
Más allá de la lectura en clave local, las elecciones en Cataluña de este domingo amenazan con impactar de lleno en el panorama político nacional. Muchas son las variables que podrían tener los resultados del 12 de mayo, ya que dos socios imprescindibles para Pedro Sánchez en el Congreso, Junts y ERC, pugnan por el liderazgo del independentismo. A su vez, la mayoría absoluta del bloque soberanista está en riesgo, dando alas a la posibilidad de que el PSC recupere la Generalitat por primera vez desde 2010.
Este eventual cambio de ciclo, en un momento en el que la cuestión territorial no ha sido el principal eje de la conversación política después de los indultos a los líderes del procés y la previsible aprobación definitiva de la ley de amnistía a los encausados por el proceso independentista, abre la incógnita sobre la relación entre el PSOE y los partidos independentistas tras el 12-M, y por ende, sobre la estabilidad de la legislatura del Gobierno de coalición.
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Si cada proceso electoral se mira desde el prisma nacional en menor o mayor medida, las elecciones al Parlament de Cataluña ganan enteros en el intento de trasladar los resultados y consecuencias al Congreso, el principal escenario de la política española. Y más allá de quién gane (previsiblemente será el candidato del PSC, Salvador Illa), la principal incógnita es quién va a gobernar, con qué apoyos y -en función del color del próximo Govern- cómo va a afectar a las alianzas en la Cámara Baja.
Conceder la amnistía para dar la estocada al independentismo
El destino quiso que la tramitación de la ley de amnistía coincidiera con las elecciones en Cataluña. Pero la norma no solo es un triunfo para el independentismo, especialmente para su principal protagonista, Carles Puigdemont. La ley es fruto de una de las jugadas más arriesgadas del presidente del Gobierno. Con el respaldo del líder socialista a esta reivindicación del independentismo, Sánchez adoptó uno de sus cambios de opinión más flagrantes para superar otro capítulo de su extenso manual de resistencia: volver a ser investido presidente del Ejecutivo.
Además de aceptar la medida de gracia para volver a reeditar el Gobierno de coalición, Sánchez buscaba con esta decisión dar la estocada final al independentismo, un movimiento de capa caída en las calles y que se quedó en casa en las dos últimas citas con las urnas: tanto en las municipales del 28 de mayo como en las generales del 23 de julio, el PSC fue la primera fuerza, doblando el brazo a ERC y Junts.
Sin embargo, el efecto Puigdemont -tras postularse de nuevo como candidato- aumenta el riesgo de que la delicada jugada del presidente del Gobierno se le vuelva en contra, es decir, que se vayan al traste las aspiraciones de que el PSC lidere la Generalitat tras las elecciones del 12 de mayo. Para los socialistas, recuperar este importante territorio sería su salvavidas político tras la pérdida de poder territorial sufrida el pasado 28-M.
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El Gobierno reivindica la amnistía
El mejor escenario para el Ejecutivo es que el independentismo no sume e Illa tenga opciones de ser investido president de la Generalitat. Fuentes del Gobierno afirman que si Illa es el ganador y obtiene un “amplio resultado” (por encima de los 40 escaños), supondrá un importante respaldo a su estrategia de “reencuentro” en Cataluña con los indultos y la amnistía. En este sentido, ante la promesa de Carles Puigdemont de regresar para el debate de investidura, tenga opciones de ser investido presidente o no, estas voces señalan que la foto sería “la mejor forma de terminar esta página” del procés catalán.
Fuentes de la parte socialista del Ejecutivo aseguran que no temen a una posible ruptura de las relaciones con los de Puigdemont en el Congreso si el aspirante del PSC intenta reunir apoyos para gobernar en Cataluña. “Si somos primera fuerza y ellos no suman, no pueden reprocharnos nada”, apostillan estas voces. No obstante, al Gobierno no se le escapa la volatilidad de este socio parlamentario a la hora de calcular los efectos del resultado electoral.
Esto lleva al segundo escenario, el más desfavorable para el Gobierno: que Carles Puigdemont vuelva a ser president. Desde el Ejecutivo, temen que su regreso a la Generalitat dé fuerza a Junts para continuar con su estrategia de supeditar su apoyo a los acuerdos en torno a la cuestión territorial, poniendo en peligro la estabilidad de la legislatura al llevar al límite todas las votaciones. La vuelta del expresident amenazaría con inflamar el movimiento independentista, pues el propio político gerundense se ha erigido como baluarte para culminar lo que él empezó en 2017.
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Ante la previsible caída de ERC, el partido que ha estado al frente del Govern desde 2021, el PSOE no está preocupado por un posible cambio de estrategia de los republicanos tras el 12-M. Fuentes socialistas aluden a la fiabilidad de este socio parlamentario, a pesar de que sus relaciones siguen en proyecto de afianzarse tanto en Madrid como en Barcelona. No obstante, si los republicanos pasan a ser la tercera fuerza, su papel decantaría la balanza hacia un Govern independentista o de izquierdas.
Consciente de esta posibilidad, Illa abrió la puerta esta semana a un tripartito con ERC y los comunes: “Es una fórmula posible”, subrayó el aspirante a ganar las elecciones catalanas del próximo domingo. Asimismo, el actual president de la Generalitat y candidato a la reedición, el republicano Pere Aragonès, no se mojó entre pactar con el líder del PSC o el de Junts, aunque supeditó cualquier acuerdo de investidura a las “propuestas que haya sobre la mesa”. Para ERC, sus tres líneas rojas son: “Avanzar en la negociación del conflicto político para establecer las bases de un referéndum, la financiación singular y un refuerzo del Estado del Bienestar”.
Otro escenario es el bloqueo y la repetición electoral, una opción que sobrevuela la convocatoria electoral. Sobre esto, los de Pedro Sánchez no creen que alteraría “demasiado” el tablero político. Pero, a buen seguro, volvería a ralentizar la actividad parlamentaria, que ya se ha visto perjudicada con las sucesivas citas electorales. Y es que el adelanto electoral en Cataluña ya motivó la decisión del Gobierno de prorrogar las cuentas de este año para evitar ser rehén de una nueva disputa entre ERC y Junts por capitalizar el voto independentista. Por tanto, una repetición electoral supondría un nuevo golpe a los planes del Ejecutivo.
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