
Las multas de tráfico tienen un sentido capital, que es la convivencia y la seguridad en las carreteras para uno mismo y para el resto de usuarios. Recientemente, se ha conocido además que ya no tendrán ni fronteras. En el caso de la Unión Europea, ya no será posible cometer una infracción grave que conlleve la retirada del carnet y conducir en cualquier otro país. Comúnmente se trata de exceso de velocidad, del consumo de drogas o alcohol o de provocar un accidente con víctimas, que suele ser consecuencia de una de las dos anteriores.
A partir de ahí, cada estado, en España con la Dirección General de Tráfico (DGT) al frente, establece sus propias normas y sus propios límites. Y están los ayuntamientos, que regulan la circulación y el aparcamiento y disponen también de capacidad para sancionar.
Dada la vasta regulación a todas las escalas y más allá de las evidentes, es prácticamente imposible conocer al detalle todas las acciones que pueden conllevar una multa. Algunas, de hecho, las conocemos gracias a noticias, cuando ya alguien ha tenido que pagar por ellas. Por esta vez, el caso que aquí ocupa no ocurrió en nuestro país, sino en Italia, y se puede decir que la sanción, más que por representar un peligro para los demás, se ha puesto por ser demasiado confiado.
Por 10 centímetros
Ocurrió el pasado 23 de marzo al propietario de un coche aparcado cerca del Santuario de Monte Berico en Vicenza. De vuelta a su vehículo, correctamente estacionado, se encontró con un papelito en el salpicadero, una multa. 42 euros por “comportamiento que instiga al robo”. La razón es que el conductor dejó el cristal delantero izquierdo bajado ni siquiera del todo, sí unos 10 centímetros. Lo que, a juicio de la policía local, vulnera el Código de Circulación.
Según el acta de infracción, el conductor violó el artículo 158, punto 4 del mencionado código. Este artículo establece que toda persona que estacione un vehículo debe adoptar las “precauciones adecuadas para evitar accidentes y prevenir el uso del vehículo sin su consentimiento”. En otras palabras, dejar el cristal ligeramente bajado puede considerarse como una invitación involuntaria para que los delincuentes intenten acceder al interior del vehículo, convirtiéndolo en un blanco fácil para robos o intrusiones.

Pagará religiosamente
El propietario del coche, entrevistado por Il Giornale di Vicenza, ha expresado su sorpresa y desconcierto por la multa. Si bien reconoce que la aplicación de la norma es formalmente legítima, subraya que, en su opinión, faltó el “sentido común” en la aplicación de la ley. “¿Cómo pueden multar un coche estacionado correctamente, con el cristal apenas bajado, frente a un lugar de culto frecuentado por personas mayores?”, cuestiona.
Pese al desacuerdo, el protagonista ha asegurado que no recurrirá y que pagará religiosamente. La multa de 42 euros se podría haber elevado hasta los 173 euros en caso de que la infracción hubiera sido más grave.
El salto de la noticia a los medios ha generado cierto debate en Italia sobre la en ocasiones falta de flexibilidad ante las normas, que no se tengan en cuenta las circunstancias concretas y el contexto en el que se producen las infracciones. En cualquier caso, el afectado ha decidido actuar ejemplarmente y, quién sabe, la policía y su supuesta rigidez han podido evitarle futuros disgustos.
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