
Inmaculada lleva viviendo de alquiler 10 años en un edificio ubicado en la calle Fragela 3 en Cádiz, que colinda con el Teatro Falla, y en el que residen otros dos vecinos más. La propietaria del bloque falleció y sus herederos lo vendieron a una promotora inmobiliaria que no está interesada en renovar sus contratos, sino en reformar las viviendas para convertirlas en pisos turísticos y elevar su precio, según denuncian estos vecinos, que han decidido quedarse, seguir pagando su renta y declararse como “bloque en lucha” con la ayuda del Sindicato de Inquilinas.
Con un mercado del alquiler cada vez más limitado -actualmente en Cádiz hay poco más de 300 viviendas disponibles- y precios que ya superan de media los 12 euros por metro cuadrado, por lo que un piso de 80 metros ronda los 1.000 euros, Inmaculada, mileurista y con una hija de 15 años a su cargo, no ha podido encontrar nada. “Tengo trabajo, pero parece que no doy el perfil y cada vez exigen más requisitos. En Cádiz apenas hay oferta, casi todo es para alquiler vacacional o carísimo, así que hay muy pocas opciones”, cuenta en conversación con Infobae España. Como trabaja de lunes a sábado en turno partido, añade, tampoco tiene tiempo de desempeñar otro empleo.“No puedo dejar que mi hija se críe sola y no puedo estirar más el salario”.
“Si tengo que dedicar el 70% de mi salario al alquiler, mi hija no va a poder estudiar ni podré llevarla al dentista si lo necesita, o me tocaría ir a Cáritas para pedir comida, aunque allí me dirían que como tengo trabajo no me pertenece. Esto es precariedad en todos los aspectos”, resume la mujer.
Su contrato de alquiler terminó el pasado mes de febrero, pero Inmaculada, al igual que otra vecina a la que ya le ha vencido el plazo, ha seguido pagando su renta mes a mes. La promotora, explica, se niega a negociar una renovación de los contratos y, “en su intento de presionar para echarles del bloque”, les devuelve las transferencias del alquiler, por lo que decidieron abrir un número de cuenta en el juzgado para poder ingresarlo. Solo hay un vecino al que aún tiene el contrato de alquiler vigente, pero se le termina en octubre.
Obras de reforma como “medida de presión”
Además, la promotora ha iniciado unas obras de reforma en el bloque que “están afectando” al bienestar de las tres familias, pues llevan meses soportando “ruidos y suciedad”. “Han puesto puntales en cada una de las plantas como medida de presión y, de hecho, uno de ellos cayó sobre hija, que menos mal que iba con mochila y amortiguó el golpe, porque le habría golpeado en la clavícula. No hay medidas de seguridad de ningún tipo”, lamenta. La promotora también les ha llegado a ofrecer una indemnización si abandonan el bloque.

El modus operandi de esta empresa se repite en otros muchos bloques que han sido adquiridos por fondos de inversión que buscan rentabilizar la inversión, principalmente mediante el alquiler turístico o la venta, por lo que en muchas ocasiones los inquilinos e inquilinas sufren fallos en los servicios básicos e incluso amenazas, obras de reforma y ruidos.
Ejemplo de resistencia como la casa Orsola en Barcelona
Desde el Sindicato de Inquilinas de Cádiz, que se creó el pasado mes de febrero con el objetivo de organizar la defensa colectiva de los vecinos y vecinas “frente a los abusos de los propietarios”, denuncian además que el Ayuntamiento de la ciudad está permitiendo esta situación, ya que las obras “no cuentan con la licencia necesaria y Urbanismo está haciendo oídos sordos a las reclamaciones de los vecinos y vecinas de la finca”.
Además, recuerda la organización, este edificio cuenta con un nivel de protección 1 en términos de patrimonio, por lo que “debe ser protegido por las autoridades locales y eso no está ocurriendo actualmente”. “La permisividad del consistorio ante estas obras sin licencia pone en riesgo la integridad física de las inquilinas y el patrimonio histórico de la ciudad”, sostienen.
Al declararse en lucha, las tres familias de este bloque del centro de Cádiz confían en que puedan “convertirse en un símbolo de resistencia frente a los rentistas y la gentrificación que están acabando con los barrios de la ciudad”, como ya ocurrió con el emblemático edificio de Casa Orsola en Barcelona. El pasado mes de enero, la resistencia vecinal logró paralizar el intento de desahucio de este bloque ubicado en el centro de la ciudad condal y finalmente fue adquirido por el Ayuntamiento y la entidad del Tercer Sector Hàbitat3, a través de una fórmula social colaborativa.
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