
Mikel Izal ha regresado este fin de semana a Madrid, y lo ha hecho por la puerta grande. Llegaba el sábado al Teatro Circo Price con ese brillo en la mirada de quien se estrena en un escenario de esas características y es que, de hecho, se puede decir que era una primera vez para él. Pese a su amplia experiencia, era el primer cara a cara del vasco con el público madrileño en esta nueva etapa de su carrera que destaca por dos hechos: su nuevo álbum, El miedo y el paraíso, y la ausencia de quienes hasta octubre de 2022 eran sus escuderos, es decir, los músicos Alejandro Jordá, Emanuel Pérez, Alberto Pérez e Iván Mella, con los que formaba el grupo Izal.
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Con una sonrisa en los labios y sin articular palabra, Mikel comenzó interpretando El miedo bajo unas luces intimistas que ya anunciaban que la iluminación iba a tener una gran presencia durante todo el concierto. De hecho, así quedó claro con La gula, tema en el que los focos se movieron al compás del ritmo, integrando al público y haciéndolo partícipe de una experiencia que buscaba ir más allá de lo musical.

Terminada la canción llegaron las primeras palabras de Mikel Izal, que desde ese punto hizo las veces de narrador para guiar y acompañar al público en un show que duró dos horas. “Este es un viaje que empieza en un lugar incómodo, en el miedo”, comenzó diciendo, añadiendo que su intención era contar “lo que ha supuesto para mí este álbum, esperando que a alguien más le sirva de algo”. Para él, “el miedo es algo que no puedo controlar”, al que ha dado vida con “lugares que no existen y me monto en mi cabeza” y que quiere dejar atrás.
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Llegó entonces el momento de ponerse en pie -con su permiso- y vibrar con la conocidísima Pánico práctico, coreada por las más de 4.000 gargantas que demostraron que tenían muchas ganas de reencontrarse con Mikel Izal y su música. Siguió con La despedida e Inercia, y es que, como avanzó, su intención en esta gira es combinar su nuevo álbum con aquellas canciones “que me han hecho muy feliz estos años”. Eso sí, están ligeramente diferentes, “están cambiadas porque yo también en cambiado y es un ejercicio de coherencia y respeto”, añadió, haciendo una referencia velada a la etapa de Izal y a sus excompañeros, a los que no mencionó expresamente en ningún momento de la noche.
Un concierto como terapia
Aquellos que estuvieron presentes en este concierto no solo vieron brillar a Mikel Izal, también asistieron a una especie de terapia por parte del músico, que entre canción y canción fue narrando de una forma sincera y cruda los altibajos por los que ha pasado en los últimos meses y cómo recuperó las ganas de seguir.
“Este álbum me regaló muchas cosas, entre ello sacar muchas cosas que tenía dentro. Lo escribí a comienzos de 2021, estaba bastante en la mierda, pero quizás no se me notaba. Me fui de Madrid a una casita en frente del mar y me puse a escribir canciones, aunque no sabía para qué las estaba escribiendo, solo quería pensar en otra cosa. La conclusión a la que llegué es que hay que sacarlo fuera. Si tienes algo dentro que te está amargando no te lo calles, cuéntaselo a los colegas, a tu familia o a un terapeuta. Hacedme el favor de gritarlo bien fuerte”, pidió al público, dando comienzo a la segunda parte del espectáculo.

Fue entonces cuando quedó claro que esta gira está perfectamente estudiada y cuidada al detalle. Los conciertos están divididos en cuatro actos, cada uno de ellos tiene su propio nombre -El miedo, El grito, La fe y El Paraíso-, su iluminación y, además, una figura geométrica que acompaña a los temas desde la pantalla del fondo del escenario. Una forma sutil de guiar al espectador en una transición emocional que bien podría compararse a las fases de un duelo.
Tras El grito llegaron Fotografías, El presente, Pausa y La huida, acompañadas por un fondo azul y un rombo del mismo color que daban un aura melancólica al ambiente. Mikel continuó con La rabia y El pozo, en una versión más dance, para después seguir sincerándose con su público. “Este disco me regaló un nuevo horizonte, estaba desilusionado en general, con cosas tristes de la vida...”, confesó, haciendo que el Price se quedara en silencio. “Me planteé si esto de la música era para un tío de Vitoria que solo aspiraba a vivir tranquilo, si merecía la pena. Y de repente escribí estas canciones y me volví a ilusionar”, dijo, ya para alegría de los presentes.
“Moraleja: la vida es como Juego de tronos, no sabes qué pasará en el siguiente capítulo... ¡No perdáis nunca la esperanza, porque la ilusión está a la vuelta de la esquina!”, sentenció para dar la bienvenida al capítulo 3, La fe.

El color verde inundó entonces el escenario y Mikel y su nueva banda volvieron a transformar el ambiente. Sonaron, entre otras, Meiuqèr y La verdad y el vasco siguió hablando, afirmando que la noche estaba siendo “una pasada”, especialmente porque llegó a tener dudas de si su público “seguiría ahí” tras el fin de Izal. “Izal fue un proyecto gigante y todo lo que sea empezar tras eso es complicado. Gracias por estar ahí. Es un enorme placer”, afirmó emocionado.
Se lanzó entonces con La fe y El hombre del futuro, y aunque ya llevaba muchos minutos seguidos sin parar, no rebajó la intensidad en ningún momento, haciendo sonar Lo bueno, Pequeña gran revolución y El baile. Pero el final estaba cerca y llegó el momento de El Paraíso, la cuarta etapa, esa en la que “hay que ser consciente de cuando estamos bien. Aunque estemos en la mierda, la vida te da conciertos, una serie, canciones... Yo soy horrible para fijarme, pero lo estoy intentando. Esas cosas pequeñas, la familia, los amigos... Eso es el paraíso”, sentenció Mikel Izal.

Y fue entonces cuando el ánimo general se elevó de la mano de una iluminación protagonizada por un rectángulo anaranjado, del color del amanecer, que trajo consigo Qué bien, Copacabana, El paraíso o La mujer de verde. Sin duda, la mejor despedida para una nueva etapa en la que Mikel Izal promete seguir brillando de la mano de su nueva banda, compuesta por Marta Bautista (bajo), Ben Wirjo (batería), Irene Novoa (teclado) y Toni Carrillo (guitarra).
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