemocrática y somos coherentes, hay unas leyes en este país para que los partidos antidemocráticos no puedan operar y no se ha producido, que yo sepa, ninguna denuncia. Asumamos coherentemente que es un actor político válido con cierta normalidad a la hora de aspirar a obtener representación. ¿Qué ha fallado? Como lo decía antes, hemos hablado demasiado de Abascal y de Vox y hemos pensado poco en por qué la gente estaba tomando la decisión de votar a Vox. Y no me vale esto de que son todos unos fascistas y unos ultraderechistas. No hay un 20% de la población española que haya hecho un análisis ideológico y que se posicione ahí. No es real.
-P: ¿Qué cree que les motiva a votar a Vox entonces?
-R: Lo que hay es mucha gente que tenía una expectativa de vida, que ha visto frustrada la posibilidad de acceder a la vivienda, a un desarrollo profesional, a formar una familia con los sueldos que tiene. Y ese cabreo con un sistema que ven que no le resuelve esa expectativa, lo traducen en Vox. Hace 11 años era Podemos lo más eficaz para cambiar el sistema cuando el presidente era Rajoy. Ese voto que incluye la rebeldía juvenil lo explica. El fallo es hablar demasiado de Vox y de Abascal y pensar menos en su votante. Tú no puedes llamar facha a un chaval de 25 años porque tomó una decisión de voto en un momento de su vida. Todo el mundo vota bien. Uno vota por la sanidad y la educación, pero otros votan porque están cabreados. Y ese esfuerzo, que yo entiendo que cuesta, hay que hacerlo por razones de convivencia y para que esa gente se sienta escuchada por partidos como el PSOE. Y por razones de fría estrategia electoral. Alguna vez hay que aspirar a que esa gente nos vote.
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