
Antonio Banderas es, posiblemente, el actor español más exitoso y reconocido a nivel mundial. Desde La máscara del Zorro hasta El Gato con Botas, pasando por Dolor y Gloria o Érase una vez en México, el actor muestra una trayectoria envidiable en el mundo del cine. Pero en 2017, mientras se encontraba en Londres, sufrió un ataque al corazón que provocó que tuviese que ser ingresado en el St Peter’s Hospital, donde quedó en observación hasta que el personal médico se aseguró de que se encontraba estable y fuera de peligro.
Aunque el actor aseguró que se había tratado de un “episodio sin importancia”, marcó un punto de inflexión en su vida y lo llevó a replantear sus hábitos, especialmente en lo que respecta a su alimentación y su estilo de vida. En una entrevista reciente con Men’s Health, reveló los cambios que implementó desde ese momento para cuidar su salud y evitarse un nuevo susto: “Confieso que, desde que tuve el percance con el corazón, como menos carne roja, y he tenido que reducir mucho su consumo”. Y es que cualquier cardiólogo recomendará un consumo moderado de cualquier alimento rico en colesterol “malo” (por su elevada cantidad de grasas saturadas) después de un infarto, lo que incluye carnes rojas y procesadas. Pero, ¿por qué?
Lo que puede provocar un consumo elevado de carne roja
La carne roja es la carne muscular de los mamíferos, incluyendo ternera, cordero, cerdo, cabra, y caballo; y la procesada es todo producto cárnico que haya sido modificado mediante su salazón, curación, fermentación, ahumado o en cualquier otro proceso. Según la página web de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la carne roja está clasificada como grupo 2A, es decir, potencialmente cancerígena para los seres humanos, aunque esta consideración se basa en evidencias limitadas (porque no se podían descartar otras posibles causas) de estudios epidemiológicos que encontraron una correlación entre el consumo de carne roja y el desarrollo de cáncer colorrectal.

De acuerdo con la Fundación Española del Corazón, “con la carne roja, mejor menos que más”. Según explican, un estudio realizado por el Departamento de Nutrición de la Universidad de Harvard descubrió una asociación del consumo de carne roja con un incremento del riesgo total de padecer enfermedades cardiovasculares y cáncer. Del mismo modo, los investigadores descubrieron también que la ingesta de una porción de carne roja no procesada al día incrementaba en un 13% el riesgo de mortalidad, mientras que la misma porción de carne procesada mostraba un aumento del 20% del mismo.
Según Convive con el Cáncer, entre los factores que explicarían la asociación del consumo de la carne roja con esta enfermedad destaca su contenido en hierro hemo, que puede producir radicales libres, dañando el ADN, y además promueve la formación de compuestos N-nitroso en el intestino, los cuales han sido clasificados como cancerígenos. También se relaciona con el desarrollo de la diabetes de tipo 2. Pero el corazón no es lo único que se pone en riesgo: según Mayo Clinic, un alto consumo de alimentos ricos en purinas, como la carne roja, eleva los niveles de ácido úrico, lo cual aumenta el riesgo de desarrollar gota.
Por otro lado, un estudio realizado por el doctor Daniel Wang (profesor adjunto del Departamento de Nutrición en el Hospital Brigham and Woman’s y la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard) y publicado en la revista Neurology, las personas que comen más carne roja procesada presentan un riesgo 14% mayor de desarrollar demencia que quienes ingieren cantidades mínimas, aunque no encontraron una correlación directa entre el propio desarrollo de la enfermedad neurodegenerativa y el consumo de carne roja no procesada.
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