
Cada vez hay más pruebas que sugieren que estamos, irremediablemente, expuestos a los microplásticos. Existen decenas de estudios que muestran la presencia de estas partículas en varias partes del cuerpo, especialmente dentro de los tejidos y órganos asociados con los sistemas respiratorio y digestivo. Por ejemplo, en el estudio Detección de diversos microplásticos en heces humanas: una serie de casos publicado en la revista de medicina Annals of Internal Medicine, se detalla el registro de plástico en las muestras de heces de ocho donantes. En total, se detectaron nueve tipos de plásticos. Y, aunque no hay aún una respuesta de la comunidad científica sobre el impacto de esta irrupción en nuestro organismo -un informe del Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición indica que no hay datos suficientes para caracterizar la potencial toxicidad de estas partículas que “precisan de más investigación”- hay quienes tratar de evitar cualquier tipo de contacto con este material en su alimentación para evitar que entren en su organismo. Pero no lo tienen fácil.
El plástico forma parte del día a día de la sociedad moderna por sus ventajas clave sobre otros materiales, como la versatilidad, la durabilidad, la rentabilidad, la ligereza, la higiene y la seguridad. De hecho, ha revolucionado el sector del envasado de alimentos al prolongar la vida útil de los alimentos frescos, permitir aplicaciones esenciales para la salud y contribuir a un envío más ligero y seguro. Sin embargo, está tan presente, que es casi imposible evitar que acceda al cuerpo. Prácticamente, todos los productos de supermercado vienen embalados con este material, pero hay uno en concreto en el que muchos no reparan y del que se desprenden una gran cantidad de microplásticos en su elaboración en casa: las bolsitas de té.
Millones de microplásticos en un sorbo
En 2024, un grupo de científicos descubrió que preparar té con una bolsita fabricada con plástico polipropileno liberaba millones de microplásticos de plástico por cada mililitro de té. Era uno de los principales resultados del estudio Micro/nanoplásticos derivados de bolsitas de té como sustituto de escenarios de exposición de la vida real publicado en la revista Chemosphere, cuyos autores expresaban que “los conocimientos obtenidos de este estudio deberían informar las políticas regulatorias destinadas a minimizar la contaminación plástica en los materiales en contacto con alimentos y proteger la salud pública”.
Para evitar la potencial exposición a los microplásticos y prescindir de las bolsitas de té, se puede cambiar este sistema a través de las bolsitas por un infusor, un colador o un filtro de material metálico. Solo será necesario comprar las infusiones a granel y así evitar la contaminación del agua con el plástico.
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