“Mañana podría ser demasiado tarde”: un niño de dos años espera un corazón tras recibir uno “que no funciona” en el primer trasplante

El niño lleva 50 días en coma inducido a la espera de encontrar un corazón compatible

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Un niño de dos años
Un niño de dos años necesita un trasplante de corazón

En la casa de Patrizia el tiempo se mide de otra manera desde el 23 de diciembre. Antes había una vida normal. Cumpleaños, tardes de juegos en casa, rutina... hasta que Marco (nombre ficticio para proteger la intimidad del menor), su hijo de cuatro meses, lloró de una manera distinta. “No parecía enfermo. Estaba animado”, recuerda su madre. Los médicos le diagnosticaron una miocardiopatía dilatada, una enfermedad grave que afecta al músculo cardíaco, dificultando el bombeo sanguíneo.

Desde entonces, su vida ha sido distinta. Medicación diaria, controles frecuentes, visitas al médico. “Llevaba una vida casi normal”, dice Patricia al medio italiano Il Corriere della Sera. No obstante, ahora, había que esperar a tener un corazón compatible.

La llamada llegó justo antes de Navidad. El trasplante se realizaría en el Hospital Monaldi, en Nápoles. La palabra “esperanza” volvió a pronunciarse en voz alta. Marco entró al quirófano despierto. Pero no volvió a abrir los ojos. Después de la operación, los médicos hablaron de un problema: “Nos explicaron que había un fallo en el corazoncito, que no arrancaba ni bombeaba sangre”.

Tuvieron que conectar al niño de dos años a un ECMO para mantener sus funciones vitales y lo indujeron al coma farmacológico. Patricia esperó. Preguntó. “Simplemente sabíamos que había un problema”, señaló. Los días pasaron sin respuestas claras.

Algo salió mal

Hasta que la verdad salió a la luz. El corazón había viajado desde Bolzano y algo salió mal durante el transporte. Demasiado hielo seco. El órgano estaba dañado antes de llegar al quirófano. “Ni siquiera podíamos imaginar lo que se había hecho con el hielo”, explicó Patricia. “Ahora sabemos que a mi hijo le habían trasplantado un corazón que no funcionaba”.

Ahora, Marco lleva 50 días en coma inducido. Un mes y medio en los que su cuerpo resiste como puede. Pero sus pulmones empiezan a fallar y el hígado también y cada órgano se suma a la lista de preocupaciones. El abogado de la familia, Francesco Petruzzi, dijo sin rodeos: “Cuando se realiza un trasplante, primero se debe revisar el órgano entrante y luego extirpar el enfermo. Y eso no ocurrió”.

Mientras, la Fiscalía de Nápoles abre una investigación y analiza protocolos, el hospital suspende el programa de trasplantes pediátricos y aparta a tres profesionales. Se habla de medidas organizativas. De evaluaciones técnicas. De responsabilidades que deberán determinarse más adelante.

En un periodo de 63 horas, cuatro personas han sido trasplantadas con éxito en este hospital público de Madrid gracias a la generosidad de los donantes y sus familias

“48 horas o todo habrá sido en vano”

Para Patricia, todo eso sucede en un plano distinto. Su urgencia es inmediata. Marco ha sido reincorporado a la lista europea de trasplantes pediátricos. “Necesitamos un corazón nuevo en 48 horas o todo habrá sido en vano”, advierte el abogado. “Mañana podría ser demasiado tarde”, indica su madre.

Por su parte, la madre pasa la mayor parte del tiempo fuera de la unidad de cuidados intensivos. A veces puede quedarse cerca, por autorización de la dirección del hospital. Otras veces observa desde lejos. En casa la esperan otros dos hijos: una niña de seis años y un niño de doce. Les habla por teléfono y les promete volver pronto.

Sin embargo, no habla de culpables. No busca explicaciones ahora. Solo mira hacia la habitación donde su hijo duerme desde hace casi dos meses, sostenido por máquinas y por una posibilidad cada vez más estrecha. “Quiero que mi hijo esté bien”, repite. “Aún espero un milagro”, reza.