
Los quitamanchas y desengrasantes de KH-7 se han convertido en una de las marcas líderes del sector en los hogares españoles. Desde su creación en 1977, estos productos de limpieza han pasado de producirse para consumo propio a comercializarse también en Europa y Estados Unidos, llegándose a vender 26 millones de unidades de KH-7 cada año, lo que reporta unos ingresos de 66 millones de euros a la empresa. Su inventor, el catalán Jaume Lloreda, ha explicado para los micrófonos del programa A vivir de la Cadena SER cuál es la historia de este producto que se encuentra en la mayoría de casas españolas.
KH-7 tiene actualmente múltiples aplicaciones, pues es utilizado para absorber la grasa y los restos de casi cualquier material u objeto: los automóviles, la vajilla, la ropa... Sin embargo, Jaume Lloreda ha explicado que en un primer momento surgió para usarse en la joyería: “Primero era un producto para sacar las grasas de las joyas después de pulirlas, y después se utilizó para componentes eléctricos”. De esta manera, se ha convertido en una fórmula utilizada para todo, lo que ha dado como resultado diversos productos dentro de la misma marca: para baño, friegasuelos, quitamanchas, para cocina, quitagrasas...
La historia del KH-7
Jaume Lloreda, hijo de una familia de agricultores de Les Franqueses, se trasladó a Barcelona para ser joyero, una profesión que todavía no había sido desarrollada en el entorno familiar. Se formó en la Escuela Massana e inició su actividad laboral en el sector en un taller de Mallorca. Sin embargo, en 1949 se convierte en empresario al fundar la empresa de recubrimientos metálicos Jaime Lloreda Bufí.

La corporación dará un giro cuando Jaume se enfrente a la problemática de limpiar las piezas que enviaba a sus clientes: no existía en el mercado ningún producto que permitiese eliminar la grasa que se generaba en los baños, por lo que el empresario decidió crear él mismo sus propios detergentes. Tras varias fórmulas, en marzo de 1977 dio con la clave mezclando un detergente muy suave y un disolvente, dando lugar al KH-7: la “K” representaba el primer producto, mientras que la “H” designaba el disolvente; el número 7 se añadió porque la séptima prueba fue la buena y posibilitó el producto final.
En un primer momento, este producto fue utilizado solo para consumo propio dentro de la empresa, pero ante su eficacia comenzaron a cuestionarse su comercialización. De esta manera, lo que al principio fue una corporación dedicada a los recubrimientos, poco a poco se fue convirtiendo en una compañía destinada a la producción y venta de detergentes. Sus primeros clientes no fueron los consumidores finales, sino que el KH-7 atrajo a los sectores de la hostelería, la restauración, el mercado industrial y los intermediarios.
Será más tarde cuando el producto comience a aparecer en los hogares españoles, convirtiéndose en el desengrasante estrella, primero en Cataluña y después en el país entero. Su salto internacional ha provocado que la marca KH-7 aparezca también en mercados europeos y estadounidenses, lo que ha llevado al KH-7 a tener unas ventas diarias de 140.000 unidades y convertirse en unos de los productos estrella del sector de la limpieza.
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