
“Un conjunto horrible de circunstancias”. Así se ha referido el primer ministro neozelandés, Christopher Luxon, al incidente que ha escandalizado a su país y ha provocado incluso protestas y movimientos sociales que están pidiendo cambios en las leyes. Y es que hay sucesos que ni siquiera los eufemismos pueden amortiguar: en Nueva Zelanda, una niña de 11 años fue detenida, ingresada en una unidad psiquiátrica y medicada a la fuerza con antipsicóticos utilizados normalmente en adultos. Y todo por un error.
El hecho ha ocurrido en la ciudad de Hamilton, en el norte del país, cuando la niña, que se encontraba cruzando un puente, fue confundida por un coche patrulla con una mujer de 20 años que había desaparecido. Las autoridades no han explicado cómo pudieron pensar que una menor de edad de sólo 11 años era en realidad un adulto nueve años mayor, pero el caso es que llevaron a la niña al hospital, donde, según ha recogido la agencia de noticias AFP, fue admitida en una “unidad de cuidados psiquiátricos intensivos”. Según el informe elaborado por el Ministerio de Salud después de que estallara el caso, la niña presentaba “habilidades verbales limitadas”, lo que complicó aún más que pudiera explicar su situación. “La paciente A vive con una discapacidad que le impide expresarse bien”, puntualizó dicho documento.
En el hospital, una enfermera que parece una de las pocas personas competentes en esta historia sugirió que la paciente “se parecía a una niña”. Pero sus palabras cayeron en saco roto: la menor fue ingresada y retenida en contra de su voluntad. Y cuando se negó a tomar los medicamentos que le quisieron administrar, los médicos optaron por la vía más directa: le pusieron a la fuerza, a través de una inyección, un medicamento antipsicótico que es “raramente administrado a niños”, cuenta AFP. “El personal estaba trabajando bajo la suposición de que estaban administrando medicamentos a un adulto, no a un niño”, señala el informe del gobierno.
La niña pasó más de 12 horas en el hospital hasta que la policía se dio cuenta de su error y llamó a su familia para que la recogiera.
“Quiero comenzar disculpándome...”
El caso ha generado indignación a nivel nacional. El primer ministro neozelandés expresó su consternación en declaraciones recogidas por AFP. “Es increíblemente angustiante e increíblemente preocupante. Como padre, uno se identifica con lo que es un conjunto horrible de circunstancias. Tengo una enorme empatía por ella y su familia”, afirmó Christopher Luxon, quien también ordenó una investigación oficial para esclarecer lo sucedido y determinar responsabilidades.
El tiempo transcurrido hasta que se corrigiera el error añade otra capa de gravedad al caso. La niña permaneció más de doce horas en el hospital psiquiátrico antes de que la policía descubriera su error. Richard Sullivan, alto funcionario de salud, también ha lamentado “profundamente” lo sucedido: “Solo quiero comenzar disculpándome con esta joven y su familia por el trauma y el sufrimiento que les han causado. Es necesario asegurarnos de que esto no vuelva a ocurrir”.
Diversos movimientos sociales están exigiendo respuestas claras y un cambio de políticas para garantizar la protección de los derechos de los niños y las personas vulnerables.
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