Qué es la osteomielitis púbica que le han diagnosticado a Salvador Illa y cuál es el tratamiento: así es como se detecta y el tiempo que deberá estar ingresado

Es una infección ósea muy poco común que requiere un control médico específico y un tratamiento especializado

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Montaje Infobae de Salvador Illa
Montaje Infobae de Salvador Illa y una radiografía de pelvis

Salvador Illa ha estado en el foco mediático durante las últimas horas, aunque esta vez no ha sido por algo relacionado con la política. El Presidente de la Generalitat de Catalunya ha sufrido una osteomielitis púbica, una enfermedad infecciosa que es muy poco común.

El diagnóstico ha sido comunicado por el equipo médico del Hospital Vall d’Hebron. Después de un largo periodo de prueba, los expertos han determinado que una inflamación causada por la bacteria Streptococcus dysgalactiae. Esto es algo muy poco común, pues esta suele habitar en el tracto gastrointestinal.

La infección se ubica en el hueso de la sínfisis púbica y en el músculo obturador externo pegado a él. A pesar de lo poco habitual que es, el equipo ha especificado que se trata de una buena noticia por el tiempo estimado de recuperación.

Cuánto tiempo deberá estar ingresado Salvador Illa

El político deberá someterse a un tratamiento antibiótico y, posteriormente, a un proceso de rehabilitación. Si todo sale como estiman los expertos, no debería de tener ningún tipo de secuela.

La previsión del equipo médico es que pueda abandonar la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) este martes, por lo que mañana mismo debería pasar a la planta de hospitalización convencional mañana mismo. La previsión es que esté aquí durante dos semanas.

Cómo será el tratamiento

En casos de osteomielitis como la que presenta Salvador Illa, la prioridad es eliminar por completo la bacteria que ha llegado al hueso. El primer paso consiste en administrar antibióticos intravenosos, ajustados después según los resultados de los cultivos, para atacar específicamente al microorganismo identificado.

Una vez controlada la infección, el tratamiento continúa con antibióticos orales y revisiones periódicas para comprobar que la inflamación remite y no reaparece. Paralelamente, se incorpora fisioterapia para recuperar movilidad y fuerza en la zona púbica y la musculatura adyacente, que puede quedar debilitada por la infección y el reposo prolongado.

Cómo se detectó la enfermedad

El diagnóstico quedó definitivamente confirmado este lunes tras conocerse los resultados de los cultivos de orina y sangre, que permitieron identificar con precisión el microorganismo responsable de la infección.

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Además, se completó la evaluación con una prueba de imagen PET-TAC, método de diagnóstico funciona en dos fases complementarias. Primero, el paciente recibe una pequeña dosis de una sustancia marcada con material radiactivo que viaja por el cuerpo y se acumula en las zonas donde hay actividad anómala, como infecciones, inflamaciones o tumores.

Posteriormente, las cámaras del escáner registran tanto esa actividad metabólica como la estructura anatómica, lo que permite identificar con precisión dónde se encuentra el problema y cuán activo está.

Cómo puede una bacteria intestinal viajar hasta el hueso

Aunque la presencia de Streptococcus dysgalactiae suele limitarse al tracto gastrointestinal o la piel, bajo ciertas circunstancias puede desplazarse a otras zonas del organismo. Este salto ocurre cuando la bacteria logra atravesar las barreras naturales del cuerpo y pasa al torrente sanguíneo, fenómeno conocido como bacteriemia.

Una vez en circulación, el microorganismo se desplaza libremente y puede asentarse en estructuras vulnerables, como articulaciones, músculos o huesos. Para que esto ocurra, suelen confluir varios factores: desde una bajada puntual de defensas, una infección previa no diagnosticada, microlesiones musculares tras ejercicio intenso o procedimientos médicos recientes.

Cuando la bacteria encuentra un tejido susceptible, se multiplica y provoca inflamación, dolor y la destrucción progresiva del hueso si no se trata a tiempo. Este mecanismo explica cómo una bacteria que normalmente convive con nosotros sin causar síntomas puede desencadenar una infección localizada en áreas tan alejadas de su hábitat.