
Ola de calor en España: playas abarrotadas en las que no cabe ni una hormiga, turistas desorientados en busca de una sombra que no existe en la Puerta del Sol, barbudos bañándose semidesnudos en las fuentes públicas de las ciudades, perros chapoteando en todas las fuentes de agua que son capaces de encontrar, comercios con el aire acondicionado en modo frío polar, y calles en las que los niños hacen el experimento de cocinar un huevo frito sobre el asfalto. Todas estas imágenes se han visto desde este jueves a lo largo de toda la península, pero todas ellas tienen un aire de déjà vu.
En efecto, esto ya lo hemos vivido, todos los años es lo mismo, hay ciudades casi invivibles en julio y agosto, y las noticias sobre el tema se repiten año tras año: “Aviso especial de la AEMET”, “muertes por calor extremo”, “estas son las personas más vulnerables”, “estas son las medidas para protegerse”, y un largo etcétera. Pero si cada año parece más de lo mismo, ¿entonces este calor no tiene nada de raro? Los científicos no piensan así.
Las temperaturas más altas en 6.500 años
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) -creado en 1988 para recopilar y analizar todas las evidencias disponibles sobre el tema, y compuesto por cientos de científicos de 195 países-, afirma que “el calentamiento de la atmósfera, el océano y la tierra debido a la influencia humana es inequívoco” y que “la influencia humana ha provocado un calentamiento en el clima a un ritmo sin precedentes en, al menos, 2.000 años”.
Además, el aumento de temperaturas actual solo es comparable al llamado Máximo del Holoceno, ocurrido hace 6.500 años y que se considera el periodo más cálido de los últimos 100.000 años. En esas fechas, cuando el ser humano ya pululaba por todas partes y las ciudades mesopotámicas estaban empezando a asentarse, el planeta era entre 0,5 y tres grados más cálido que en la actualidad, aunque esto no fue uniforme por todo el mundo. El hielo del mar Ártico, por ejemplo, era mucho menos abundante, y los desiertos actuales de Asia Central eran bosques debido a las elevadas precipitaciones. Antes de ese momento, “el último período interglacial, hace unos 125.000 años, es el siguiente candidato más reciente a un período de temperatura más elevada”, indica la investigación del IPCC.
Desde entonces, en los dos últimos milenios, la temperatura media global había descendido y se había mantenido estable en un clima mayoritariamente templado... hasta el siglo XIX y la Industrialización. Ahí comenzó a calentarse el planeta: “cada una de las últimas cuatro décadas ha sido sucesivamente más cálida que cualquier década anterior desde 1850. La temperatura global en superficie fue 1,09°C más alta en 2011–2020 que en 1850–1900, y los aumentos fueron mayores sobre la tierra que sobre el océano”, señala uno de los informes del IPCC. “El incremento estimado de la temperatura global en superficie se debe principalmente a un mayor calentamiento a partir de 2003–2012″.
Más calor a un ritmo acelerado
La conclusión en el mundo científico es unánime -exceptuando a los negacionistas climáticos, claro, que son abrumadora minoría y no son tomados en serio por los demás investigadores-: la temperatura global de la actualidad es 1,1 grados más alta que en la era preindustrial (1850-1900), y el “factor humano” es responsable de 1,07 grados sobre ese total. Y el problema no es solo la subida de la temperatura, sino el ritmo acelerado y ‘antinatural’ al que se está produciendo.
“Es prácticamente seguro que ha aumentado la frecuencia y la intensidad de los episodios de calor extremo (incluidas las olas de calor) en la mayoría de las regiones terrestres desde la década de 1950, mientras que los fenómenos de frío extremo (incluidas las olas de frío) se han vuelto menos frecuentes y menos intensos. Es sumamente improbable que algunos de los recientes episodios de calor extremo observados en la última década se hubieran producido sin la influencia humana en el sistema climático”, destacan los científicos.
Las olas de calor en España
En España, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el verano de 2023 fue el tercero más caluroso desde que hay registros (1961), solo superado por los de 2022 y 2003. Es decir, en los últimos tres años hemos vivido -sufrido- dos de los veranos más cálidos de las últimas décadas. El año pasado se registraron cuatro olas de calor, con un total de 24 días en esa situación. “Las temperaturas máximas diarias quedaron en promedio 1,2 °C por encima del valor normal, mientras que las mínimas se situaron 1,4 °C por encima de la media”, subraya la AEMET. Este 2024, al menos, las olas de calor han comenzado más tarde, ya bien entrado julio.
En definitiva, ¿vivimos un calor como el que no habíamos visto -o sentido, más bien- nunca antes? Pues, a no ser que fueras un mercader en la ciudad de Uruk hace cerca de 6.000 años, la respuesta es sí.
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