
Usar la comida para educar a un perro es una práctica muy común y, bien utilizada, puede ser una herramienta excelente. Los premios son claros, rápidos y muy motivadores para la gran mayoría de perros, especialmente durante las primeras fases del aprendizaje. Ayudan a que el canino entienda qué conducta es la correcta y refuerzan de forma inmediata lo que ha hecho bien.
El problema aparece cuando la comida se convierte en el único recurso. “No es suficiente”, explica el experto en adientramiento N. Húmedas (adiestramiento_n.humedas en Tiktok). Si el perro aprende que solo merece la pena obedecer cuando hay un premio visible y tangible, es fácil que deje de responder correctamente cuando este premio desaparece. Ademas, habrá momentos en los que el perro puede estar interesado en otros estímulos como el entorno, y ahí el refuerzo pierde toda su eficacia.
Educar a tu mascota no solo consiste en enseñarle conductas y técnicas, sino en crear una comunicación eficaz y real entre perro y humano. Por eso, el refuerzo tiene que adaptarse al momento, al contexto y al estado emocional del animal. Y ahí es donde entra la importancia de diversificar las recompensas.
Riesgos de depender únicamente de la comida
Cuando se abusa del refuerzo alimentario, se pueden dar dos situaciones muy comunes, la primera es que el perro solo obedezca si ve o huele el premio. La segunda es que, con el tiempo, pierda interés porque ese refuerzo deja de ser valioso para él. En ambos casos, el aprendizaje se vuelve frágil y poco funcional.

Además, limitar la recompensa a la comida reduce la oportunidad de fortalecer otros aspectos, como la confianza o la conexión emocional. “Hay otras formas de motivar a tu perro que puedes o incluso deberías de usar”, señala el adiestrador.
Otras formas de motivar a tu perro
El juego es una de las herramientas más importantes, sobre todo en perros con mucha energía o con motivación para interactuar. Hacer del aprendizaje algo divertido aumenta la implicación y refuerza la relación del canino. Las caricias, las palabras suaves y el tono de voz también son recompensas emocionales claves, especialmente para perros sensibles.
Otra opción es el acceso a recursos que el perro desea en ese momento como por ejemplo soltar la correa, permitirle olfatear o acercarse a algo que le interesa. Para muchos perros, esto es incluso más valioso que un premio comestible.
Es importante saber que los perros aprenden principalmente por asociación. Por lo tanto, cada vez que una acción les genera un resultado positivo, entienden que eso es lo que se espera de ellos y tenderán a repetirlo. Para saber si una recompensa es realmente placentera para tu perro, es importante observar el lenguaje corporal del animal, además, nos sirve para saber que incorporar y qué eliminar.
Usar una amplia variedad de refuerzos y premios no solo va a mejorar el aprendizaje, sino que también fortalecerá el vínculo y construirá una educación más sólida, flexible y duradera.
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