
El 8 de mayo de 2025, una patrulla de la Brigada Anti Criminalidad (BAC) de Juvisy-sur-Orge, ciudad francesa a menos de 19 km al sur de París detuvo a un conductor de VTC (vehículo de transporte con conductor) que hablaba por teléfono al volante. Este llevaba una pasajera a bordo. Los policías sospecharon debido al olor característico de un producto que suelen usar los traficantes para engañar el olfato de los perros entrenados en la detección de drogas en el aeropuerto de París-Orly, según informa el medio local francés ActuEssonne.
Tras las sospechas, la patrulla ordenó abrir el maletero al conductor, donde había dos grandes maletas cerradas con candado, en su interior estaban llenas de cocaína. Según el medio francés, su valor en el mercado negro se estima en más de un millón de euros.
La pasajera, Maryvonne, no tardó en admitir los hechos y explicó la causa de que aquellas maletas estuvieran allí repletas de estas sustancias. “Ya no tenía vivienda, vivía en los alrededores de la estación de Savigny-sur-Orge, cuando un hombre se me acercó y me propuso hacer este transporte. Me iban a pagar 9.000 euros”, declaró según el medio local.
Posteriormente, Maryvonne fue contactada a través de la aplicación Signal y siguió al pie de la letra las instrucciones. Finalmente, la imputada tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados de la Sala 10 del Tribunal Judicial de Évry-Courcouronnes, el pasado 15 de mayo.

Una vida marcada por las desgracias y el abandono
La implicada vivió en Morsang-sur-Orge en casa de una conocida que la acogió. Maryvonne creció en las Antillas en una familia desestructurada. A los 14 años tuvo a su primer hijo. Se casó con 16 años y se divorció cuatro años más tarde. Con su nueva pareja tuvo cinco hijos más, que con el tiempo fueron todos puestos bajo tutela de los servicios sociales, según información publicada por el medio francés ActuEssonne.
Tras ser víctima de una violación conyugal, Maryvonne se encontró en la calle e intentó sobrevivir de cualquier forma. Esta mujer de 43 años encadenó contratos precarios como preparadora de pedidos, trabajos que no le permitían conseguir un techo donde vivir. Fue cambiando de alojamiento continuamente, dependiendo de las personas que encontraba, y trataba de mantener el vínculo con sus hijas menores, que viven en la región de Ruan, en Normandía.
Un año de prisión
Al explicar las razones que la llevaron a aceptar participar en ese transporte de droga señaló “estoy al límite”. La fiscal solicitó una pena de tres años de prisión, mientras que su abogada, Maestra Déborah Meier-Mimran, hizo hincapié en cómo había sido su pasado y todo lo que había vivido, “a pesar de su vida caótica y sus fragilidades, mi clienta siempre ha mantenido un rumbo moral, no tiene antecedentes penales”, destacó.
También añadió en su defensa que “es simplemente vulnerable a las influencias”. Tras la deliberación, fue reducida la condena del alegato inicial y Maryvonne fue condenada a un año de prisión.
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