Ricky Rubio recuerda cómo vivió el fallecimiento de su madre: “Si no me llega a esperar, yo creo que no me lo perdono nunca”

Tras terminar la temporada, en abril, el jugador de baloncesto pudo volver a su casa y pasar unas últimas semanas con su madre

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Jugador profesional de baloncesto en la NBA (Fuente: Instagram)
Jugador profesional de baloncesto en la NBA (Fuente: Instagram)

Perder a una madre es quizá una de las experiencias más dolorosas que los hijos deben enfrentar a lo largo de su vida. Si a esto le sumamos, entre todas las posibilidades, que el cáncer sea la causa que ponga fin a su existencia, el dolor parece multiplicarse. Ya no se trata de un proceso natural de envejecimiento, sino un deterioro progresivo.

Ricky Rubio, jugador de baloncesto profesional, es uno de los tantos hijos que desgraciadamente ha tenido que ver morir a su madre a consecuencia del cáncer. La enfermedad fue detectada en el año 2012 y desde ese momento sus vidas cambiaron de forma drástica. Aunque continuaron cumpliendo con su rutina, su cotidianeidad quedó influenciada por el avance de la enfermedad.

Ricky se sincera en una entrevista con Jordi Évole

En una reciente entrevista con el periodista español Jordi Évole en su programa de La Sexta, Lo de Évole, Ricky compartió su testimonio. Ante el recuerdo de su madre se le mezclaron sentimientos de dolor y de felicidad. Dolor, porque hablar de ella inevitablemente reabría la herida de su ausencia; pero también felicidad, por poder revivir ese amor incondicional que siempre le brindó.

Entrevista para La Sexta (Fuente: Instagram)
Entrevista para La Sexta (Fuente: Instagram)

“Le detectan cáncer en el 2012 y está tres o cuatro años con tratamientos”, explica Jordi en relación con esos primeros años en el que sus vidas quedaron condicionadas por un nuevo contexto.

Los principios siempre son duros, sin embargo, pueden estar revestidos por un halo de luz y de esperanza. La fuerza llega con la incertidumbre de que, tal vez, gracias a los tratamientos, el cáncer pueda desaparecer. Si bien es cierto que en muchos casos la medicina, y la fuerza interior de los pacientes, consigue trascender la enfermedad, en otros, el cáncer se reproduce causando una metástasis refractaria.

Jordi relata como, desde su infancia, estuvo muy unido a su madre. Ante su diagnóstico de cáncer, intentó mantenerse a su lado, a pesar de su carrera profesional. Llamadas, viajes de vuelta a España. Conciliar el baloncesto con su vida particular nunca fue fácil. En especial, recuerda los duros momentos de la temporada 15-16. Fue el último año en el que los efectos de la enfermedad avanzaron de forma determinante. “Yo salía del coche y llamaba a mi madre, pero me colgaba porque tenía que vomitar. Ella no quería que lo viera”.

La espera de una despedida

Jordi está convencido de que su madre le esperó antes de fallecer. Se encontraba en Estados Unidos, jugando en la NBA, cuando la necesidad de su regreso fue inminente. Eran los últimos momentos de su madre que padecía un deterioro terminal.

Asimismo, el pensamiento se su madre le reconcomía, incluso en los partidos. Se obsesionó con conseguir la victoria a toda costa, entrando en un círculo vicioso donde la pérdida de un partido representaba al mismo tiempo un fracaso vital en el que la imagen de su madre enferma se le entremezclaba. Sus niveles de autoexigencia alcanzaron unos límites perjudiciales.

Voces: "A mi mamá le diagnosticaron cáncer y no fui capaz de volver"

“Recuerdo llorar por perder. Era una sensación que, para mí, ganar era que lo has hecho todo bien y perder que lo has hecho todo mal”.

Con la temporada de la NBA finalizada, no lo pensó dos veces y aprovechó el paréntesis para volver a su hogar y pasar con su madre cada minuto posible. En el programa de La Sexta recordó con emoción ese momento, confesando: “Siento que mi madre me esperó. Llegué a finales de abril y compartimos unas cuatro o cinco semanas juntos”.

Al hablar de esos días finales, su testimonio conmovió profundamente. Admitió que, de no haber tenido la oportunidad de estar con ella antes de su partida, habría cargado con un peso insoportable: “Si ella no me llega a esperar, creo que jamás me lo habría perdonado”. Así, sus palabras dejaron entrever la mezcla de alivio y dolor que todavía lo acompaña al evocar la despedida ante la que por fin, gracias a su familia, ha podido encontrar consuelo.