
En ocasiones, los subsuelos de las ciudades son igual o más importantes que sus superficies. Es el caso de Pilsen, en República Checa, con sus 13 kilómetros de pasillos y bodegas cerveceras; o de París, con sus 300 kilómetros de catacumbas, aunque solo pueden visitarse 2 de ellos. También destacan los caminos subterráneos de ciudades emblemáticas por quien habitó (momentáneamente) en ellos: desde los supuestos túneles de J. F. Kennedy bajo la Casa Blanca, en Washington, a los pasajes subterráneos de Chicago, vinculados con Al Capone. Ahora, la protagonista es la estación de metro City Hall de Nueva York y el individuo que ha vuelto a situarla en el mapa es Zohran Mamdani, el alcalde electo de la ciudad.
De tradición neorrománica, la primera estación de metro que tuvo la Gran Manzana ha sido el escenario perfecto para la toma de posesión de Mamdani, un alcalde que se distingue por sus valores de tradición obrera y democrática, con raíces multiculturales. Igual que le ocurre a la parada bajo tierra. El arquitecto que diseñó el conjunto de azulejos, bóvedas y lámparas de latón que cobijó al alcalde en Fin de Año es Rafael Guastavino, artista valenciano nacido en 1842.
“Cuando en 1904 se inauguró la estación Old City Hall, una de las 28 estaciones de metro originales de Nueva York, fue un monumento físico a una ciudad que se atrevió a ser bella y a construir grandes cosas que transformarían la vida de los trabajadores”, dijo Mamdani en un comunicado. El recinto está cerrado al público desde 1945, cuando la estación quedó demasiado cerca de la de Brooklyn Bridge, por lo que acabó inutilizada. No obstante, desde entonces, la plataforma se emplea para eventos ocasionales y su vía para realizar giros entre estaciones.

No obstante, el nuevo alcalde neoyorkino incide en su toma de posesión en que las grandes ambiciones “no tienen por qué ser un recuerdo confinado solo a nuestro pasado, ni debe quedar aislada solo en los túneles bajo el ayuntamiento: será el propósito del gobierno que tiene la fortuna de servir a los neoyorquinos desde el edificio de arriba”, sentenció.
La ceremonia fue íntima, rodeada de su familia y, por primera vez, con el Corán como obra sobre la que jurar el cargo. Mamdani se convierte así en el primer alcalde musulmán de Nueva York. El evento, presidido por la fiscal general neoyorquina, Letitia James, marcó el inicio de una nueva etapa en el gobierno de la ciudad, con Mamdani convertido en el alcalde número 112 y uno de los más jóvenes en la historia neoyorquina. Con un espíritu similar, Guastavino y Mamdani tratan, en sus respectivos momentos históricos de embellecer arquitectónica y culturlamente la misma ciudad.
Rafael Guastavino, nacido en València, aprehendido en Barcelona y exitoso en EE. UU.
La huella de Rafael Guastavino en el paisaje urbano estadounidense ha adquirido una nueva dimensión durante las últimas décadas, impulsada por una revalorización internacional de su trabajo. La figura de este arquitecto valenciano, considerado pionero de la arquitectura moderna en Estados Unidos, ha reaparecido con fuerza tanto entre profesionales como en la sociedad civil.
A pesar de su origen humilde en la València de mediados del siglo XIX, Guastavino llegó a construir una reputación internacional tras trasladarse a Barcelona para ampliar su formación en la Escuela de Maestros de Obras. Allí participó en proyectos decisivos para el envite modernista, como la fábrica textil Batlló y el Teatro La Massa, en Vilassar de Dalt, donde aplicó técnicas tradicionales del Mediterráneo, especialmente la llamada bóveda tabicada o catalana.

En 1881, tras cosechar los primeros éxitos en Cataluña y acuciado por dificultades económicas personales, Guastavino tomó la decisión de migrar a Estados Unidos. Según la crónica de National Geographic Historia, esa marcha estuvo marcada por la urgencia de reunir fondos para el viaje, circunstancia que le llevó a organizar un fraude piramidal en España y le impidió regresar más adelante. Acompañado de su hijo Rafael Guastavino Jr., puso rumbo a Nueva York en plena ebullición urbanística, en un contexto especialmente condicionado por los devastadores incendios de Chicago (1871) y Boston (1872), en los que la arquitectura de madera había propiciado una rápida propagación del fuego.
El arquitecto a prueba de fuego: la bóveda catalana, su emblema
Una de las primeras señas de identidad de Guastavino que se aprecia en la estación de metro es la bóveda catalana. Según destaca National Geographic Historia, este sistema constructivo, de gran arraigo en el ámbito mediterráneo gracias a la influencia árabe, consiste en la superposición de ladrillos por su cara plana y el empleo de mortero o cemento para unirlos por el lado más estrecho, creando techos curvados y autosoportados. Guastavino supo adaptar esta solución ancestral a contextos de mayor escala y dotarla de propiedades ignífugas mejoradas.
Tanto la revista Casa Decor como National Geographic Historia coinciden en que, ante la necesidad de soluciones constructivas resistentes al fuego, la bóveda catalana aportó ventajas decisivas en la parada de metro. El método introducido por Guastavino permitía levantar techos amplios sin necesidad de costosos andamios de madera y ofrecía además una resistencia ignífuga inusitada para la época.
No obstante, la innovación fue recibida con cierto recelo entre los arquitectos norteamericanos. Para disipar dudas, Guastavino recurrió a una demostración pública: diseñó una maqueta de la bóveda y la sometió a una prueba de fuego ante medios y especialistas. La técnica superó el examen, allanando así el camino para su primer gran encargo estadounidense: las bóvedas de la Biblioteca Pública de Boston.

Las improntas de Guastavino: desde Cataluña a Estados Unidos
Las huellas abovedadas del valenciano se expandieron por todo el litoral este de Estados Unidos, desde Nueva York hasta Carlina del Norte. Además de la Biblioteca Pública de Boston, Guastavino también diseñó, junto a R. S. Smith, la cúpula de la Basílica de San Lorenzo en Asheville, Carolina del Norte. Esta construcción tiene una extensión de 18 por 25 metros, lo que la convierte en la bóveda elíptica independiente más grande de Norteamérica. También se la considera famosa por ser una de las bóvedas de azulejos de cerámica más grandes del mundo, además de abergar la tumba de Guastavino. Cómo no podía ser de otra manera, el arquitecto se inspiró en su València natal, donde la Basílica de la Virgen de los Desamparados llevaba dos siglos velando por la ciudad amurallada.
Sus improntas se ampliaron a distintos centros, en su mayoría de tradición religiosa. En el país estadounidense, Guastavino también participó en la construcción de la Basílica santuario de Santa María, en Wilmington, en el estado de Carolina del Norte. De estilo barroco español, fue construida sin clavos ni madera y con los habituales azulejos de ladrillo. Mientras que para la edificación de sinagoga B’nai Jeshurun, en la ciudad de Nueva York, el artista valenciano se remontó a la época bizantina para reinventar su estilo.
La huella histórica de Rafael Guastavino permanece viva en el tejido urbano estadounidense. Según National Geographic Historia, los neoyorquinos han reconocido de nuevo su legado a raíz de los movimientos de defensa del patrimonio que, a partir de los años 70, frenaron la demolición de edificios históricos. Un exponente de este proceso fue la campaña encabezada por Jackeline Kennedy para impedir el derribo de la Grand Central Station, donde las bóvedas originales de Guastavino reforzaron la percepción de valor artístico y constructivo de la estación.
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