
En España se vuelve a hablar de la energía nuclear. En los últimos meses, se ha empezado a dudar sobre la fiabilidad del suministro eléctrico, especialmente tras el apagón que dejó sin luz a gran parte del país el pasado 28 de abril. La cuestión que se plantea ahora es si una posible prórroga de la vida útil de algunos reactores podría ayudar a garantizar la estabilidad energética.
Este debate surge tras el pacto alcanzado en 2019 entre el Gobierno y las empresas propietarias, que establecía un cierre escalonado de las centrales: Almaraz I deberá parar en 2027 y la tecnología desaparecerá gradualmente del país hasta 2035. Por el momento, y tras muchas peticiones tanto de la oposición como de las compañías, el Ejecutivo ha enviado al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) la documentación para que se estudie la ampliación de Almaraz.
Hoy, la nuclear representa solo el 20% de la generación eléctrica, por lo que su peso en el mix energético es mucho menor que en décadas anteriores. Porque, durante años, fue una de las principales fuentes de electricidad, y desempeñó un papel clave en la producción y en la configuración del sistema energético español.
De los primeros estudios al despegue de las centrales nucleares
Según el CSN, la historia de la nuclear en nuestro país comienza en 1948, cuando se empieza a plantear el estudio de yacimientos de uranio y el desarrollo de técnicas de extracción y metalurgia del mineral.
Después, tras la incorporación de España a la OCDE en 1961, y con la expansión económica de esa década, la demanda energética se aceleró. Ese aumento llevó a una mayor dependencia del gas y el petróleo, lo que, junto a la dificultad de extraer carbón doméstico, llevó a considerar que la energía nuclear sería una buena opción para garantizar la electricidad que el país necesitaba de forma continua.
Sin embargo, la primera central que generó electricidad en España llegó más tarde. Fue la José Cabrera, también conocida como Zorita, inaugurada en 1969 en Guadalajara, con 160 MW de potencia, según datos de Foro Nuclear. Le siguieron Santa María de Garoña (1971, Burgos) y Vandellós I (1972, Tarragona). Estas centrales constituyeron la primera generación nuclear de España.
Durante la década de 1970, la construcción de Almaraz (Cáceres), Ascó (Tarragona) y Cofrentes (Valencia) marcó la segunda etapa del programa nuclear español. Estas plantas entraron en operación principalmente durante la primera mitad de los años 80, consolidando un modelo de producción más autónomo. En aquel momento, la nuclear llegó a representar aproximadamente un 35% de la generación de energía del país.
La moratoria nuclear frenó en seco la expansión del sector
Además, en esos años se construyeron las centrales de Vandellós II (Tarragona) y Trillo (Guadalajara). Así, la industria nuclear española alcanzó la madurez. La central de Trillo, con 1.066 MW, fue la última en entrar en servicio en 1988.
Pero todo empezó a ir cuesta abajo y sin frenos. La política energética cambió con el Gobierno socialista de Felipe González de 1982, que instauró la moratoria nuclear que detuvo la instalación de nuevas unidades. Por aquel entonces, el Ejecutivo defendió que el desarrollo del parque nuclear debía adaptarse a una realidad distinta, ya que, según recogen desde El Periódico de la Energía, la demanda eléctrica había dejado de crecer al ritmo previsto tras la crisis del petróleo.
El frenazo también vino dado por el fuerte aumento de los costes financieros de las obras que necesitaban las centrales y que requerían largos periodos de construcción. Esa combinación llevó a la suspensión de siete reactores que estaban en marcha: las dos unidades de Lemóniz (Vizcaya), las de Valdecaballeros (Badajoz) y el proyecto Trillo II (Guadalajara). Finalmente, solo continuaron adelante Trillo I y Vandellós II. Asimismo, otras plantas como Vandellós I (cerrada en 1989) y José Cabrera (cerrada en abril de 2006) finalizaron su operación.

El mapa actual de la energía nuclear en España
En la actualidad, España cuenta con cinco centrales nucleares en operación, dos de ellas con dos reactores cada una, sumando siete reactores, tal y como indican desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico: Almaraz I y II (Cáceres), Ascó I y II (Tarragona), Cofrentes (Valencia), Trillo (Guadalajara) y Vandellós II (Tarragona).
Estas tecnologías suman una potencia instalada de 7.398,77 MW y generan cerca del 20% de la electricidad española, contribuyendo a la estabilidad del suministro y a reducir emisiones de carbono, aunque plantean retos de costes, modernización y gestión de residuos.
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