
La comunicación es un aspecto fundamental del día a día: no solamente nos relacionamos con el resto utilizando las palabras, ya que nuestros gestos y comportamientos dan información sobre lo que pensamos, sentimos u opinamos. Este lenguaje no verbal cuenta con un gran componente vinculado a las costumbres: en cada país existen unas formas determinadas, lo que dificulta en algunos aspectos la comunicación.
Esto también ocurre con las palabras. No solamente con respecto al idioma (que es la primera barrera comunicativa con la que puede encontrarse una persona a la hora de interactuar con gente con la que no comparte una misma lengua materna), sino que los dialectos o incluso la pronunciación también influyen.
De esta manera, los hablantes de una misma lengua pueden no llegar a entenderse del todo si el vocabulario, las expresiones o el ritmo a la hora de hablar son diferentes. Además, el español cuenta con una particularidad que otros idiomas no comparten: se pronuncian las palabras tal cual se escriben.

Esto potencia una nueva barrera: se incluyen extranjerismos a los que se les cambia la pronunciación, provocando que las personas que no tienen el español como lengua materna no las entiendan. Tania, una joven ucraniana que reside en España explica en uno de sus últimos vídeos publicados en TikTok (@tania_en_espana) que esta es una cuestión por la que considera que “los españoles suelen simplificar la vida”: “Leen las palabras de otros idiomas como si fueran españolas”.
La españolización de los extranjerismos
“Me pareció muy curioso que mis compañeras de la clase de inglés, que son de aquí de Zaragoza, no entendieran cuando dije ‘Forbes’“, explica la ucraniana, pronunciando el nombre de la revista estadounidense según las normas fonéticas del inglés. Así, la profesora tuvo que traducirlo ”a la española" para que ellas entendiesen de lo que estaba hablando.
Esto generó una conversación sobre la españolización de las palabras, es decir, pronunciar las palabras extranjeras como si fuesen del castellano. Tania da algunos ejemplos, como “Colgate, cringe, wifi, Cheetos”, que en España se leen de la misma forma que se escriben, pese a que las normas fonéticas del inglés indiquen otra cosa.
“No estoy criticando a nadie”, explica la ucraniana, a la que simplemente le ha parecido curioso “un aspecto de la lengua y de la cultura” que refleja cuán diferentes pueden ser en muchos aspectos las sociedades de cada país. De hecho, esta forma de hablar contrasta completamente con lo que ocurre con el polaco, por ejemplo: “Si cogen las palabras de otros idiomas, mantienen la pronunciación y la ortografía originales. Ellos sí que se complican la vida”.
En cierta medida, este fenómeno se produce porque algunos de los sonidos de otros idiomas (como del inglés o del francés), no existen en el español. Por ello, para los hispanohablantes resulta complicado pronunciar aquellas palabras que cuenten con ellos y buscan opciones disponibles en su idioma para “solucionar esa carencia”. Así, por comodidad y costumbre, ajustan cada término a lo que ya conocen, “simplificando” de esta manera “la vida”, como opina Tania.
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