En un contexto de preocupación por la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores tras la jubilación y la sostenibilidad futura del actual sistema de pensiones, las declaraciones de una española retirada han reavivado el debate sobre la compatibilidad entre diferentes tipos de prestaciones. Una pensionista llamada Charo ha dado a conocer su caso en el programa Y Ahora Sonsoles de Antena3, en el que expuso las dificultades económicas a las que enfrenta su colectivo, señalando que a pesar de percibir 1.400 euros de pensión de viudedad mensuales, la cuantía resulta insuficiente para vivir dignamente, especialmente en la vejez.
El testimonio de la jubilada, que además de esos 1.400 euros percibe otros 900 euros adicionales por la pensión de jubilación, asombró a la periodista Sonsoles Ónega, conductora del espacio televisivo, que subrayó el contraste entre los importes de las dos ayudas. La mujer respondió con un contundente “no” cuando su interlocutora le preguntó si esta cantidad le parecía un importe justo.“No estaría aquí si me pareciera bien”, aseguró la pensionista, aunque las razones de su descontento distan mucho de las sugeridas por Ónega.
Casi la mitad del sueldo en vida
“Mi marido cotizó toda su vida de trabajo para cobrar un sueldo y a mí me pagan el 52% de ese sueldo”, denunció Charo. A eso se añade una reducción de 200 euros en su pensión, consecuencia de un “tope” cuya función, según afirma, no comprende. Charo resaltó la falta de proporcionalidad entre las limitaciones impuestas a los ingresos limitados de los pensionistas y la falta de esta misma regulación para los gastos básicos, como la luz, el agua, el teléfono, la vivienda y la comida, a los que tienen que hacer frente los pertenecientes a este colectivo y el resto de ciudadanos.

La periodista, por su parte, expuso una de las controversias en torno al sistema: “Usted entiende el debate, que hay gente que dice: ‘No puede cobrarse dos pensiones, y la de viudedad ya ha quedado obsoleta’”. Ónega recalca que esta ayuda se instauró en 1969 para garantizar la seguridad económica de las mujeres cuando tradicionalmente se dedicaban a ser esposas y amas de casa, pero que no tiene sentido hoy en día, cuando las eprsonas de ambos géneros sueles tener carreras profesionales. Al respecto, Charo replicó: “Lo entiendo, pero no lo comparto”.
“El problema se engorda”
Charo argumentó que su pensión de jubilación corresponde a su cotización laboral, y la de viudedad a los derechos adquiridos por su esposo, quien, si viviera, seguiría percibiendo el 100% de su salario. “¿Por qué yo no?”, preguntó. “Eso es lo que quiero saber yo. El 48%, no sé quién se queda con él”, añadió. “Queremos tener los últimos años de vida cubiertos y las necesidades cubiertas. Yo no tengo por qué ir a hacer números cuando he trabajado toda mi vida para tener un estatus social normal”, afirmó, visibilizando el desánimo y la inestabilidad que viven estos colectivos en su etapa final.
“Somos un colectivo al que no se tiene en cuenta las necesidades. Somos un grupo de personas que, aparte de haber perdido nuestra otra mitad, que eso crea una soledad también, si eso va aumentado con una no buena remuneración, el problema se engorda”, lamentó Charo.
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