
“Cuando estás con tu perro y estás continuamente viendo el móvil, se ha visto que el perro tiene el mismo lenguaje corporal y el mismo pico de cortisol que cuando se pone celoso por un perro nuevo”. Así lo ha explicado Marcos, un estudiante de veterinaria, en un vídeo publicado en sus redes sociales.
Se trata de señales fisiológicas y conductuales concretas que muestran malestar, comparable al que un perro siente ante la aparición de otro animal en casa. La raíz del problema, según Marcos, es la falta de presencia: “Esto es básicamente porque no estamos presentes con nuestro perro y el perro lo nota perfectamente, por lo que cuando estés con tu perro o con cualquiera… deja el móvil al lado y hazle caso”, ha resumido.

La escena se repite en muchos hogares: el dueño se sienta a cenar, atiende una llamada rápida o revisa el teléfono, y el perro comienza a gemir, ladrar o empujar con las patas para recuperar la atención. Aunque a veces estas conductas se perciban como tiernas, responden a un malestar real. Los perros no sienten celos como los humanos, pero pueden experimentar inseguridad, frustración o sensación de exclusión cuando la atención se desplaza a la pantalla. Esto se traduce en comportamiento insistente o incluso ansiedad leve.
Los desencadenantes más comunes incluyen:
- Hablar por teléfono o mirar el móvil.
- Estar concentrado en la comida o en invitados.
- Ignorar a otros animales mientras se centra la atención en otra actividad.

Estrategias para fomentar la calma y la independencia
1. No reforzar la conducta de celos: No se debe responder a gemidos, ladridos o empujones. Ceder refuerza la conducta: el perro aprende que la protesta obtiene atención. La espera hasta que el animal se calme es fundamental.
2. Enseñar el comando “Lugar”: Asignar una cama o alfombra y enseñar al perro a ir allí con golosinas y elogios le da una tarea concreta durante los momentos en que no se le puede atender. Con la práctica, asociará la distracción del dueño con tranquilidad.
3. Estimular la independencia: Juguetes interactivos, Kongs rellenos o juegos de olfato ayudan a que el perro se mantenga ocupado. Breves “sesiones de ignorar” también entrenan la tolerancia a la espera.
4. Recompensar la calma: Cuando el perro permanece tranquilo mientras el dueño está ocupado, es el momento de ofrecer elogios o golosinas. Así aprende que la calma, no la insistencia, atrae atención.
5. Ejercicio y estimulación mental: Un perro activo física y mentalmente es menos propenso a buscar atención de manera insistente durante las comidas o llamadas.
La importancia de la atención plena
Marcos enfatiza que el problema no es el teléfono en sí, sino la calidad de la presencia humana: “Deja el móvil al lado y hazle caso”. Los perros interpretan cambios en nuestro lenguaje corporal y energía: cuando la mirada se baja y la respuesta se ralentiza, perciben desconexión. El mensaje es claro: reconocer que los dispositivos móviles compiten por la atención y priorizar momentos de interacción directa ayuda a mantener el vínculo, reduce la ansiedad y permite que los perros se sientan seguros y tranquilos.
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