
El Ministerio de Defensa podrá retrasar -incluso más- la decisión final sobre la compra o no del F-35, el caza estadounidense que la Armada señala como la única alternativa posible para continuar contando con un avión de combate abordo del buque Juan Carlos I. Paradójicamente, el alivio para el departamento que dirige Margarita Robles, al que no le hace mucha gracia la adquisición de esta aeronave, ha llegado justamente desde Estados Unidos, después de que Washington haya dado su visto bueno a prolongar, hasta finales de esta década, la vida de los Harrier, los cazas que actualmente despegan desde el portaeronaves español.
En este sentido, el Departamento de Defensa estadounidense ha adjudicado un contrato a Boeing, valorado en casi 14 millones de dólares, para el mantenimiento y soporte continuo hasta 2028 de los Harrier de la US Navy, la Marina Militare italiana y la Armada española, las últimas tres fuerzas navales que todavía utilizan este modelo de avión. Los trabajos de sostenimiento, detallan desde Washington, se extenderán hasta que se concrete la sustitución de estas aeronaves por los F-35, procesos ya iniciados en Estados Unidos e Italia.
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Además, también se ha sellado un segundo contrato, por 12,6 millones de dólares y con la firma Technology Security Associates, para la actualización del sistema de armamento de los Harrier, tareas que se alargarán hasta 2029. Los trabajos contratados se llevarán a cabo en territorio estadounidense, por lo que las aeronaves de la Armada tendrán que viajar hasta aquel país para ser sometidos a los mismos.

El F-35 se hace desear
En 2022, Defensa parecía haber despejado las dudas respecto al F-35 que hizo disparar los rumores de una compra inminente. Aquel año optó por dividir en dos programas distintos la renovación, a final de ésta década, de la flota de 60 cazas F-18 que el Ejército del Aire dispone en la península: por un lado, el denominado proyecto Halcón II, por 25 Eurofighter, valorado en 4.500 millones de euros; y un segundo -por un modelo de avión distinto- en el que se incluye también al sustituto de los Harrier, con un presupuesto de 6.250 millones. Sin embargo, desde entonces, el hermetismo desde la cartera de Robles ha sido total y este segundo programa carece aún de financiación.
Para el Gobierno español adquirir el caza estadounidense se opone directamente a su visión geopolítica en materia militar, cuyo uno de sus pilares fundamentales es invertir en armamento desarrollado por la industria sino española al menos europea. A pesar del resquemor de Moncloa, esta avión de combate ha sido comprado por numerosos países europeos, algunos de los cuales despliegan desde hace tiempo la aeronave y otros han firmado recientemente el contrato de compra. Así, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Italia, Noruega, Países Bajos, Polonia, Reino Unido, Rumanía y Grecia ya son clientes del avión fabricado por Lockheed Martin.
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En caso de que comprar el F-35 fuera inevitable, como sostiene la Armada, la opción que baraja el Ministerio de Defensa es lograr que alguno de sus componentes pudieran fabricarse localmente para que parte de la inversión tuviera su impacto directo en la economía española. “Esto es tremendamente complicado”, asegura a Infobae España el analista y consultor en temas de defensa Carlos Delgado. “El volumen de compra que prevé España no es suficientemente atractivo para la industria estadounidense para fomentar algún tipo de producción en España”, afirma. La flota que la fuerza naval española pretende reemplazar, por ejemplo, se compone de tan sólo 11 aviones.

Lo cierto es que los Harrier no podrán seguir volando más allá de 2030, no sólo por la avanzada edad de los aparatos -incorporados en los años ‘80- sino porque para entonces España será el único país que todavía utilice estos aviones, lo que volverá prácticamente imposible conseguir repuestos y actualizar las unidades a partir de ese momento. A día de hoy, el F-35 es el único capaz de despegar y aterrizar verticalmente -al igual que lo hacen los Harrier, característica sine qua non para cualquier caza que pretenda desplegarse desde el buque Juan Carlos I.
“Si no se sustituye el Harrier, la Armada perderá la capacidad de tener un avión de ala fija embarcado y recuperar una capacidad perdida es infinitamente más caro que comprar el F-35″, sostiene Delgado. “Estamos hablando de la formación de pilotos, la adquisición de aeronaves, mecánicos, instalaciones, logística, transporte, etc.”, enumera. La Armada es consciente de lo que está en juego, los últimos años hizo lo imposible para no perder la capacidad submarina mientras aguardaba la llegada del S-80, y seguirá defendiendo la necesidad de adquirir el caza estadounidense.
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